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Los beneficios de entrar a la OCDE

Para muchos se trata de un club de ricos, aunque su historia marca algo muy distinto

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06 de agosto de 2018 a las 05:00

Los 36 países miembros de la OCDE representan hoy no menos del 70% del PIB y comercio internacional del mundo, y, algo especialmente importante para un país como Uruguay, son el origen del 75% del flujo de Inversiones Extranjeras Directas (IED). Para muchos se trata de un club de ricos, aunque como suele afirmar Marcelo Scaglione, subsecretario del Ministerio de Hacienda y representante del gobierno de Argentina ante la OCDE, su historia marca algo muy distinto: surgió como un grupo de países pobres, que se levantaban desde las cenizas de la Segunda Guerra Mundial a partir del Plan Marshall, y tiene entre sus miembros casos de éxito como el de Corea del Sur, que se incorporó por iniciativa de Japón y pasó de ser un país de enorme retraso relativo a ser la undécima economía y el sexto exportador mundiales.

Sentarse en la mesa de los países más poderosos del mundo como un par es ya un activo para cualquier país. La OCDE ha emergido de la última Gran Crisis del 2008 como el brazo técnico del que se vale el G20 para legitimar el diseño de la arquitectura política, económica y social global, algo que ha venido haciendo en materia de inversiones, libre competencia, gobierno público, educación (Pruebas Pisa) o salud.

Así lo destaca Carlos Loaiza en un trabajo académico que lideró para Pharos, el Think Tank de la Academia Nacional de Economía del Uruguay ("Uruguay miembro de la OCDE: Un camino al desarrollo", Montevideo, 2016), y mucho antes en reiteradas opiniones publicadas en este mismo periódico desde el año 2009.

¿Pero hay acaso más ventajas? En el Prólogo de ese mismo trabajo, Christian Daude, entonces Consejero Senior de la Oficina de la Economista Jefe de la OCDE y hoy Director de la Asesoría Macroeconómica del Ministerio de Economía y Finanzas, expresa en línea con los autores que "un acercamiento estratégico a la OCDE sería un catalizador para que el país levante la mira y se proponga metas ambiciosas, construya los consensos necesarios y avance en mejorar las políticas públicas para mejorar la vida de los ciudadanos".

La OCDE tiene para ello un método muy eficaz, la presión de los pares, esencial para las reformas que deben realizar los postulantes a miembro. En el caso de Uruguay, el organismo ya advirtió en dos estudios cuáles son los aspectos esenciales a reformar: educación, infraestructura y gobierno de empresas públicas, entre los principales.

En la investigación de Pharos se postula que la OCDE trae además otras ventajas cuantitativas: reduce barreras a la productividad, mejora institucionalidad, aumenta el atractivo para captar IED, la calificación internacional de la deuda y el acceso a financiación de agencias de promoción de exportaciones. Claro que querer entrar en la OCDE no es lo mismo que lograrlo. Se ingresa por invitación, luego de un largo y complejo proceso reformista que toma años y depende además de una negociación entre los miembros para mantener el equilibrio geográfico.

Los actuales miembros latinoamericanos son México, Chile y Colombia, pero Costa Rica inició su proceso en 2015, y Argentina, Brasil y Perú están decididos a hacerlo. Uruguay, no lo tendrá nada fácil, sin contar con las reticencias internas de las que el trabajo de Pharos también da cuenta.

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