La variedad salta a la vista en la ropa, en los acentos, en la forma de bailar y en la música. Durante casi dos semanas el Prado es el epicentro donde la dicotomía campo-ciudad se deja de lado. Además de las clásicas exposiciones de animales y los locales de países que ofrecen sus productos típicos, la Rural del Prado se convirtió en una cita ineludible para los bolicheros que van en busca de diversión.
Según indicó a Observa el coordinador general de Plaza Prado, Pablo Grandal, la concurrencia durante estos días "fue muy buena a pesar del mal tiempo". "Vamos a tener una concurrencia mayor a la de los últimos dos años", indicó.
Además de los shows en vivo, existe una propuesta gastronómica que va desde la clásica parrilla, hasta la pasta casera, pizzería y picadas.