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3 de junio 2023 - 5:02hs

Lula lo hizo de nuevo. En otro afán de ganar protagonismo global, Lula da Silva convocó a un “retiro” de presidentes sudamericanos en Brasilia para dialogar con calma sobre la integración sudamericana. La resurrección de la fracasada UNASUR -propugnada en su momento por Hugo Chávez y el propio Lula para abrirse de la OEA- volaba sobre la mesa. Pero fue el propio Lula quien generó el hecho más llamativo de lo que dejó de ser “retiro” para convertirse en una improvisada “cumbre”, con declaración conjunta incluida, para no ser menos.

El día anterior de la “cumbre”, Lula mantuvo una reunión bilateral con Maduro (quien no visitaba Brasil desde 2015 en épocas de Dilma Rousseff) en el Palacio de Planalto. Brasil y Venezuela tiene bastantes temas en común: energía, explotación de la selva amazónica común, refugiados venezolanos en Brasil, etc. Y, sin duda, el deseo de Lula de reincorporar a Maduro a la escena internacional, de la cual ha estado muy alejado desde las elecciones de 2018, que 60 gobiernos no reconocieron como válidas.

Pero llamó mucho la atención que, más allá de invitarlo a “su” cumbre, Lula hiciera una insólita reivindicación del régimen chavista y de Maduro en particular. En el único discurso televisado  de la cumbre -lo demás fue a puertas cerradas salvo las palabras de Lacalle Pou que transmitió por Instagram en vivo-, Lula dijo: “Nicolás Maduro sabe muy bien la narrativa que han construido contra Venezuela. Ustedes saben la narrativa que han construido sobre el autoritarismo y la antidemocracia”.

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Hasta ahora nadie se había animado a tanto. Unos más, otros menos, habían condenado el régimen de Caracas. Algunos habían incluso cortado relaciones, otros habían reconocido el gobierno de Juan Guaidó. Pero nadie que no fuera un régimen autocrático había negado la sistemática violación de derechos humanos en Venezuela, tanto bajo Chávez como bajo Maduro. La propia Comisión de Derechos Humanos de la ONU lo han hecho después de estudiar a fondo las denuncias. Maduro está siendo investigado por la Corte Internacional de Justicia por crímenes de lesa humanidad. Y muchos países de América Latina, han dado acogida a los más de 7 millones de venezolanos (la cuarta parte del país) que han emigrado frente a la crisis política y económica.

Lula debería saber también lo que es realidad y lo que es narrativa puesto que la política opositora María Corina Machado no puede viajar a Brasil a declarar ante una comisión parlamentaria porque el régimen de Maduro no la deja salir de Venezuela.

La única narrativa sobre Venezuela la dio a conocer el propio Maduro cuando dijo que Chávez se le había aparecido después de su muerte en forma de pajarito. A 10 años de la muerte de Chávez, la realidad -no la narrativa- es que los derechos humanos son cada vez más limitados, la oposición no tiene garantías en elecciones ni libertad para moverse, no hay libertad de prensa. Y el argumento de Lula de que Maduro llegó al poder mediante elecciones se cae por su propio peso ya que una vez en el gobierno arrasó la separación de poderes, liquidó a la opositora Asamblea Nacional, controló el Poder Judicial y al Tribunal Supremo Electoral. Democracia, debería saber Lula, no son solamente elecciones libres y transparentes. Es también el ejercicio continuo de la separación de poderes, la independencia de la justicia y el mantenimiento de las instituciones sin que nadie, ni siquiera los más altos cargos, estén por encima de la ley.

Ello no ocurre en Venezuela, y no es un relato internacional para desacreditar a Chávez o a Maduro. Y por ello, el presidente uruguayo Luis Lacalle Pou reaccionó casi en forma instantánea en la cumbre señalando que quedó “sorprendido cuando se habló de (que) lo que sucede en Venezuela es una narrativa. Ya saben lo que nosotros pensamos con respecto a Venezuela y su gobierno”. “Ahora, si hay tantos grupos en el mundo que están tratando de mediar para que la democracia sea plena en Venezuela, para que se respeten los derechos humanos (y) no haya presos políticos, lo peor que podemos hacer es tapar el sol con un dedo. Pongámosle el nombre que tiene y ayudemos”. Y manifestó su preocupación con la declaración conjunta “Porque el punto 2 de la declaración que se está negociando habla de democracia, de derechos humanos y de proteger las instituciones. “Cuando pongamos la firma no tenemos la misma definición de lo que son el respeto de las instituciones, los derechos humanos y la democracia”.

También presidente chileno Gabriel Boric dijo, aunque luego de la cumbre, que “no es una construcción narrativa; es una realidad, es seria y he tenido la oportunidad de verla en los ojos y el dolor de cientos de miles de venezolanos que hoy día están en nuestra patria”.

Lo más curioso es que tanto Lula como Maduro firmaron la declaración final de la cumbre que en su artículo 2 dice que los países firmantes  “Reafirmaron la visión común de que América del Sur constituye una región de paz y cooperación, basada en el diálogo y el respeto a la diversidad de nuestros pueblos, comprometida con la democracia y los derechos humanos, el desarrollo sostenible y la justicia social, el Estado de derecho y la estabilidad institucional, la defensa de la soberanía y la no injerencia en asuntos internos”.

Vaya uno a saber que entienden Lula y Maduro de lo que es compromiso con la democracia y los derechos humanos, el Estado de derecho y la estabilidad institucional. Se ve que serán necesarios varios “retiros” más para que se pongan de acuerdo. Y que aprovechen de paso en ver cómo funciona una integración que se viene pregonando sin éxito desde la fundación de la ALALC, pasando por la inocua ALADI y por el inoperativo MERCOSUR, al cual Lula está quitando posibilidad de desarrollo. Ya lo hizo en China. Veremos ahora con la Unión Europea.

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