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La fortuna jugó para River Plate y Nacional se aleja de la punta

Los palos, el golero Nicola Pérez y Agustín Alé impidieron que Nacional, que fue sumamente superior a River, se llevara los tres puntos del Saroldi

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09 de septiembre de 2018 a las 05:03

El Colo Romero se tiró en el pastó del Saroldi con las rodillas adelante. Apoyó sus manos en la cintura. Y miró al arco de Nicola Pérez intentando buscar respuestas a lo inexplicable. Se tapó la cara y se frotó los ojos. Su último remate al arco pasó a centrímetros del palo. No había caso. Era la última. Después de 90 minutos la caprichosa pelota se negó a entrar.

Rondó el arco de River, pegó en el palo, en el travesaño, la sacó Alé en la línea y la descolgó Nicola del ángulo. Inexplicable. Pero nunca entró.

El gesto final del Colo Romero resumía innumerables cosas. Impotencia, incredulidad, bronca.

Nacional se fue del Saroldi con la convicción de que, como dijo su entrenador Alexander Medina, “ a veces es custión de mala suerte”.

El tricolor se plantó en el Saroldi desde la formación. Le dejó en claro a su rival que no iba a andar con chiquitas. El triunfo del sábado de Peñarol lo obligaba a la victoria.

Medina puso todas las armas al servicio del equipo y salió a la cancha a disparar con todos los cañones.

La habitual línea de cuatro en el fondo; dos volantes para contener y el resto a la carga: Viudez, Seba Fernández y Castro con el argentino Bergessio como cabeza de área.

Esto le permitió a Nacional dominar el juego a placer. Oliva y Romero aseguraron la contención permitiendo que el equipo se posicionara temprano en campo darsenero.

Fue preferentemente por izquierda donde Giordano improvisó al zaguero Emiliano García de lateral. Por ahí arrancó Chory Castro, luego fue Viudez, y se sumó Espino.

Y ahí fue el tricolor. A todo o nada por el partido. El triunfo de Peñarol el sábado no permitía medias tintas.

Después que logró romper la telaraña que le planteó River, dando pelea en la medio con un Calzada que fue un león recuperando balones, las situaciones de gol sobre el arco de Nicola Pérez se repitieron una tras otra.

Y no hay explicaciones para argumentar los motivos por los cuales Nacional no pudo convertir.

Fueron ocho situaciones. Una tras otra. 

Primero Viudez  recortando de izquierda para adentro buscando perfil. El remate pegó en el palo. El rebote que tomó Romero fue salvado por el golero de River. Corrían 26 minutos.

Tan solo cuatro después, se durmió el fondo de River -que tuvo algunas desinteligencias enterf los centrales en el primer tiempo- y Pérez le ahogó el grito de gol a Bergessio.

A los 36 un gran pase de Oliva puso camino al gol a Seba Fernández. Definió cruzado y la pelota se perdió apenas afuera.

Dos minutos después Bergessio metió un cabezazo ante un centro de Viudez pero otra vez el golero darsenero le impidió el festejo.

En la hora Bergessió y Nicola Pérez reiteraron el duelo y volvió a ganar el uno de River. Y en los descuentos el Chory Castro sorprendió al fondo del local y cuando la pelota se metía la sacó Alé sobre la línea.

Los equipos se fueron al descanso con la clara sensación de que era cuestión de tiempo nada más. Si había algo que no podía hacer Nacional era perder la paciencia. Al ritmo que iba, tarde o temprano el gol iba a llegar.

Fue netamente superior ante un equipo que se limitó a esperar atrás e intentar sorprender con dos hombres abiertos como Urruti y Boné. Y por más que Giordano le dejó tres hombres arriba, jamás lograron entra en juego.

La estadística de River es clara: apenas dos intentos de remates al arco. Conde no tocó la pelota.El local se fue al descanso sin haber generado una sola situación de gol.

Para colmo, antes de la media hora de juego había perdido una pieza importante de su ofensiva cuando Tito Urruti pidió el cambio lesionado.

Nacional a cara o cruz
Para el complemento los entrenadores no realizaron cambios. Nacional siguió aferrado a su juego. Viudez y Chory Castro cambiaron permanentemente de lado. Seba Fernández quedó sueldo por el medio para juntarse y tirar paredes. Y los centros para Bergessio fueron un amenaza constante. Nacional tiene innumerables vías para llegar al arco. 

Sin embargo, en el segundo tiempo se encontró con un fondo de River más sólido que el del primer tiempo. Los centrales se complementaron mejor y Emiliano García se las ingenió para jugar con oficio. Y los caminos al se empezaron a cerrar para un Nacional que empezó a ver como pasaban los minutos.

Para colmo de males. Romero y Rafa García salieron al ataque en procura de romper el cero y River dispuso de lo que tanto esperó: espacios.

A partir de ahí cobró importancia Juan Manuel Olivera. El Flaco fue inteligente para jugar de espaldas. Pasó siempre sencillo y bien.

El darsenero casi logra su cometido de sorprender cuando Jones quedó mano a mano con Conde y su globo por arriba se fue afuera.

Medina fue por la victoria. Movió piezas. El ingreso de Luis Aguiar tonificó al equipo. 

El Canario se plantó del medio para adelante y el juego empezó a girar a su alrededor. Tiró paredes con Seba Fernández y lanzó a los laterales. A poco de estar en cancha dispuso de un tiro libre y la pelota pegó en el ángulo.

Tres minutos más tarde Fucile tuvo el gol con una media volea en el área. Pero no había caso. La pelota no entraba. Fue tan increíble como la media vuelta de Bergessio a ras del piso. La pelota viajaba con destino de red pero se estrelló contra el palo.

Y de pronto, en una acción aislada, Olivera casi sorprende obligando a Conde a tapar una pelota abajo.

El tiempo pasaba. En el Saroldi flotaba esa sensación de la última pelota. Esa con la que Nacional acostumbró a su gente.  Pero nunca llegó. A veces el fútbol tiene cosas que son inexplicables.   
 

 

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