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La vigencia de Olivera, el futbolista que tiene escondidos los zapatos de Maradona

A los 38 años, recibido de técnico y gerente deportivo, Juan Manuel disfruta el fútbol con la competitividad de siempre y con un tesoro que esconde en lo más profundo de su casa: los zapatos firmados que utilizó Maradona en Emiratos Árabes

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27 de febrero de 2020 a las 05:01

La imagen de Diego Armando Maradona aparece en la televisión. Los habitantes de una de las habitaciones de la concentración de River Plate miran con atención. Maradona luce conmovido y emocionado. El homenaje en la cancha de Independiente lo tocó. El silencio domina la escena. Y mientras observa, la memoria del Flaco Juan Manuel Olivera viaja en el tiempo… Se traslada al año 2012 cuando, antes de irse de los Emiratos Árabes, encaró a Diego y le pidió los zapatos. Maradona se los sacó, los firmó, y se los regaló. El tesoro está escondido en la casa de los Olivera.

¡Qué increíble es el fútbol! Un rato después, el mismo futbolista que compartió entrenamientos, charlas y hasta algún mate con quien es considerado como uno de los mejores jugadores del mundo, se sentaba a cenar con compañeros que podrían ser sus hijos.

¿Qué lleva a este hombre de 38 años, que fue vicecampeón de la Copa Libertadores en 2011, campeón Uruguayo, goleador, y mejor extranjero de Chile en 2009, a mantenerse vigente? ¿Qué lo motiva? ¿Y por qué se sigue enojando cuando no lo ponen?

Cosas tan sencillas como el día a día. “Disfrutar de las bromas de vestuario, la hora de entrenar, el mate antes y después del entrenamiento, son pequeñas cosas que a la larga te dan ganas de seguir”, reveló Olivera a Referí con la sencillez que lo caracteriza.

Pero acaso el detalle que marca su vigencia, esa que le permitió anotar el gol con que River Plate venció a Grau de Perú para clasificar a la segunda fase de la Sudamericana, es su competitividad.

“Yo quiero jugar siempre”, expresó el Flaco sin percibir que a lo mejor, a su edad, se transforma hasta en un ejemplo para los más chicos que lo ven entrenar como uno más.

“Ah sí, uno se vuelve competitivo y quiere jugar. La verdad que a veces cuesta hacer el click o entender que hay compañeros mejor o que no juego por la seguidilla de partidos, pero yo no espero ser suplente o no ser convocado”, asume Olivera.

Asume que ese deseo probablemente contribuya a su vigencia. “Y capaz que sí, el querer estar, entrenar para querer jugar. Me entreno con la intensidad como para que me tengan en cuenta”.

El Flaco asume que no la tiene sencilla en River donde la competencia por el puesto es brutal. ¿Los nombres con los que pelea por un lugar? El histórico Matías Alonso, el recientemente incorporado Nicolás González, José Neris al que se le abrió el arco y el potente y joven Matías Arezo.

Juan Manuel no se achica. Es más, mantiene vivos los “vicios” del pasado y se enoja cuando lo sacan.

“Claro, me enojó sí, pero uno sabe entender. Me doy cuenta de la calidad de los jugadores que pelean su lugar y con el paso del tiempo uno interpreta más las decisiones del técnico”, asume.

Líder de vestuario

Cuando Olivera debutó en Primera división en 2002 convivió en un plantel de Danubio con líderes como Ruben Polillita Da Silva, un ídolo inmaculado de los danubianos, y el Pampa Claudio Biaggio, entre otros.

En Peñarol, en dos etapas (2011 la primera y 2014 la segunda), le tocaron los tiempos de Darío Rodríguez y Tony Pacheco, gente que dice que le enseñó mucho.

En 2017, cuando desembarcó en River Plate, se encontró rodeado de botijas jóvenes que naturalmente le cedieron el rol de líder.

“El lugar me lo dieron naturalmente porque cuando llegué era nuevo en el club y uno tiene que ir con mucha cautela, con respeto por la gente que tiene tiempo en el grupo, pero me fui acomodando, los grandes se fueron yendo y el grupo me otorgó el rol”, expresó.

Tiene claro que ser el vocero del plantel ante los dirigentes implica riesgos. Y los asume.

“No es lugar cómodo, pero es lo que corresponde. Uno tiene que ser vocero de pronto de cosas que no son agradables pero es lógico que las transmitan los más grandes, sin dejar de escuchar a todos. Acá todos tienen su voz, su palabra y su voto. Yo doy mi opinión y si otro tiene otra manera se acepta. Hay una línea de grupo muy fuerte, muy pensada, de un plantel que sabe lo que quiere”.

Olivera admite que el vestuario fue cambiando con el paso del tiempo. “Sí, sobre todo el que va mutando es uno, el que cambia es uno, cuando eras chico veías otras cosas, estabas apurado. Terminaba el entrenamiento y te querías ir, hablabas solo con los de tu generación. Hoy cumplís otros roles, estar media hora sentado sin hacer nada, simplemente disfrutando del mate. El que va cambiando es uno en su postura con el plantel”.

Es entrenador

Mientras transcurría su carrera como futbolista, el Flaco decidió que era tiempo de empezar a prepararse pensando en el futuro. Fue entonces cuando decidió realizar el curso de gerente deportivo. Al tiempo se embarcó en otra tarea. Se puso a realizar el curso de entrenador. “La familia me bancó esos estudios a la noche, estar fuera de casa, lo que me sirvió para estar preparado”, expresó.

En diciembre de 2018 el delantero de River Plate se recibió como técnico.

“No sé si voy a ser entrenador o gerente deportivo, pero me encantó la idea de estar preparado, vincularme con gente del fútbol y como tenía tiempo me puse a estudiar. Lo importante es estar aprendiendo. Un cree que por ser jugador se las sabe todas y que es un pasito más y no hay cambios, pero el cambio es muy grande, inclusive después, cuando pasás de lo teórico a lo práctico”.

Consultado sobre si ya tiene alguna idea de juego definida para el caso de ser entrenador, Olivera respondió: “Y tal vez sí, no sé si es una idea pero voy viendo cosas que me gustan, otras en las que no estás de acuerdo, métodos o maneras de entrenamiento que tuviste y te gustaría copiar”.

Y acotó: “Pero no caben dudas de que un entrenador tiene que estar abierto y dispuesto al cambio, adaptarse a todo, a los jugadores de los que se dispone, al día a día”.

Pensar por 30

Olivera reconoce que el hecho de haberse recibido como entrenador le permitió entender y visualizar muchas cosas de otra forma.

“Sí, seguro que sí, entender el juego, entender decisiones porque uno como entrenador tiene que mirar por el todo, por el grupo, no por uno. Como jugador uno primero piensa en uno, en estar bien, en creer que tiene que jugar y no es así. El técnico tiene que tratar a 30 individualidades”, explicó.

Reconoce ahora la compleja misión que tiene un entrenador de mantener conforme a 30 integrantes de un plantel.

“Seguro, ni que hablar, con el paso del tiempo entendés un montón de cosas de manejo de grupo, de toma de decisiones, y todo eso forma parte de la madurez”, expresó.

El Flaco dice que aún no tiene cuerpo técnico armado y ni siquiera se la pasa por la cabeza con quiénes va a trabajar. “Porque todavía sigo pensando como jugador. Me cuesta hacer el click. Vivo el día”.

No piensa en el retiro

Si hay algo que tiene claro Olivera es que sigue pensando como futbolista y lejos en su mente está la posibilidad del retiro.

“No estoy ni siquiera en el proceso. No sé si es bueno o malo pero trato de disfrutar y mi cabeza es 100% en decir soy jugador de fútbol. Nunca me puse una fecha, eso de decir juego hasta este año, a mitad de año, nada. Simplemente disfruto y mientras me abran puertas que colmen las expectativas seguiré jugando”.

Es un tema que habló con muchas personas sabedor de que no es sencillo el día después del futbolista.

“Sí, he conversado, con la familia también, pero no es algo que esté en mi día a día cotidiano. Te podrás imaginar que bromas de ese tipo tengo un millón, pero las sacó con la mejor ocurrencia”. No es para menos que reciba bromas. El Flaco tiene 38 años y Arezo, con quien pelea un puesto, 17. “Incluso hay jóvenes que son más chicos que él y hay que estar rápido sino te pasan por arriba”, dice entre risas.

Mientras los chicos crecen y Maradona recibe homenajes en cada rincón de la Argentina donde se presenta, el Flaco Olivera sigue tan campante con su carrera. Una carrera que tiene escondido uno de los tesoros más pretendido por todos los futboleros del mundo.

“Cuando me tocó estar con Maradona en los Emiratos recuerdo que iban jugadores de primer nivel mundial a verlo a los entrenamientos. Y yo me traje un par de zapatos firmados por él que te podrás imaginar que es un tesoro único, además de que todo el mundo te pregunte cómo era compartir con Maradona. Eso es un motivo de conversación en cualquier lado donde voy”, expresó.

El Flaco contó que “los zapatos los tengo guardados en el fondo de casa”. “Secretamente guardados”, acota. “Los utilizó seis meses, terminó la temporada y se los pedí. Son los Puma King que se ponía todo el tiempo con los cordones desatados. Se los pedí, me los firmó, y me los traje”.

Olivera explica que no los tiene en un lugar destacado de su casa, sino que están escondidos.

“Me he mudado a diferentes apartamentos, ahora estoy en una casa, y siempre junté para hacerme mi lugar pero en casa nunca había nada relacionado al fútbol, ni siquiera una foto. En el cuarto de mi hijo Santino están sus propias fotos, sus cuadros, de cuando me acompañó saliendo a la cancha. Tengo guardadas cosas de mucho valor afectivo. De todo, camisetas, pelotas con las que anoté más de tres goles, algún trofeo de goleador, camisetas de amigos”. ¡Y los zapatos de Maradona!

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