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La cara oculta en Uruguay de Grindr, la app de citas para hombres gay

¿Es realmente Grindr un “espacio seguro”? Tres experiencias en Uruguay que ayudan a responder esa pregunta

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25 de septiembre de 2020 a las 12:21

Por Anouk Rielo Castells – Especial para Cromo

Desde su nacimiento en 2009, Grindr se ha colocado a la cabeza en el sector de aplicaciones de citas con más de 27 millones de usuarios (mayoritariamente hombres) en cerca de 200 países. En la página oficial de la red social se describe como una aplicación destinada a personas “homosexuales, bisexuales, trans y queer”, y afirma ser un “espacio seguro donde puedes descubrir, navegar y estar cerca del mundo queer que te rodea”. Pero, ¿es realmente Grindr un “espacio seguro”?

Para responder a esta pregunta El Observador habló con tres usuarios habituales de la aplicación en Uruguay, a los que nos referiremos bajo los siguientes seudónimos: Kásper, Johan y Diego G. Además, se une a la conversación el psicólogo Diego Gervasini Dini, docente de la Facultad de Psicología, especializado en temas asociados a masculinidades y diversidad sexual.

“El gay perfecto”

“No me van gordos, afeminados, mayores de 40, merca, ni religión. Sobre gustos no hay nada escrito, verdad?”.

Esta es la biografía real de un perfil de Grindr en Uruguay activo el día en el que se está escribiendo este reportaje. ¿Existe una tendencia a camuflar cuestiones como el racismo, la transfobia, la misoginia o la gordofobia, bajo el aparente justificante de “gusto personal”? ¿El hecho de que tu “atracción” se haya configurado así de forma inconsciente e involuntaria exime de la responsabilidad de tomar conciencia de ello y de trabajar para deconstruirlo?

Para Gervasini lo que se da es una tensión en la que juegan los gustos personales con los rechazos sociales, y es muy complejo saber hasta qué punto está operando uno u otro: “En algún punto lo que te excita a vos está armado culturalmente”. En este sentido, considera que estos estereotipos y estas formas de relacionarse generan la “cultura de lo que vos tenés que ser, empezás a hacer todo para aproximarte a eso o te defraudás porque no vas a llegar nunca a ello; lo que a su vez genera frustración, depresión, sentimiento de culpa, de inferioridad…”.

En el caso de Kásper, el no encajar en el estereotipo uruguayo le empuja a una situación en la que tiene que “trabajar” en la aplicación para poder tener experiencias positivas: “No soy blanco, no soy tan macho, y eso me supone un sobreesfuerzo para conocer a gente en la aplicación”, afirma. Cuenta, por ejemplo, que en ocasiones ha intentado ponerse fotos en el perfil de Grindr que encajasen lo máximo posible en los estereotipos de la población uruguaya, y asegura que cuando no pone ninguna foto recibe más mensajes, aunque no sabe si esto se debe al “morbo” del anonimato o si tiene que ver con un prejuicio racista.

Johan también se considera una persona “que no entra en el estereotipo ni en el estándar del mundo homosexual”. “Soy una persona muy femenina, tengo el cabello largo, tengo una actitud femenina. Grindr es una plataforma donde se juega mucho con el estereotipo”, cuenta. Afirma que en numerosas ocasiones le bloquean en el mismo momento en el que manda una foto de su cara y se dan cuenta de que no es uruguayo o que no es varonil. Para Johan en el mundo homosexual, y consecuentemente en Grindr, se discrimina a todo aquel que no cumpla con el estándar del “gay perfecto”: a personas “afeminadas”, “gordas”, “racializadas”, “trans”, “no binarias”… “Si yo fuese otro tipo de persona, si no tuviese el carácter que tengo, Grindr sería una red social que deterioraría totalmente mi autoestima”, declara.

“La pasiva”

Edad, altura, peso, complexión física, rol, origen étnico, situación amorosa y tribu. Esas son las primeras configuraciones que puedes detallar en un perfil de Grindr. Para Gervasini, a pesar de que la posibilidad de marcar tu rol sexual (“pasivo” o “activo”) pueda servir para dejarlo claro desde un principio, esta opción no es sólo una forma de encasillar la aplicación en una finalidad sexual, sino que además contempla la sexualidad en base a una narrativa muy heteronormada de las relaciones homosexuales. ¿Qué quiere decir esto?

Explica Gervasini que la heteronorma opera de forma que el activo se concibe como el lugar del “macho”, mientras que el rol pasivo sigue siendo visto como un “rol feminizado” que se identifica simbólicamente como una posición de sumisión: “Siempre está esa categoría de que el activo es superior al pasivo, se genera esa jerarquía”. Johan, por su parte, coincide con que el rol del “pasivo” se asocia a lo femenino. “Se entiende que la mujer es la que está recibiendo, la mujer no tiene el control, la mujer está en un segundo plano”, afirma.

En este sentido, la concepción de los vínculos homosexuales bajo los parámetros heterosexuales, y la consecuente identificación del rol pasivo con lo femenino, trae consigo una denigración del pasivo en tanto que “vinculan la feminidad a algo malo, pues el machismo hace parte del hombre, ya sea homosexual, heterosexual, bisexual, o la orientación que sea”, afirma Johan. Tanto es así, que en numerosos perfiles de Grindr se hace referencia a los hombres que cumplen el rol pasivo como “pasivas” de una forma despectiva. Cuenta Gervasini que el concepto es reapropiado muchas veces por las propias personas que cumplen este rol para resignificarlo y empoderarse.

“Es revelador que la elaboración del parentesco mediante la resignificación de aquellos términos que precisamente dan lugar a nuestra exclusión y abyección cree un espacio social y discursivo para la comunidad, una apropiación de los términos dominantes que los dirige hacia un futuro lleno de nuevas posibilidades” - Judith Butler en Críticamente subversiva

Por otra parte, Gervasini considera además que la dicotomía de “pasivo” y “activo” es una idea muy coitocentrista de lo que es una relación sexual que no contempla otras formas de relacionarse que no sea a través del coito: “Lo falocentrista está imperando en todas nuestras formas de vincularnos”, afirma.

“Negativo, tomo PrEP”

En el apartado de “Salud sexual”, Grindr te da la opción de poner tu estado de VIH, la fecha de tu último examen, e información que reúne respuestas a preguntas frecuentes, desde dónde obtener una prueba de ETS hasta qué es el consentimiento, pasando por contarle a tu pareja que una de las pruebas de infección de transmisión sexual (ITS) salió positivo.

Con respecto a esta cuestión no hay consenso entre los entrevistados. Para Kásper, por ejemplo, esta cuestión puede ayudar a desestigmatizar y normalizar el VIH. Cuenta que gracias a la aplicación ha conocido chicos que son VIH positivos, que hablan abiertamente y sin prejuicio de ello, lo que le ha ayudado a desmontar poco a poco el estigma que hay sobre esta cuestión. No obstante, para Diego G, si bien puede haber casos en los que este dato pueda utilizarse desde una perspectiva activista y “desestigmatizadora”, a su vez puede generar una situación de serofobia (que se entiende como el rechazo o la discriminación hacia personas seropositivas). “La aplicación te ofrece la opción de informar que estás en PrEP (un medicamento que puede prevenir la transmisión de VIH si se toma de forma habitual), y se olvida de todas las otras infecciones de transmisión sexual”, afirma. Por su parte, Johan considera que, si en la aplicación no se diesen todas estas lógicas tóxicas, “sería un muy buen medio para comunicarnos, hablar del tema del VIH y hablar con pares”.

Grindr: ¿el problema?

Para ninguno de los entrevistados Grindr es el origen de estas dinámicas. Según Kásper, Grindr es un lugar “problemático”, a pesar de haber conocido a muy buenos amigos a través de la red social. Considera que serían necesarios cambios en la cultura para que se produjesen transformaciones en las dinámicas de la aplicación, pues la aplicación “perpetúa” el sistema en el que se encuentra. “Es triste que en una app donde se supone que pretende generar un espacio diverso y de unión se haya generado una sensación aún más de separación”, declara.

Johan afirma que esta red social sirve como evidencia de las discriminaciones que se dan dentro del propio colectivo gay. Además, considera que Grindr podría ser una red social con mucha potencialidad, si estuviese “manejado” de otra forma. “Ya existen muchas aplicaciones y muchos espacios para la superficialidad y la discriminación, Grindr debería ser de otra manera”, afirma.

Gervasini concibe Grindr como una herramienta que “se adapta, como cualquier cosa en el mercado, a la cultura en la que está inserta. Y la cultura gay sigue siendo muy heteronormada, sigue siendo machista, sigue reproduciendo lo mismo que reproduce toda la sociedad”.

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