La masacre de la semana pasada en París ha consternado al mundo por lo que representa: el triunfo de la barbarie terrorista en una ciudad que es un símbolo de la civilización occidental y sus valores. En particular, de las libertades que se han dado los países de Occidente como sociedades abiertas por excelencia. Si en uno de esos tests psicológicos de asociación de ideas a uno le preguntaran por las dos ciudades que más identifica con la libertad, seguramente lo primero que respondería sería París y Nueva York, las dos ciudades atacadas con más saña por el terrorismo islámico en los últimos años.
La masacre abominable y una estrategia nefasta
El horror de París fue el culmen de las consecuencias de las políticas en Siria