Se define como el tiempo que transcurre desde la producción o envasado, hasta el punto en el que este pierde sus propiedades físico-químicas y organolépticas, y es un plazo definido por la empresa que lo fabrica.
La vida útil de un alimento está acotada por diversos factores que influyen en su deterioro. Dentro de ellos se encuentran: la propia naturaleza del producto, el proceso de elaboración del mismo, su método de conservación, el tipo de envase y condiciones de envasado y su almacenamiento. Además, influyen la exposición a la luz y al oxígeno (que provocan pérdida de vitaminas y oxidación de grasas), la temperatura (que destruye, inactiva o favorece el crecimiento de patógenos) y el grado de humedad (que también puede favorecer o no el desarrollo de bacterias y hongos).
En el caso de la conservación de alimentos mediante refrigeración o congelación, los períodos recomendados son los siguientes:
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Pescado fresco (limpio) y carne picada, crudos: 2 días
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Carne y pescado cocidos: 2-3 días
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Leche ya abierta, postres caseros, verdura cocida: 3-4 días
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Carne cruda bien conservada: 3 días
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Verdura cruda y conservas abiertas (cambiar a otro recipiente): 4-5 días
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Huevos: 2-3 semanas
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Productos lácteos y otros con fecha de caducidad: la que se indica en el envase.
En freezer:
(- 18ºC)
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Carne vacuna: hasta 12 meses
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Hortalizas: hasta 12 meses
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Pollos, caza: hasta 10 meses
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Cordero: hasta 8 meses
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Cerdo: hasta 6 meses
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Carne picada: hasta 2 meses
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Tartas, pasteles horneados: hasta 6 meses
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Pescados magros: hasta 6 meses
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Pan: hasta 3 meses
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Pescados grasos: hasta 3 meses o más (depende del pescado)
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Mariscos: hasta 3 meses
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