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El gobierno de Tabaré Vázquez termina un año complicado no solo en el ámbito local sino también en lo que tiene que ver con el cimbronazo que puede padecer la economía uruguaya a partir de la compleja situación por la que atraviesa el vecino Brasil.
Allí, los escándalos de corrupción y la pobre respuesta del gobierno brasileño a una economía en caída barrieron con la confianza de empresarios, agentes financieros y consumidores, que le dieron la espalda a la administración de Dilma Rousseff.

La presidenta es uno de los aliados ideológicos de Vázquez en la región y, por tanto, su suerte también puede ser mirada como un espejo de los riesgos que corren los gobiernos progresistas de Latinoamérica. Pero, además, los problemas brasileños llegan a estas costas en un momento en el que Vázquez necesita tranquilidad tras un año complicado debido a los problemas internos del Frente Amplio y a la siempre ardua discusión del Presupuesto.

Por lo pronto, la inyección de divisas que representa el turismo para Uruguay está en riesgo puesto que los vaivenes económicos del Brasil lo tornan más barato para los uruguayos. Sin embargo, a los brasileros les conviene quedarse en sus playas antes que viajar a las más caras del este uruguayo.
Los brasileros, con su reticencia a gastar, invertir y tomar deuda, convirtieron una desaceleración económica interna en recesión y alimentaron un círculo vicioso de malos resultados económicos y pérdida de respaldo al gobierno.

Todo esto repercutió en Uruguay, que por sus propias restricciones no pudo acompañar la fuerte devaluación de la moneda del país vecino y terminó encareciéndose respecto a uno de sus principales mercados. El factor precio agravó la caída de la demanda brasileña y, por si fuera poco, alentó el ingreso de productos y servicios del vecino país al mercado local, compitiendo con ventaja en precios contra la oferta uruguaya.

La moneda brasileña perdió fuerza y en los últimos 12 meses procesó una devaluación similar a la que estremeció a la región en enero de 1999. Según el Índice de Capacidad de Consumo en el Exterior de El Observador (ICCE-EO), los turistas uruguayos que visitan Brasil aumentaron 21,5% su poder de compra en los 12 meses finalizados en octubre.

De esa manera, con un salario medio hoy pueden adquirir 63,7% más bienes y servicios que en el promedio de los últimos 10 años. En el comercio de bienes también se vio una caída. En los primeros 11 meses del año, las ventas de Uruguay a Brasil cayeron 30,1% respecto a igual período de 2014. Se trata del segundo destino al cual se redujeron las exportaciones en mayor medida a lo largo del año, luego de Venezuela (-48,9%).
Brasil enfrenta hoy dos problemas: una macroeconomía tensionada y con crecientes desequilibrios en todas las áreas, y un gobierno que carece de la principal herramienta que requiere una administración para atacar una crisis, que es la confianza de los agentes económicos.

Los ruidos políticos del vecino país han agravado en los últimos tiempos los problemas económicos y su impacto en Uruguay. En ese sentido, el juicio político a su presidenta va a subirle varios decibeles a ese ruido. La incertidumbre y los problemas de gobernabilidad son enemigas de la recuperación económica y la estabilidad de los mercados.

Sin embargo, los analistas brasileños estiman que un gobierno con mayor aprobación tendría una mayor capacidad para encaminar la economía y sacarla del pozo.
Mientras tanto, en Uruguay Vázquez espera que Dilma escape de la crisis que la acecha porque sabe que nada de lo que ocurra en la región –y mucho menos lo que pase en sus principales fronteras- le es ajen
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