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La vida a bordo de una ambulancia entre el shock y la cotidianidad

Los trabajadores de ambulancias están expuestos a situaciones límite y se quejan de no tener contención psicológica

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09 de septiembre de 2018 a las 05:03

Laura es médica y trabaja en una ambulancia hace diez años. Todos los días sale de su casa preparada para asistir desde un hombre en peligro de muerte a una niña que está en cama por un pequeño resfrío. Dice que ya está acostumbrada a sobrellevar esos contrastes. Pero también reconoce que hay situaciones que son por demás complejas y en algunos casos traumáticas, que pueden perjudicar la calidad con la que se atiende a un paciente. 

El lunes pasado esta mujer no pudo pegar un ojo en toda la noche. Todavía estaba afectada por la situación que le había tocado vivir a la tarde. Ella fue una de las médicas que asistió a los heridos del asalto de la remesa de la empresa Prosegur, donde diez delincuentes armados dispararon a cielo abierto para robarse las reservas de dinero en pleno centro de Montevideo.  

“Llegué a mi casa y no pude dormir. Me tocó atender a uno de los guardias lastimados y nunca me imaginé que me iba a enfrentar a una herida de esa dimensión. Fue impresionante. Cosas así solo pasan en una guerra, pero no en Uruguay”, explicó a El Observador la médica, que prefiere reservar su verdadera identidad como también el nombre de la empresa para la cual trabaja. 

“No existe la contención para los médicos. Nunca hubo. Está estipulado que así es el trabajo y punto. Es lo que te toca. Te cambiás el uniforme, limpiás la ambulancia, reponés el material y salís al siguiente destino”, detalló Laura. Ella sabe que el estado de shock no es excusa suficiente para frenar. Vean lo que vean, los médicos de ambulancia deben maximizar las 12 horas de guardia que cubre diariamente para asistir a la mayor cantidad de llamados, aunque eso suponga arrastrar un impacto emocional. 

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El día de la balacera en la avenida Libertador, Laura vio por primera vez una herida de un arma  larga. “Ni yo ni mis compañeros nos enfrentamos alguna vez a algo de este tipo. No tiene absolutamente nada que ver con el pequeño orificio que deja una bala normal cuando ingresa al cuerpo. La puerta de entrada en este caso es una explosión profunda y mucho más grande, que genera también más heridas. Fue algo impactante, era como estar en una guerra”, insistió Laura y contó que el antebrazo del guardia de seguridad estaba completamente destrozado. 

“Siempre supe lo que debía hacer: limpiar la herida, inmovilizar la fractura y trasladar al paciente al Banco de Seguros. Por suerte este hombre no tenía la herida en una parte del cuerpo que le pudiera comprometer la vida”, relató la médica. A pesar de su lucidez, ella también reconoce que algunos médicos pueden perder la claridad mental cuando pasaron muchas horas de trabajo y se exponen a situaciones límite. 

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Un par de días después de ese episodio a Laura le tocó asistir a los obreros que estuvieron implicados en el accidente de la obra ubicada en la rambla de Pocitos, a la altura de Kibón. Nueve trabajadores se cayeron en un pozo lleno de escombros por haber pisado una plataforma inestable. Y a Laura le tocó atender al que se encontraba en peor estado. 

Las empresas de ambulancias seleccionan a los médicos que demuestran tener mayor resistencia emocional frente a eventos traumáticos. De todos modos, cuando un profesional no soporta más la dinámica de trabajo, pide traslado. Algo muy habitual en este tipo de trabajadores, según Laura. 

“Después de los 50 años generalmente los médicos de ambulancia ya no aguantan más y piden que los ubiquen en otros sectores. Esto es al revés que la práctica. A más tiempo, menos resistencia. Más te indignás y querés dejar de trabajar expuesto a tanto”, dijo Laura y confesó que ella nunca fue a pedir ayuda para recibir apoyo psicológico. “Nunca lo solicité porque sé que no existe. Tampoco nadie de la empresa se ha acercado jamás a preguntarle a alguien cómo está o si necesita hablar con alguien o lo que fuera”.  

Daniel Bulla, director técnico de UCM, dijo a El Observador que esa emergencia trabaja hace dos años con un programa que consiste en dar soporte y contención a los médicos de las ambulancias. 

“Se trabaja en red con psicólogos y psiquiatras. Ellos capacitan a personas para que sepan detectar cuándo un compañero de trabajo está sufriendo una debilidad. Cuando identifican un comportamiento anómalo, informa al equipo superior. Si el médico tiene voluntad de asistir, empieza una terapia”, explicó el director. 

Según detalló, el programa ha tenido una buena recepción. Hasta el presente participaron 138 personas y 36 de ellas pasaron a un tratamiento psiquiátrico más serio. Este año el mayor disparador de inestabilidad emocional han sido los asaltos a ambulancias, informó.

Pero no todas las emergencias móviles ven el problemas de la misma forma. El Observador consultó a otra de las importantes pero la jerarca responsable pidió que no se publicara su nombre ni el de la empresa.  Advirtió que los médicos que trabajan en ambulancias, justamente, tienen la obligación de atender situaciones límite.

“Alguien lo tiene que hacer. No sé a qué se refieren esos médicos cuando dicen que no reciben contención. Es su trabajo. Este empleo consiste en atender lo complicado igual que los que están todo el día adentro de un CTI”, afirmó. 

Fuentes de mutualistas dijeron a El Observador que este tema “preocupa” a las instituciones de salud. “Hay que reconocer que en todo el sistema no existe un mecanismo de contención de este tipo, no solo en las ambulancias”, dijo uno de los informantes. 

A pesar de que este sector no dispone de un espacio específico de atención psicológica para abordar las debilidades de los médico, sí tienen diseñadas diferentes acciones dirigidas a la prevención y al tratamiento del burn out del profesional, que es el síndrome que explica el desgaste emocional y físico de estos trabajadores.  

La solución 

Juan José Dapueta es médico psiquiatra especializado en psicología médica y, desde el Colegio Médico del Uruguay, coordina el programa de Bienestar Profesional, la primera propuesta diseñada con el espíritu de contener a los médicos y cuidar su salud mental. Una idea que pionera en la región.

“Lo empezamos el 1° de abril, pero la comunicación oficial la hicimos por correo hace un mes. Es muy reciente, ahora estamos atravesando una primera etapa destinada a patologías como adicciones y trastornos depresivos que sufren los médicos, sobre todo en aquellos casos que existe riesgo de suicidio”, detalló el psiquiatra. 

El diseño de este programa comenzó a pensarse hace dos años. El Colegio Médico recibió la colaboración de la Facultad de Medicina y la orientación de profesionales de otras partes del mundo, como España, país en donde se aplica un programa similar hace 20 años y que ha obtenido resultados satisfactorios. Según explicó el psiquiatra, descuidar el bienestar mental de los médicos perjudica la calidad de la atención que reciben sus pacientes.  

“Desde que lo difundimos hemos recibido tres solicitudes de tratamiento para el tabaquismo, un punto que no estaban dentro de los objetivos iniciales, pero igualmente lo abordamos. Hasta ahora no hemos recibido solicitudes de médicos expuestos a situaciones traumáticas. Pero perfectamente lo podríamos cubrir. Creo que sería muy valioso e interesante para todos”, puntualizó Dapueta y detalló que ese tipo de asistencias no suelen ser de carácter individual sino que corresponden a un tratamiento grupal dado que “la vivencia abordada desde un nivel colectivo” arroja mejores resultados.

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Dapueta reveló que es difícil que los médicos estén dispuestos a pedir ayuda porque eso puede generarles mala fama como profesionales. “Tampoco les gusta atenderse en los mismos lugares donde trabajan y ni tratarse junto a sus pacientes. Es el temor al estigma. Si yo soy psiquiatra y todos comentan que sufro depresión, aunque sea algo que le pasa a miles de uruguayos, el médico queda pegado. Lo mismo si trasciende que uno tiene problemas con el alcohol”, explicó Dapueta y afirmó que debido a eso el programa que él coordina guarda total confidencialidad. 

Antes de lanzar esta propuesta en Uruguay no existía absolutamente nada. Si bien el programa todavía atraviesa una etapa de difusión, las expectativas para el colectivo médico son elevadas. Por primera vez estos profesionales podrán recurrir a una contención como la que se ofrece a los médicos del primer mundo. 
 

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