Cuando alguien se mira al espejo, se regodea con la propia apostura o se amarga por su mal aspecto. Mirarse en el de Finlandia en materia educativa, como el presidente Tabaré Vázquez anunció en Helsinki que hará, muestra sin levante nuestra pobreza en ese campo y evidencia presuntamente el deseo de cambiar, para que el reflejo se acerque al del ejemplo escandinavo. Las tres administraciones del Frente Amplio lo han prometido una y otra vez pero sin concretarlo, bajo el peso de la mansa tolerancia gubernamental, la incompetencia de las autoridades del área y la oposición de los sindicatos docentes a reformas de fondo. Es mucho lo que hay que hacer si Vázquez está ahora decidido a que la imagen reflectiva de la enseñanza pública reduzca sus abismales diferencias con la de Finlandia.
La meta del espejo finlandés
Es mucho lo que hay que hacer si Vázquez está ahora decidido a que la enseñanza pública reduzca sus abismales diferencias con la de Finlandia.