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Bruselas continuó ayer por tercer día consecutivo en alerta terrorista máxima luego de importantes operaciones policiales que no permitieron detener a un sospechoso clave de los atentados de París. Mientras tanto, los habitantes de la capital belga –y también de las instituciones de la Unión Europea y sede de la OTAN–, vivían al ritmo de las sirenas un día poco común bajo la amenaza terrorista.

Las unidades especiales de la Policía belga efectuaron ayer siete registros en viviendas de la región de Bruselas y en Lieja, en el este de Bélgica, en los que se ha detenido a cinco personas, informó la Fiscalía federal.

En total desde el domingo se ha detenido a 21 sospechosos, que actualmente son interrogados por los servicios policiales, agregó la Fiscalía en un comunicado, en el que desmintió además que el principal sospechoso fugado de los atentados de París, Salah Abdeslam, se encontrara en un BMW que emprendió anoche la fuga. El sospechoso clave aún sigue sin aparecer.

La típica imagen de la Grand-Place, plaza central del casco histórico de Bruselas, se vio ayer, como durante el fin de semana, radicalmente cambiada.

Un blindado de las Fuerzas Armadas fue estacionado delante del ayuntamiento de estilo gótico mientras que en los alrededores soldados con uniforme camuflado y armas automáticas, patrullan las calles comerciales.

Las autoridades decidieron el viernes por la noche elevar al máximo nivel la alerta por amenaza de atentado y lanzaron llamados de prudencia a la población.

A esta decisión, inédita en décadas, se sumó ayer el cierre excepcional de las escuelas "hasta nueva orden".

Sin embargo, en el centro histórico de la capital belga, no toda la actividad se detuvo. Las camionetas hacían sus entregas a los comercios y los obreros instalaban las pequeñas cabañas de madera en los alrededores de la Bolsa y de la Grand-Place para el tradicional mercado de Navidad, que debe abrir el viernes.

Algunos cafés estaban abiertos, pero con pocos clientes.

En una escuela primaria de Haren, un barrio alejado del centro de la ciudad, no se escuchó ningún grito de niños cuando sonó la campana a la hora del recreo.

Tatiana, una joven madre, verifica si el acceso al patio es imposible, y luego continúa hasta la guardería vecina en donde un breve anuncio confirma el carácter inédito de ayer, al día siguiente de una importante operación policial en varios barrios de Bruselas.

"Por decisión del gobierno, la guardería estará cerrada este lunes", indica un cartel pegado en la puerta.

El tránsito vehicular era menos denso que de costumbre a la hora de pico en el centro de la ciudad, a pesar de los 366 km de embotellamientos acumulados en el conjunto de la red vial belga.

La capital belga, de 1,2 millones de habitantes, recibe a diario a unas 320 mil personas que acuden del resto del país para trabajar.

En las estaciones de ómnibus, cuya frecuencia fue reforzada para contrarrestar la falta del servicio de metro, los habitantes de Bruselas se arman de paciencia. Los tranvías funcionan y los trenes circulan normalmente.

"Tomamos las medidas necesarias para garantizar la seguridad de la gente. Pero la vida debe seguir en Bruselas. Por ejemplo el sector público permanece abierto. Los funcionarios vendrán a trabajar esta mañana", explicó el ministro de Interior, Jan Jambon, en declaración a una radio. Pero la mayoría de las infraestructuras culturales y deportivas permanecen cerradas.
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