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Maglione ganó en la arena de los tigres

Maglione dio una clase de su manejo político y en un rato demostró por qué es el presidente de FINA; seguirá hasta 2021

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24 de julio de 2017 a las 05:00

por Luis Eduardo Inzaurralde
Invitado a Budapest, Hungría

El italiano Paolo Barelli no es uno más en el mapa político de la natación mundial. Es la imagen de Europa, el representante de un grupo de países que tienen en general el poder, mucho poder, y que suelen dominar todas las federaciones internacionales. Nueve de los 17 mundiales se disputaron en sus países. También es un político de carrera, elegido dos veces Senador en Italia, que se crío al lado de Berlusconi y que tiene 20 años menos que Julio César Maglione. En ese contexto, y mirado desde el Sur de América, donde trascender mundialmente en cualquier ámbito político es un milagro, Barelli parecía tener en lo previo todo alineado como para desembarcar en Budapest como serio candidato a pelearle el sillón presidencial de FINA al uruguayo.

Para ello había minado el camino, planteó irregularidades en el manejo de la cúpula directriz, que el mismo integraba, puso sobre la mesa la palabra corrupción, con todos los miedos y temores que vienen asociados con ese término después del escándalo de FIFA. Y, de alguna forma, dejó todo bajo sospecha.

Sin embargo, el sábado en las siete horas que duró la asamblea para aprobar memoria, balance y elegir autoridades de FINA por el período 2017-2021, un uruguayo de 81 años y con un manejo político propio de quien fue durante ocho años presidente, le dio la mejor lección de política.

Las elecciones de FINA, que el sábado confirmaron que Maglione seguirá hasta 2021 y se alejará tras completar los 12 años de mandato, máximo plazo previsto por el Estatuto, fueron una jugada estratégica del uruguayo que en dos movimientos desarticuló cualquier intento por sembrar miedo y pánico.

La primera: cuando a poco de comenzar la asamblea, el delegado de Italia, pidió la palabra sin que desde la mesa que presidía Maglione se percataran de que se había parado y no le cedían el micrófono, entonces gritó: "¡Esto no es una democracia!". La frase retumbó en la sala del Hotel Intercontinental. Inmediatamente, enfadado y en español –saliendo del protocolo, porque la asamblea se desarrolla en inglés- le dijo: "No te vi y pido disculpas, pero esto es una democracia y todos tienen la palabra". Le cedió el turno. El delegado brindó su posición sobre los dineros de la FINA y un cuestionamiento que le planteaban porque tiene millonarias reservas que, consideran algunos países, deberían volcar a las federaciones (no lo hacen porque aseguran que es su respaldo económico) y ya no habló más. Enseguida se aprobó la memoria y balance.

La segunda: previo a comenzar la votación secreta y en papeleta del presidente, Barelli se acercó al presidente del tribunal de la comisión electoral a pedir para hablar ante la asamblea, que ese mismo día había resuelto con 80% de los votos que no se habilitaría a los candidatos a expresarse. El italiano se presentaba como víctima ante quienes iban a votar. Entonces, Maglione, que estaba a un costado se movió rápidamente, dijo que personalmente no tenía problemas en que le permitieran hablar. El uruguayo recibió la reprimenda de quien estaba al frente de la asamblea, y le dijo que no podían modificar una decisión de asamblea. Con ese gesto, Maglione minimizó el efecto de Barelli, quien intentaba victimizarse antes que los delegados fueran a la urna. Luego de ello, en un gesto de derrota, el italiano salió de la sala con la mochila en el hombro. Se había quedado sin argumentos para pelearle la presidencia al uruguayo.

El tercer aspecto que marcó la asamblea fue cuando tras ser elegido presidente, Maglione se presentó junto al kuwaití Husain Almjsallam, primer vicepresidente y denunciado previo a las elecciones por presunta corrupción, reafirmando que lo que se había hablado previamente no tenía fundamentos. De todas formas, adelantó que FINA no se expedirá hasta que existan pruebas claras.

Con el apoyo de América, Asia, África y Oceanía, Maglione ganó las elecciones por 258 votos contra 77 del italiano. En la asamblea, que se extendió durante toda la mañana y hasta promediar la tarde, participaron 176 federaciones de las 208 afiliadas. Será presidente de FINA hasta 2021. Asumió en el cargo en julio de 2009, en Roma y lo reeligieron en agosto de 2013 en Barcelona.

Atrás y como anécdota quedan para Maglione un semestre que fue un tsunami compuesto por viajes a través de todo el mundo para convencer a los presidentes de las federaciones para que lo voten y la inquietud y preocupación que le planteaba encarar una FINA divida. Dijo Maglione que hubiera preferido llegar sin lucha electoral, pero no lo consiguió. Sufrió los embates de la noticia de corrupción, en un caso que aún no está cerrado pero que sus opositores no pudieron utilizar como argumento para ganar las elecciones porque a la vista de lo sucedido carecen de fundamentos. Avanzó por terreno fangoso, pero mostró por qué es desde hace ocho años y se mantendrá -por cuatro más- como presidente de una de las cinco federaciones internacionales más importante del mundo, incluso a sus 81 años y siendo uruguayo y sin ningún peso deportivo que le respalde.

Los vicepresidentes

El kuwaití Husain Almjsallam, el italiano Paolo Barelli, el estadounidense Dale Neuburger, el fidjiano Dennis Miller serán los vicepresidentes. El cargo de segundo vice será del sudafricano Sam Ramsamy.

Otro uruguayo en FINA

El uruguayo Gustavo Mastroianni será uno de los tres miembros de la nueva Comisión de Auditoría que se creó el sábado como órgano de contralor de todas las finanzas de FINA. Desde este año, presentarán balances anuales y habrá un seguimiento muy cercano en materia económica por parte de la estructura que existía y de esta comisión que integran tres miembros.

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