23 de mayo de 2026 5:00 hs

Dicen que son una foto, que no se puede gobernar en base a encuestas y que sus resultados no cambian el rumbo de la gestión. Pero también prenden “luces anaranjadas”, llaman a la reflexión y se trata de buscar las causas de los números que muestran. Los resultados que muestran las encuestas sobre evaluación presidencial son uno de los indicadores que gobierno y oposición tienen para medir el pulso de la opinión pública. Y las últimas no son buenas para Yamandú Orsi y su equipo.

Las consultoras Equipos y Factum publicaron en los últimos días los datos de sus últimas encuestas sobre la gestión del presidente y mostraron resultados similares pese a que, por motivos metodológicos, no son comparables entre sí: la aprobación de Orsi viene en caída desde octubre del año pasado pero el último movimiento se explica, mayoritariamente, por cambios en los juicios de los votantes frenteamplistas.

Las encuestas de evaluación no son ni pueden ser interpretadas como sondeos sobre intención de voto y responden a distintos factores que, a veces, sobrepasan la propia gestión de gobierno.

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Lo primero para analizar la foto del segundo bimestre del segundo año de mandato, es compararlo con el mismo momento de presidentes anteriores. Y en esa perspectiva, Orsi no queda bien parado: es el presidente con el peor saldo entre los mandatarios de este siglo tanto en la serie de Equipos como en la de Factum, según el relevamiento de El Observador.

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El director de Equipos Consultores, Ignacio Zuasnabar, hace una primera salvedad: las encuestas están mostrando "inquietud, incertidumbre y eventualmente insatisfacción" pero no hay un "clima de enojo generalizado" como había durante el segundo mandato de Tabaré Vázquez (que igual a esta misma altura

Yamandú Orsi tuvo una luna de miel corta. Ya a partir de octubre de 2025 los votantes de la actual oposición empezaron a evaluar mayoritariamente de manera negativa al gobierno y esa tendencia continúa hasta las últimas encuestas en las que más de 7 de cada 10 votantes opositores no aprueba la gestión del presidente.

La novedad de esta última encuesta es que la aprobación de Orsi empezó a decaer también entre sus votantes. En los números de Equipos, que mide según los votos de noviembre, pasó de 61% a 45% mientras que la desaprobación llegó a 28% desde el 13% anterior.

Para Factum la foto es similar pero con un matiz: mide según el voto de octubre. Allí la aprobación cayó de 72% a 59% y lo que creció fueron los juicios neutros pasando de 18% a 28%.

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Pero, ¿cuáles son los frenteamplistas que desaprueban a Orsi? Las dos consultoras dan pistas en el mismo sentido. “Entre el votante frenteamplista no ideologizado, encontramos una situación de desaprobación muchísimo mayor”, dijo el director de Equipos, Ignacio Zuasnabar, entrevistado por La Diaria.

Es decir, el grupo de menor evaluación dentro de los votantes de Orsi en noviembre no es el que viene más de la izquierda sino el que llega desde el centro. “Esto es un matiz relevante”, aseguró Zuasnabar.

La hipótesis que maneja el director de Equipos es que en ese segmento de la población el juicio no está tan marcado por las “críticas que vienen desde el microclima político, sino por cuestiones más evaluativas sobre el funcionamiento del propio gobierno y el estado de situación de las cosas”.

Los números de Factum apuntan en el mismo sentido aunque, advierte su director Eduardo Bottinelli en diálogo con El Observador, no son tan concluyentes: “La aprobación entre votantes de Orsi en segunda vuelta es levemente más baja que entre votantes de FA en octubre. Y dentro de ese universo, la aprobación es menor en los que se definen hacia el centro”.

Sin embargo, hace una aclaración: “Los que se ubican en 1 en la autoidentificación ideológica (izquierda pura) la aprobación es más baja que los que están entre 2 y 4”. Bottinelli asegura que para confirmar estos datos es necesario esperar una próxima encuesta que permita sacar conclusiones más firmes.

¿Y cuáles son las causas de esta desaprobación? Para Zuasnabar en estos juicios inciden diversos factores tanto internos como externos y algunos que se le pueden achacar al gobierno y otros que no.

El electorado uruguayo, dice el director de Equipos, es “mucho más inquieto y tiene muchas más incertidumbres globales de las que tenía hace dos años (en campaña)”. Más allá de si tiene razón o no, la amenaza geopolítica de guerra no existía hace dos años y hoy las encuestas empiezan a recogerla como una “amenaza vital”. Y esa amenaza tiene repercusiones locales como el aumento del precio de los combustibles.

Pero no es lo único. Hay una “aceleración de incertidumbre” que proviene del avance de la inteligencia artificial en el mundo del trabajo, la crisis por el cambio climático y la baja natalidad y las consecuencias sobre el sistema previsional. “Eso hace que los niveles de exigencia hacia el gobierno de turno sean mayores”, explicó Zuasnabar.

Pero también hay fenómenos locales que tienen que ver con las expectativas que generaba este gobierno. En todas las encuestas y estudios cualitativos de Equipos aparece con más frecuencia el problema de convivencia que generan las personas en situación de calle.

Bottinelli va un poco más allá y asegura que entre los votantes del Frente Amplio había expectativa de que “este gobierno iba a ser mucho mejor que el anterior” en temas como el ingreso, la educación y el empleo.

Y a todo esto, además, se le suma otro punto en el que coinciden ambos sociólogos: hay un cambio social por el que la gente reclama cambios más rápido. Se trata de un fenómeno global que se ha intensificado luego de la pandemia y que queda en mayor evidencia en los tiempos electorales. Hasta 2025, de las últimas 21 elecciones en América Latina, 16 las ganaron las oposiciones.

“Estamos en un mundo en el cual los ciudadanos en todo el planeta se vuelven más acelerados a la hora de exigir cuentas a los gobernantes. En Uruguay no lo vimos tanto en el gobierno anterior porque estábamos en una situación de pandemia que generó una dinámica distinta pero quizás ya estaba presente”, aseguró Zuasnabar.

Y todos estos factores, Yamandú Orsi los enfrenta en el medio de una transición en “el espacio sociopolítico de la izquierda” que perdió a sus principales líderes en poco tiempo. “Por supuesto que la coyuntura influye sobre la opinión pública, pero también hay otros factores más estructurales, globales o este de la construcción del liderazgo que generan un marco que no se puede obviar en el análisis”, apuntó el director de Equipos.

Los jóvenes

La encuesta de Factum muestra también que la aprobación del gobierno entre los jóvenes (18-33) es bastante menor que entre los más adultos, pero la desaprobación es muy similar a la que se ve en la franja etaria entre 34 y 61. Lo que crece entre los menores de 33 son los juicios neutros. Y eso, explicó Bottinelli en radio Sarandí, tiene dos explicaciones. Por un lado, los jóvenes son un electorado “más frenteamplista” que el resto de las edades pero al mismo tiempo “hay otro perfil de juventud” que está “más alejado de la política y tienden a tener menos juicios concretos sobre la actuación de un gobierno”.

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