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Nada es para siempre; o al menos eso es lo que parece estar cumpliéndose en la industria cinematográfica con la tecnología 3D, que desde el 2009 y hasta hace poco mostraba signos de un éxito irrebatible.

Alarma
Aunque Hollywood apuesta a las ganancias que brinda la tecnología de la tercera dimensión, sus ventas no demuestran lo mismo.

La encuesta de taquillas de Hollywood.com muestra datos alarmantes: la venta de entradas hasta mitad de 2010 fue 2.2% por debajo del 2009. El periódico The New York Times, por su parte, recogió una observación poco alentadora sobre una de las últimas películas producida en 3D, Piratas del Caribe: navegando en aguas misteriosas. Esta producción costó a los estudios de Walt Disney cerca de US$ 400 millones, pero su versión 3D recaudó mucho menos de lo esperado. Algo similar pasó con Kung Fu Panda 2, que sólo obtuvo un 45 % de la recaudación total con su versión en tres dimensiones.

Ver, oír, y ahora oler

Como si la tercera dimensión no hubiese sido suficiente, el próximo 19 de agosto el mundo del cine inaugura una cuarta. Será con la película de Robert Rodríguez Spy Kids: All the Time in the World in 4-D, que se arriesga a incorporar el sentido del olfato a los convencionales de la vista y del oído. Esta innovación se remonta a 1906 y 1981, pero en ninguno de los casos se obtuvo éxito. Esta vez, el público tendrá un cartón para rascar con ocho olores.

No comprar
Richard Greenfield es un analista de Wall Street que forma parte del equipo BTIG, una prestigiosa compañía norteamericana de investigación y fondos de inversión. Hace pocas semanas publicó el estudio titulado “El consumidor americano rechaza 3D: ¿escuchará Hollywood o nos forzará su 3D?”. Su consejo más reciente se refirió a este tema, cuando alertó a accionistas alrededor del mundo sobre los problemas que sobrevendrían a la compañía RealD, encargada de proveer a la mayoría de los cines con la tecnología 3D. Previo al estudio dialogó con un ejecutivo de esta empresa y escuchó su previsión. Éste esperaba que en un futuro no lejano, el 75% de las películas estarían utilizando su producto. Pero Greenfield no está de acuerdo en absoluto y concluyó un pronóstico contrario. Según él, las ideas de RealD están “desconectadas de la realidad”, tal como explicó en el blog de la compañía. Y, como si fuera poco, instó a sus clientes a que se apresuraran a vender o disminuir sus acciones en la empresa. Es insistente en su opinión de que el panorama no es favorable: poco a poco aparecen espectadores que rechazan la tercera dimensión. “Un aumento de 4 dólares para ver una película en 3D es un aumento fuerte”, criticó. “A pesar del éxito de algunas películas, la asistencia a las salas ha sido baja, y esto no es una buena señal”.

Solución demasiado cara
Por eso, muy lejos del 75% que prevé el ejecutivo de RealD, Greenfield ve que sólo el 45% de las entradas de cine responderán a ella. La resolución sigue siendo tenue, y esto constituye el problema más grave. De hecho, hace poco Paramount y el director Michael Bay han pedido a los cines que aumenten el brillo de sus proyectores. Pero esto no es la solución, argumenta el analista, ya que aumentaría los costos y las salas no estarían dispuestos a asumir el precio. Por otro lado, Greenfield criticó la política de ciertos estudios cinematográficos que obligan a los cines a que exhiban 3D, bajo la amenaza de que si se rehúsan no se les distribuirán las cintas.


No obstante, la opinión de Greenfield parece inaceptable para otros especialistas. Los que rechazan su pronóstico se basan en el hecho de que países como China inauguran hasta tres salas 3D por día.

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