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La política contractiva de los bancos centrales

Los bancos centrales a nivel mundial ayudaron a superar crisis a nivel mundial

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24 de agosto de 2018 a las 05:00

Por Alberto Bensión

En el último trimestre, y pese a la incertidumbre que resulta de la guerra comercial de Estados Unidos con la Unión Europea y China, la recuperación económica de los países industriales ha inducido a sus bancos centrales a una revisión de la política monetaria expansiva que permitió superar la crisis financiera del 2008. Por ello, por primera vez desde el 2011, el año que viene habrá una absorción neta de la cantidad de dinero, sin perjuicio de algunos matices y de la excepción de Japón.

La primera movida de estos meses fue la que anunció el Banco Central Europeo (BCE) a mediados del pasado junio, con su decisión de bajar a la mitad, a partir de setiembre, la compra mensual de valores que estuvo efectuando hasta ahora, como paso previo a dejarla sin efecto a fines del año en curso.
Pero al mismo tiempo, el BCE adelantó que no habrá de cambiar las tasas de interés de referencia hasta después de setiembre del año próximo. En la actualidad ellas son de cero para sus créditos y de 0,4% anual para los depósitos de los bancos.

Estas decisiones deben entenderse en el marco de una economía que, aunque evoluciona en forma relativamente aceptable con un ritmo de crecimiento que para este año se proyecta en 2,1%, no termina de afirmarse del todo. Del mismo modo, la tasa,7% anual, inferior a la meta oficial del 2%, también permite prolongar el sesgo expansivo de la política monetaria.

Por el momento, el factor de perturbación que asoma en el horizonte europeo es la crisis de Turquía, en especial por la exposición de algunos bancos europeos al riesgo de este país.

Dos meses después, al otro lado del Atlántico, la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) anunció que continuará con su política de disminución progresiva de los activos monetarios que aún tiene en su poder, a un ritmo que habrá de acelerarse a US$ 50.000 millones al mes a partir del próximo octubre. A su vez, la Fed decidió postergar para el mes que viene una decisión casi segura de aumento de la tasa de interés de referencia para los fondos federales que es ahora de un rango de entre 1,75% y 2% anual.

Ambas decisiones se corresponden con un marco caracterizado por la fuerte expansión de la economía y una inflación que de a poco se acerca a la meta oficial. El crecimiento del segundo trimestre del año fue de una tasa anualizada del 4,1%, apuntando a un crecimiento superior al 3% para el año en curso. A su vez, en el pasado mes de julio, la medida de inflación que sigue la Fed, que es el índice de precios de gasto de consumo personal, tocó la meta oficial del 2% anual por primera vez en más de seis años.

Todo indica entonces que el mes que viene habrá un aumento de la tasa de interés, que además deja abierta la posibilidad de aumentos posteriores en forma gradual, con una posibilidad muy fuerte de que el siguiente sea en diciembre. A su vez, la proyección para el año próximo es de tres nuevos aumentos de la tasa de interés.

Por ahora, la única variable que podría incidir sobre las acciones de la Fed es de orden político, teniendo en cuenta la crítica reiterada que el presidente Trump ha declarado sobre la política de suba de la tasa de interés.

En forma simultánea, el Banco de Inglaterra (BI) subió la tasa de interés a su mayor nivel en una década. El aumento fue de 0,25 puntos, para llevar la tasa de interés de referencia al 0,75% anual, la mayor desde la crisis del 2008. A la vez, se anunció que en el futuro, todo nuevo aumento será decidido en forma gradual.

El BI considera que la capacidad de expansión de la oferta es limitada, por lo que aún un modesto incremento en la demanda podría ocasionar presiones sobre la inflación. A la vez, el mercado laboral está en una situación cercana al pleno empleo, con una presión al alza sobre los salarios, que aconseja la suba de la tasa de interés para mantener la variación de precios en torno a la meta oficial del 2%, teniendo en cuenta que la proyección para los dos próximos años es algo superior.

Esta posición por ahora excluye la eventualidad de una falta de acuerdo en la negociación del brexit, pese a que el banco ha reiterado en varias oportunidades la importancia que las características de esta separación tendrán para el futuro de la economía.

En una decisión claramente apartada de la de estos tres bancos centrales, a fines del pasado mes de julio, el Banco de Japón (BJ) adoptó su propio camino.

Después de haber intervenido tres veces en una semana contener el alza de los rendimientos de los bonos en medio de una expectativa de endurecimiento de la política monetaria, el BJ afirmó en cambio la continuidad de su política monetaria expansiva. A estos efectos anunció tasas de interés "extremadamente bajas" a lo largo de un período extenso, que se estima irá al menos hasta la segunda mitad del año próximo.

A la vez, el BJ confirmó su compromiso de continuar con la compra de bonos para mantener el rendimiento de los que tienen un plazo de vencimiento de diez años en torno a cero, con un rango de variación al alza o a la baja de 0,2%, el doble que el rango anterior.

La política del BJ hay que entenderla en el marco de una inflación que permanece en un nivel apenas positivo al cabo de los últimos cinco años, pese a los intentos oficiales. Ahora la proyección de alza de precios es del 1,6% pero recién para el año que habrá de finalizar en marzo del 2021.

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