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La ineludible policía de la risa

El poder de la "corrección política" crece cada vez más, mientras humoristas en Uruguay y en el mundo se ven forzados a defender su libertad de ofender

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18 de julio de 2015 a las 05:00

Joan Rivers, una de las leyendas de la comedia políticamente incorrecta, había fallecido hace tan solo cinco meses cuando su buque insignia, el programa Fashion Police, dio dos enormes pasos atrás. El primero fue de la mano de la presentadora Giuliana Rancic, quien debió disculparse públicamente por un chiste sobre el peinado de la actriz y cantante afroamericana Zendaya, que, según ella, por sus rastas debía oler a "aceite de pachulí y marihuana".

El segundo fue la desvinculación del reemplazo de Rivers, la comediante Kathy Griffin, quien luego del escándalo de Rancic manifestó que su estilo no cuadraba con la dirección creativa del programa. "Hay mucho para bromear en la cultura pop sin hacer que los cuerpos de la gente sean el tema", afirmó.

Si bien los chistes de Griffin nunca se caracterizaron por el tacto, la comediante dijo: "No quiero usar mi humor para contribuir a una cultura de perfeccionismo inalcanzable e intolerancia hacia la diferencia".
Así avivó el debate actual de los comediantes: ¿se puede hacer reír sin injuriar?

Para el ícono de las sitcoms de la década de 1990 Jerry Seinfeld, la ofensa no debería ser un obstáculo. En una entrevista reciente, el humorista recalcó que la "cultura de lo políticamente correcto" hiere a la comedia. En su opinión, la sensibilidad de los estudiantes universitarios estadounidenses se ha exacerbado tanto que es mejor ni acercarse. "'Eso es racista, eso es sexista, eso es prejuicioso'", dijo citándolos. Y luego sentenció: "Ni siquiera saben de qué están hablando".

Las balas incluso llegaron a una de las voces más populares de la comedia estadounidense actual, Amy Schumer. Con su estilo en contra de los tabúes y los estereotipos, se ha consagrado como la nueva voz jocosa del feminismo. Sin embargo, de acuerdo a un artículo publicado en The Guardian, Schumer tiene un "gran punto ciego en lo que respecta a la raza". "Para ser una observadora tan atenta de las normas sociales y una satirista tan efectiva (...) el stand up de Schumer ahonda sin tacto en el territorio racial", afirmó la autora de la crítica, Monica Heisey.
Amy Schumer

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La respuesta de la comediante no se hizo esperar. A través de su cuenta de Twitter, Schumer intentó calmar a críticos y seguidores: "Confíen en mí. No soy racista". "Me gusta interpretar a esa chica que de vez en cuando dice las cosas más tontas. Jugar con la raza es algo que no tenemos que hacer, por eso lo hace tan divertido para los comediantes", agregó, reivindicando su derecho de bromear sobre aquello que ofende.

Lo "correcto" en Uruguay

Corner y gol es gol

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Para el comediante Rafael Cotelo esa incomodidad es tan subjetiva como la cuestión misma. "Me parece que el discurso políticamente incorrecto lo determina el auditorio al que te dirigís. Hay diferentes públicos y lenguajes que uno debe adaptar según el mismo", comenta a El Observador.

"Me pasa que de mañana trabajo en un programa televisivo con un público familiar y masivo. De ahí salgo a la radio, donde el público también es masivo, pero mucho más joven, con otras costumbres y otros códigos de humor. Después trabajo en Tenfield, donde las sensibilidades pasan más por los fanatismos deportivos. Y además estoy en la murga, donde el discurso izquierdista o progresista es el aceptado, y sería políticamente incorrecto hacer otra cosa", ejemplificó.

En cambio, el guionista de humor Martín Otheguy sí identifica ciertos temas vedados a nivel general: lo racial, las enfermedades terminales y las tragedias.

"Hacer humor sobre gente que ya de por sí tienen una situación compleja a nivel social es considerado tabú. Hoy en día, debido a esa 'corrección política', cualquier chiste sobre un grupo que se considera oprimido hace que a todo el mundo le recorra un escalofrío", dice. Sin embargo, admite que la etiqueta de "políticamente incorrecto" suele ser utilizada como escudo para disimular actitudes homofóbicas, xenófobas y sexistas.

Aunque el conductor Leo Lagos reconoce que las "comunidades organizadas y con la costumbre de velar por los derechos siempre están atentas y ejercen presión, el verdadero límite es económico: hacer humor con grandes marcas es cometer un suicidio mediático".

Otheguy concuerda: "En Uruguay es más fácil decir cualquier cosa del presidente que decir algo de lo que depende tu bolsillo". Y eso, agrega, es lo hace tan increíble al humor del británico John Oliver, presentador del late-night Last Week Tonight de HBO. "No es tanto la forma en la que él hace humor", sino que "puede destruir cualquier marca sin tener ningún tipo de problemas y debería ser así, porque las empresas son parte del país", dice Otheguy.

Los límites de lo gracioso

Rafael Cotelo

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Para Cotelo, la plataforma que elija el humorista también influye en cuánto se puede "tirar de la cuerda". En el caso de la televisión, "al aumentar el número de orejas que escuchan lo que decís, corrés más riesgo de que una de ellas se irrite". En base a ensayo y error, Cotelo ha aprendido que "las ironías o el sarcasmo deben ser muy alevosos para que nadie entienda que lo que uno dice es literal".

En el caso del Carnaval, un rubro íntimamente vinculado al humor uruguayo, lo políticamente incorrecto ha perdido poco a poco el protagonismo, señala el compositor carnavalero Horacio Rubino. Los chistes verdes y los estereotipos de gays, borrachos y gallegos, que hace 20 años eran "cosa de todos los días en todos los humoristas", hoy se están perdiendo debido a una profesionalización del sector y a una apuesta más teatral y poética.

Las plataformas propias de la era digital, en cambio, han ayudado a abrir las puertas a distintos tipos de humor, señala la conductora Manuela Da Silveira. En su opinión, tanto internet como las redes sociales le han dado espacio a los contenidos políticamente incorrectos, que "son muy bien recibidos y amplificados".

Sin embargo, Da Silveira prefiere recorrer otra ruta, la de un humor que no dispara hacia los costados: "Es el camino que más me interesa y el estilo desde el que genero los contenidos. Entiendo que a veces se puede interpretar de una forma distinta a la que quise comunicar, pero la intención es no ofender y hay muchos recursos para crear desde ese lugar".

Lagos y Otheguy, excompañeros en los programas Los informantes y Reporte descomunal y hoy comparten pantalla en Corner y gol es gol, discrepan con Da Silveira, adoptando una postura que signa su manera de hacer reír. "El humor es incomodidad, una pirueta para decir amablemente algo que lastima. Tomar en cuenta todo lo que anula ese procedimiento atenta contra el humor", afirma Lagos, mientras que Otheguy considera que el rol de los comediantes es "ir moviendo los límites", y que, en ese proceso, siempre alguien resultará lastimado.

Censuras locales


Otheguy identifica que el debate sobre lo "políticamente incorrecto" se ha potenciado y que las limitaciones no eran tan tajantes hace diez o incluso cinco años. "Hay una nueva agenda de derechos y una mayor conciencia por los grupos que pueden resultar discriminados. Esa buena intención fue llevada a un extremo absurdo que hoy en día hace que los comediantes se repriman o autocensuren", dice el guionista.

Según Lagos, estos son tiempos difíciles para el humor con un defensor de la corrección política en cada esquina. "Vivimos una parálisis provocada por la multiculturalidad y la diversidad como valores últimos", dice el comediante, cuyo programa Corner y gol es gol fue levantado de Tevé Ciudad hace un año.

En ese caso, el argumento esgrimido por los directivos del canal televisivo se centró en un gesto, una "humorada violenta". Lagos, en su sátira al periodismo deportivo, comentó la incautación de dulce de leche a la selección uruguaya en el Mundial. "¡La mayor cosa láctea que llevamos al mundial la llevamos dentro de los huevos!", vociferó contra las autoridades aduaneras de Brasil y se agarró los genitales. El día siguiente a la emisión, el programa fue cesado y solo retornó a las pantallas a través del Canal-M, justo a tiempo para la Copa América .

Aunque Cotelo también se vio afectado por las limitaciones del rubro, su episodio fue distinto. En 2009, al ingresar al programa Segunda pelota, de Océano FM, llevó consigo a Edison Campiglia, un personaje que había inventado años antes durante el Carnaval. Campiglia, un presentador de tablado de barrio con un lenguaje plagado de insultos, se ganó rápidamente el cariño del público y los demás conductores, pero, con el tiempo, los detractores ganaron.

A principios de este mes, luego de una serie de denuncias realizadas ante el Instituto Nacional del Niño y el Adolescente de Uruguay, el comediante y la producción del programa tomaron la decisión de sacarle el espacio al personaje. "Hubo errores de mi parte y también demasiada energía puesta en correr esa línea, que es justamente lo que volvía graciosas algunas aristas del personaje. Creo que todos los que hacemos comunicación tenemos un grupo de gente querida que nos festeja y aplaude, pero está bueno también escuchar al que no le gusta lo que hacés", afirma Cotelo.

El aprendizaje de Lagos y Otheguy respecto de Corner y gol es gol tiene otra moraleja detrás, una más oscura. Para Otheguy, tirar de la cuerda solo logra sacar a los comediantes del aire, al tiempo que Lagos es más fulminante: "El burócrata tiene el poder. Si lo molestás mucho, va a encontrar cualquier excusa para sacarte del medio. En ese sentido, no difiere del empresario".

Charlie Hebdo


El 7 de enero de este año, bajo el grito "¡Vamos a vengar al profeta!", un par de encapuchados ingresó a las oficinas de la revista satírica Charlie Hebdo y abrió fuego. Cinco de los dibujantes de la publicación fallecieron, así como otros siete miembros del staff, en una represalia contra un humor que los perpetradores no solo consideraban ofensivo, sino inaceptable. Defendiendo el derecho a ironizar y caricaturizar como clave de la libertad de expresión, miles de personas alrededor del mundo se movieron en defensa de la revista, que continúa hoy día su tono irreverente.

Carcajadas importadas


Sketches. A la apuesta feminista de Inside Amy Schumer, el canal Comedy Central estadounidense suma el programa Key & Peele, con piezas de humor cortas que aportan una visión ácida sobre temas raciales.

Animados. Desde 1997, South Park ha demostrado que los dibujos no son solo para niños. Recientemente, el programa fue renovado por tres temporadas más, en las que continuará explotando el humor soez, satíritico y surreal que lo distingue.

Late-nights. Con su Last Week Tonight, John Oliver se ha convertido en la voz cómica de la razón. Sin embargo, la competencia no descansa. Conan O'Brien, Jimmy Fallon, James Corden, Seth Meyers, Jimmy Kimmel y el próximo a retirarse Jon Stewart también conquistan las noches estadounidenses.

A los golpes. A través del Comedy Central Roast, el canal estadounidense explota un estilo de programa particular, mediante el cual un invitado central debe escuchar cómo varios comediantes hacen chistes pesados sobre su trayectoria y vida personal. Uno de los más populares recientemente fue el de la joven estrella pop Justin Bieber.

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