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Halftime: el documental de Netflix que muestra que es momento de tomar en serio a Jennifer López

La artista neoyorquina estrenó un documental en el que reivindica su valor en la industria después de los 50 años

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22 de junio de 2022 a las 05:00

Jennifer López es un símbolo: la representación del sueño americano. La hija de una pareja de inmigrantes que llegó a los Estados Unidos desde Puerto Rico para construir la vida que les habían prometido que se convirtió en una artista de fama internacional.

Para miles de niñas y niños que crecieron cantando sus canciones y tratando de copiar sus movimientos del otro lado del televisor –antes de que existieran las redes sociales y las pantallas planas– fue una inspiración, cuando la esperanza de un nuevo milenio estaba apenas un poco más allá. Parte de aquella generación de latinos en la música urbana que sonaba alrededor del mundo.

López rompió barreras culturales durante más de 30 años. Pero ser mujer y latina en la industria del entretenimiento de Hollywood, más allá de los evidentes privilegios que otorgaba, no fue fácil. Y ahora lo cuenta. “Toda mi vida luché y luché para que me escuchen, para que me vean, para que me tomen en serio. Ahora tengo esta oportunidad increíble de mostrarle al mundo quién soy y cómo represento todas las cosas que me importan. El mundo está escuchando. ¿Qué voy a decir?”, se escucha la voz de la artista al comienzo del documental que muestra algunos aspectos de su carrera y se puede ver en Netflix, Halftime.

El relato meritocrático y heroico que se construye alrededor de la artista, esta vez, resulta al menos honesto. Es una estrella cansada. Harta de ser infravalorada, subestimada y burlada durante toda su carrera. Considerada más de una vez como una artista de segunda.

Y te puede gustar o no su música o sus movimientos, incluso su forma de meterse en los personajes en la pantalla de cine, pero es incuestionable que Jennifer López logró convertirse en una artista internacional y, a pesar de las incesantes críticas de su entorno, se las arregló para que la industria del entretenimiento no la devorara y la escupiera de vuelta cuando ya no le servía.

En una industria en la que el reloj tiende a retroceder después de los treinta, la cuenta regresiva se acelera con cada signo de la edad. Hasta que ya no te queda más tiempo y te tenés que ir para tu casa. Jennifer López desafía el reloj a los 50 años: “Realmente siento que mi vida recién está comenzando”, dice después de apagar las velas de una torta de cumpleaños en el ómnibus de la gira que la llevó por salas agotadas en 25 ciudades.

Halftime es el “medio tiempo” del Super Bowl, el evento deportivo y de entretenimiento más grande de Norteamérica que encabezó junto a Shakira en 2020. A su vez es una referencia a una mujer que se encuentra en el medio de su vida y de alguna forma hace un balance que le permite mirar hacia el pasado y proyectarse al futuro. Pero es también el medio camino, la historia de alguien que parece que se va a quedar con todo, pero no.

Jenny from the block

Jennifer López nació el 24 de julio de 1969 en el Bronx de Nueva York, en el centro de una familia puertorriqueña en la que siempre le dijeron que no era la mejor cantante ni la más inteligente de las tres hermanas, sino la atleta o la bailarina. “Así que no era inteligente ni podía cantar”, recuerda la artista en el documental. Pero en la casa de Lupe Rodríguez y David López se veían musicales y es allí donde identifica su admiración por Rita Moreno y West side story como el comienzo de todo.

A los 18 años discute con su madre y se va de la casa para dedicarse a la danza. “Fui una gitana desde el minuto que dejé la casa de mi madre”. Durante años aceptó cualquier trabajo que se le presentaba mientras intentaba encontrar a un representante que le creyera que también podía actuar y un papel que ofrecieran a una mujer de color.

En 1997 llegó el punto de quiebre en su carrera, y casualmente fue cuando interpretó a Selena en su película biográfica. La cantante tejana, asesinada a los 23 años, icono de la música latina fue el rol que la hizo encontrar la fama como icono para la comunidad latina de los Estados Unidos.

Pero nada era suficiente. Sin importar lo que lograra, su vida personal opacó sistemáticamente su logros profesionales. Como mujer y como latina enfrentó en cada espacio que se abría nuevas formas de violencia: por quiénes y cuántas eran sus parejas, por un cuerpo que no se adaptaba a los estándares de Hollywood de ese momento, por su color de piel o su origen. "Es duro cuando las personas piensan que sos un chiste, un remate", dice la cantante.

En una brevísima aparición en cámara, Ben Affleck recuerda haberle preguntado cómo soportaba todo lo que decían sobre ella. “Me lo esperaba por ser mujer y latina, tú no te lo esperabas porque eres hombre y esperas que se te trate bien”, le respondió. La directora del documental, Amanda Micheli, decide dejar por fuera esta vez el espacio más íntimo de la artista. Apenas muestra algunas pinceladas de su maternidad y sus relaciones.

Después de décadas de películas románticas y álbumes de música que la pusieron en las listas de éxitos, en 2019 protagonizó y produjo Estafadoras de Wall Street, que rápidamente sorprendió a la crítica y la puso en la lista de las posibles aspirantes a un Oscar por primera vez en su carrera.

El documental recorre los seis meses entre su 50 cumpleaños y la noche del Super Bowl. Son 180 días en los que vemos a J-Lo mientras graba Marry Me, hace canciones nuevas en el estudio y videos de música, entrena, llama los hijos, va al médico porque “aunque esté enferma no lo vas a notar”, sube a un avión, prepara el show, ensaya cada detalle con pericia y vuelve a volar de costa a costa para participar de la temporada de premiación de Hollywood. En el Halftime de su vida parece que todo lo que alguna vez soñó podría llegar al mismo tiempo.

Let's get loud

El documental es de alguna forma un pase al backstage de uno de los eventos más grandes del mundo del espectáculo. No solo es una muestra del meticuloso trabajo que exige organizar un evento de tal magnitud, sino que no vacila en mostrar las limitaciones que la NFL planteó durante el desarrollo del show. Comenzando por la elección de las artistas.

Se remonta a 2016 cuando Colin Kaepernick, ex San Francisco 49ers, decidió arrodillarse durante el himno nacional para protestar contra el racismo sistémico de Norteamérica. Una actitud que lo enfrentó directamente al presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, y la organización deportiva y por lo que desde 2017 no volvió a ser contratado.

El manager de J-Lo, Benny Medina, considera en una entrevista en el documental que había una "preocupación racial" sobre lo que sucedería en el show del evento más grande de la NFL en adelante. En 2019 anunciaron que Jennifer López encabezaría el espectáculo, pero no estaría sola sino que lo haría junto a Shakira. "Fue un insulto decir que necesitabas dos latinas para hacer el trabajo que históricamente ha hecho un artista", dijo Medina.

Halftime permite ver algunos momentos de colaboración de dos artistas con un mensaje: "Esta chica del Bronx y esta chica de Barranquilla de alguna manera llegan a este escenario. Y estamos aquí para representar nuestra cultura, nuestra música y a las mujeres de todo el mundo", dice López a un representante de la organización. Para eso, dividieron apenas 14 minutos sobre el escenario del Hard Rock Stadium de Miami en la edición 54 del Super Bowl, en los que interpretaron éxitos como Jenny from the BlockHips Don’t LieWaiting For Tonight y Whenever, Wherever; con la participación de J Balvin y Bad Bunny (que en el documental no se ven ni de lejos).

Al mismo tiempo, la política anti-inmigratoria de Donald Trump encendía las alarmas de las organizaciones de derechos humanos alrededor del mundo. "No me gusta la política, no soy esa persona, pero estaba viviendo en un Estados Unidos que no reconocía. Tenía miedo por el futuro de los niños –dice la artista de raíces boricuas en el documental– ¿Cuál es mi mensaje? Me di cuenta de que tengo la responsabilidad de decir algo. De no dejar la política para los demás".

Halftime entonces se transforma también en un viaje por el proceso creativo de Jennifer López mientras decide qué tiene para decir desde una perspectiva social y política. "Cuando América está en su mejor momento todos quieren vivir en América", dice la cantante después de reconocer que Shakira no estaba del todo convencida de llamar a Bruce Springsteen para cantar Born in the USA, primero que nada porque ella misma no nació en los Estados Unidos.

"Estos hijos de puta actúan como si todos los inmigrantes que tratan de entrar ilegalmente al país son criminales. Esa es la narrativa que Trump ha tratado de construir y es una porquería. Algunos estamos aquí hace años. Muchos de ellos son buenas personas que buscan el sueño americano. Eso es todo lo que quieren", dice la cantante que decide poner pequeñas jaulas de las que salieron niños en referencia a los centros de detención que se habían instalado en la frontera con México. Incluida su propia hija, Emme, que cantó junto a ella en el escenario. Y otra vez tuvo que levantar el teléfono para enfrentarse a la organización.

Durante una hora y media no solo se muestran los triunfos sino también la derrotas mientras ella baila, gira, vuela por el aire y aterriza de una forma que parece natural. Pero, sobre todo, muestra cómo vuelve a levantarse después de caer incontables veces. La narrativa permite acercarse al lado más humano de la actriz, la parte más vulnerable. Lo que pasa después de que abren el sobre y el nombre de la ganadora del Golden Globe no es el suyo, ni el que anuncian en la lista de las nominadas al Oscar, y el discurso de agradecimiento no lo escucha nadie.

Durante mucho tiempo fue categorizada: la cantante sensual, la actriz de comedias románticas pero sin contenido, la empresaria, la "esposa de", la bailarina. Pero es momento de tomarla en serio en conjunto. "No puedes anular las diferentes partes de lo que eres, todas pueden coexistir, ser auténticas y reales", dice la artista que después de décadas de trabajo logró perfeccionar cada aspecto de ella misma, que es también su marca.

“Solo necesito mi momento J-Lo”, dice su directora musical mientras trata de armar el rompecabezas de éxitos para seis minutos de show.

"¿Cuál? –pregunta López– Está la J-Lo hip-hop, la J-Lo funk, la J-Lo latina… y la J-Lo mamá. La J-Lo 'dispárame pero no puedo caer'. La J-Lo 'tratas de descartarme, pero no voy a ir a ningún maldito lugar'". Así, como si se tratara de Barbies increíbles logró diseccionar su propio potencial.

López se retrata como una mujer que no tuvo todo dado y debió tomar los asuntos en sus propias manos. Es por eso que, treinta años después, es ella misma quien vuelve a reivindicar su valor en la industria.

“Es una bailarina que se convirtió en actriz, que se convirtió en cantante y que se convirtió en un ícono mundial”, dice la productora socia de López, Elaine Goldsmith-Thomas. “Es una mujer de color que tuvo la audacia de perseguir sus sueños”.

En Halftime Jennifer López toma el control de su carrera una vez más y le echa en cara a sus críticos que deberían haberla tomado en serio mucho tiempo antes. Pero, ya lo advirtió, este es solo el comienzo: "Seguiré trabajando y no tendré miedo de usar mi voz de la mejor forma en que puedo".

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