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El líder blanco Jorge Larrañaga (Alianza Nacional) dice que no lo corren con encuestas ni con cambios de humor de la opinión pública y que, por tanto, sigue creyendo que el colorado Pedro Bordaberry intenta jugar con la gente como si se tratara de piezas de ajedrez y, de paso, estigmatiza a todos los menores con su propuesta de bajar la edad de imputabilidad. Además, el dirigente nacionalista afirma que el gobierno le está errando con su manejo de la ley de Caducidad y que el ministro de Defensa, Luis Rosadilla, debe renunciar a su cargo ya que su posición quedó en minoría dentro de la coalición de izquierda. “¿Qué credibilidad tendría frente a unas Fuerzas Armadas ganadas por la frustración y el descontento? No da para más, tiene que irse”, advierte Larrañaga.

En estos días el senador colorado Pedro Bordaberry aparece como el principal referente de la oposición gracias a la propuesta de bajar de la imputabilidad. Y parece que la discusión del asunto va para largo. ¿Cómo hacen los blancos para retomar el protagonismo?

No tenga dudas de que la principal fuerza política de la oposición es el Partido Nacional. El protagonismo en política no lo tienen los políticos, sino las necesidades de la gente y las propuestas para solucionarlos. No creo que Bordaberry aparezca como principal referente .

Pero basta fijarse en los medios de comunicación y en lo que la gente habla en la calle

No hay que confundir los protagonismos circunstanciales. La discusión sobre la imputabilidad tiene décadas, recuerde la posición contraria que tenía la doctora Adela Reta. Ni bien el tema decante, los uruguayos entenderán que la baja de imputabilidad es accesoria y no soluciona el problema de la delincuencia.

¿Cree que a la gente le interesa más el tema de la anulación de la ley de Caducidad?

No sé si a la gente le preocupa más la anulación de la ley de Caducidad, pero es un tema institucional grave que involucra nada menos que dos pronunciamientos de la soberanía nacional. En cambio, la iniciativa de Bordaberry es equivocada, etiqueta a los jóvenes y aprovecha un estado general de miedo e inseguridad. Mi posición no la cambian las encuestas ni los estados de opinión pública. Respeto a la gente que firma, y quiero que se respete mi derecho a discrepar. Cuidado con ver la política como un tablero de ajedrez porque las piezas con las que se juega son la gente. Y eso para mí es inadmisible.

¿Considera que, finalmente, la sociedad, los políticos y los medios de comunicación han terminado estigmatizando a la palabra “menor”?

Creo que los jóvenes no pueden ser el problema, son la solución. Y con esta campaña se los estigmatiza erróneamente. Si bajamos la imputabilidad a 16 años delinquirán en la franja de 16 a 13 ¿y entonces? ¿La bajaremos a 14, y después a 12? No desconozco el problema de la minoridad infractora, ni siquiera soy indulgente con ellos, digo que hay que tener una cárcel para que no escapen y donde se intente su reeducación.
Tratar a todos por igual, penalizarlos a todos porque el sistema es incapaz de retener a 100 o 200 delincuentes contumaces es cometer un error estratégico como sociedad.

Usted insiste con la necesidad de darle apoyo crítico al gobierno y, según lo que dice una encuesta de Factum, eso es lo que quiere la mayoría de blancos. ¿Por qué cree entonces que algunos de sus compañeros lo consideran “el Volonté de Sanguinetti” y dicen que va a terminar igual?

Eso es una burda y malintencionada asimilación. Sanguinetti no tenía mayorías. Mujica sí las tiene. Ni Sanguinetti es Mujica ni Larrañaga es Volonté. Tener que explicar esto es tonto y risible.
De Wilson decían que era tupamaro, incluso lo decían desde dentro del partido. Siempre hay algo para decir; si me ven caminar por arriba del agua, cosa imposible, dirán que no sé nadar. Siempre hay algo. Lo que sí no pueden decir de mí es que no tengo palabra, que soy insensato o incoherente. Si alguien de mi partido lo quiere decir lo discutiremos públicamente. No tengo que probar que soy buen blanco y que lucho por mi partido. Cuando gané llevé a mi partido a más del 35% del electorado y cuando perdí apoyé y luché como el que más. No tengo que rendir examen de blanco y el que lo insinúe es un atrevido. Hemos tenido una posición de centro, consecuente con el programa del Partido Nacional y de Alianza Nacional. Quien me conoce no entra en esas comparaciones. No le hago mandados a nadie ni soy mandadero de nadie. Hago lo que le prometí a la ciudadanía. Cumplo mi palabra.

¿Cuánto pesan en la gestión de Mujica los sectores menos moderados del Frente Amplio?

El Frente Amplio y Mujica están jaqueados por el radicalismo y el corporativismo gremial. Si el presidente no pone término a estos radicalismos su gobierno se deslizará por mal camino. Tiene que elegir de qué lado está, si gobierna para todos los uruguayos o si gobierna para su partido.

¿La estabilidad de este gobierno se basa en la bonanza económica? ¿Qué pasaría si sobreviene una crisis? ¿El presidente José Mujica está capacitado para enfrentarla?

Si se viene una crisis, que nadie quiere, Mujica tendrá que recurrir a todo el sistema político. Si recurre solo al Frente Amplio no estará en condiciones de enfrentarla.

¿Cómo analiza la situación interna del Frente Amplio en medio del proceso de anulación de la ley de Caducidad?

El senador Fernández Huidobro no estaba de acuerdo con la anulación. Votó y renunció.
El ministro (de Defensa, Luis) Rosadilla pertenece al mismo sector y es sabido que está en desacuerdo con el proyecto. A mi juicio, por coherencia, debería renunciar. El tema es demasiado importante, crucial, se trata del respeto a la voluntad de la gente. El presidente Mujica no está de acuerdo pero no veta. Y eso está mal.
Pero Rosadilla, siendo nada menos que ministro de Defensa, debe irse. ¿Cómo sigue el ministro de Defensa con esa posición? ¿Qué credibilidad tendría frente a unas Fuerzas Armadas ganadas por la frustración y el descontento? No da para más, tiene que irse.



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