Iguales pero diferentes
Uruguayos y argentinos comparten un mismo interés por normalizar las relaciones bilaterales. Pero cada uno defiende su base y las diferencias subsisten
"Que ninguna tasa o derecho se imponga sobre artículos exportados de una provincia a otra; ni que ninguna preferencia se dé por cualquiera regulación de comercio o renta, a los puertos de una provincia sobre los de otra; ni los barcos destinados de esta provincia a otra serán obligados a entrar, a anclar o pagar derecho en otra”, reza el artículo XIV de las Instrucciones de 1813, cuando a Uruguay y Argentina les faltaban todavía algunos años para constituirse como tales pero cuando ya se evidenciaba la necesidad de acuerdos y las diferencias entre ambas naciones.
La realidad de hace 200 años parece no haber cambiado mucho y así lo consignó ayer Alfonso Varela, directivo de la Cámara Nacional de Comercios y Servicios en un evento en el que participaron políticos argentinos y empresarios uruguayos y que tenía como fin evaluar el modo de recomponer las relaciones bilaterales.
A sala llena los expositores argentinos –la senadora del PRO Gabriela Michetti y el exjefe de gabinete de Néstor y Cristina Kirchner Alberto Fernández– evaluaron la situación actual y coincidieron con los empresarios locales en la urgencia del diálogo. Pero desde el lado uruguayo surgieron varios cuestionamientos que dejaron en evidencia que una misma realidad es percibida de distintas maneras según desde qué orilla del Río de la Plata se esté observando.
Por ejemplo, los argentinos insistieron en la lógica del hermano menor y el hermano mayor y Fernández precisó que en la escuela de su país se enseña que Uruguay nació como un país tapón para evitar que ellos y los brasileños “se mataran”.
“No somos el hermano menor o la provincia pobre. Somos estados soberanos vecinos con una historia común pero que requiere igualdad de condiciones”, recriminó desde la audiencia Luis Hierro López, delegado uruguayo en la Comisión Administradora del Río Uruguay (CARU). “Es importante ver si Argentina y Uruguay entienden esto, porque no se puede hablar de hermano menor ni de provincia pobre. No somos eso ni queremos serlo”, remató.
Del lado uruguayo las recriminaciones hacia ese vecino soberano son varias. El proteccionismo comercial que supera las barreras jurídicas e implica la caída de las exportaciones hacia Argentina, la falta de permisos para reformar el puerto de Nueva Palmira, la falta de autorización para dragar el Canal Martín García, las devaluaciones…
La percepción general de los empresarios uruguayos es conocida: que Uruguay ha sido complaciente con un vecino –ya no un hermano mayor– que no lo ha tratado como se merecía. El problema es que Argentina parece no tener clara esta alegada necesidad de ser atento con el que está río por medio.
“Ustedes tienen una visión de gobierno complaciente que nosotros no tenemos. Es más, si fuera tan complaciente no tendríamos todas estas disputas”, alegó Fernández. Y llegó justo al cerno de la cuestión, a la susceptibilidad de ese llamado Estado tapón que se resiste a serlo: “Si US$ 500 no llegan al mundo no nos preocupa, pero en cambio si US$ 500 no llegan a Uruguay se genera un problema. Ustedes lo sienten de un modo más fuerte, pero nosotros no tenemos esa percepción”, comentó.
Al otro lado del río
Lo que quedó de manifiesto en un evento halagado tanto por uruguayos como por argentinos, por ser un momento de encuentro que tal vez en otra época no hubiera sido posible, es que las diferencias son notables. Porque los argentinos insisten en olvidarse del pasado y mirar hacia un futuro de entendimiento promisorio (Michetti fue la más insistente en este punto), y los uruguayos ven escollos en el presente.
El diputado Jaime Trobo fue otro de los participantes que denunció que las medidas argentinas “tienen efecto en la gente y generan cierta reacción de rechazar al otro”, pero los porteños tampoco consideraron eso como un reproche. Ni coincidieron en el reclamo de Trobo de destrabar la posibilidad de firmar un Tratado de Libre Comercio con Europa, sino que insistieron en la viabilidad del diálogo con el viejo continente, el que recién ahora comenzó a avanzar al paso de Brasil y no precisamente de Argentina.
Fernández estimó: “Siento que Uruguay piensa así: ‘Acá en el Mercosur me maltratan, déjenme tener una alternativa y firmar con otro bloque’. Pero tenemos que dejar de maltratarnos y en conjunto ir resolviendo los problemas. ¿Pero Uruguay se ha puesto a pensar en las consecuencias que eso tendría? Desaparecería”.
Ayer incluso se percibió cierta ingenuidad desde el lado argentino cuando el exjefe de gabinete aventuró qué sucederá cuando los dos vecinos cambien a sus respectivos jefes de gobierno en 2015. “Las relaciones serán como las de Argentina cuando asumió el papa Francisco. En ese momento desaparecieron todos los problemas que había con Bergoglio”, comentó Fernández.
Los expositores de ambos países coincidieron en que de cara al futuro será necesario dotar de mayor peso a los cancilleres.
Tanto el argentino Héctor Timerman como el uruguayo Luis Almagro fueron considerados con poca “jerarquía funcional y política” por parte de Varela, a quien los demás ponentes apoyaron cuando aseguró que “hay un abismo entre Carlos Saaverda Lamas y Timerman, lo mismo que entre Enrique Iglesias y Almagro”. Algo similar planteó respecto a los embajadores.
Otro punto en el que hubo amplias coincidencias fue en que el Mercosur tal como está planteado no existe y que vale la pena trabajar para que funcione.
El asunto será crecer en institucionalidad –otra de las palabras reiteradas entre los representantes de un lado y otro del Plata– y en el apego a la norma para comenzar a dejar de lado los comportamientos no regulados y las excepciones. Para esto “habrá que romper muchas lógicas del presente” (Fernández dixit) por medio del diálogo sincero y serio, otro desafío difícil de encarar cuando los puentes no están del todo abiertos, explicó.
Los deseos de unos y otros parecen ser genuinos. Los uruguayos, eso sí es seguro, están cansados de las declaraciones y exigieron que se transformen en hechos.
“Parecería que los gobiernos no están dispuestos a respetar las realidades jurídicas y sociales. Del lado argentino hay un proteccionismo y un desequilibrio comerciales que afectan a mucha gente y benefician a unos pocos”
Alfonso Varela, del directorio de la Cámara Nacional de Comercio y Servicios del Uruguay
“Tenemos que lograr más diálogo en serio entre los gobernantes, no entre el pueblo. Sería bueno tener mayores protocolos de entendimiento, incluso fuera del Mercosur, exclusivamente entre Argentina y Uruguay”
Carlos Perera, presidente de la Cámara Nacional de Comercio y Servicios del Uruguay
“No nos es grato que los uruguayos piensen que somos unos seres perversos que estamos aquí para arruinarles la vida. Y además es injusto porque no es lo que queremos”
Alberto Fernández, ex jefe de gabinete de Néstor Kirchner, actualmente en el Frente Renovador
“Las relaciones no pueden seguir como están”
Gabriela Michetti, senadora por el PRO, ex vicejefa de gobierno de Buenos Aires