Acá estoy. Parado en las escaleras del Parque Central esperando que se abra la puerta para salir. Y como pocas veces se siente el silencio. A mi alrededor gente petrificada. Con una extraña sensación de describir. Sin ánimo siquiera de protestar para que la dejen salir. Siente como si algo se les hubiera escapado de las manos. Una sensación de vacío. A juzgar por los rostros y las escasas palabras, un golpe durísimo.
La franja maldita: Danubio le cortó la ilusión a Nacional
El tricolor salió a su cancha con la ilusión de descontar puntos sobre Peñarol pero se encontró con un Danubio acostumbrado a arruinar fiestas