Fin de ciclo: 15 años del FA en el poder > 15 años de gobiernos del FA

Más y mejores científicos, pero con problemas de que participen del "país productivo"

Durante los gobiernos del Frente Amplio se lograron nuevas y revolucionarias instituciones, aunque hubo falta de compromiso para superar el 0,5% del PIB en ciencia y tecnología

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20 de febrero de 2020 a las 18:19

Los 15 años del gobierno del Frente Amplio mostraron un avance en la creación de organismos que favorecieron el desarrollo de la ciencia y tecnología en el país. Hay nuevos talentos pero hubo dificultades culturales en adoptarlos en el mundo productivo y en tentarlos para evitar que migren al exterior.

El desarrollo de instituciones fue revolucionario. El organismo más sobresaliente fue la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII), creado en 2008. Se formó con un presupuesto propio, algo que no pasaba antes, y fue el encargado de financiar y ejecutar políticas en ciencia y tecnología.

Dentro de la ANII se formó el Sistema Nacional de Investigadores, que incentiva económicamente a diversos científicos en el país. Pasó de 1.100 individuos en 2010 a casi 1.900 el año pasado. Antes de la llegada del Frente Amplio al poder existía el Fondo Nacional de Investigadores creado en el gobierno de Julio María Sanguinetti y se consolidó en el de Jorge Batlle. Pero solo financiaba entre 200 y 250 investigadores. En ese momento había un cupo por lo que, si bien un científico tenía condiciones para participar de ese fondo, por un tema de espacio quedaba afuera. Acá no: si un investigador logra determinada calidad puede ser categorizado e ingresar en el sistema.

La institucionalidad se amplió. En 2009, el Parlamento aprobó con la unanimidad de todos los partidos políticos la Academia Nacional de Ciencias del Uruguay (ANCIU) que comenzó a funcionar en 2011. ¿Por qué ha sido importante? Porque junto con el Consejo Nacional de Innovación, Ciencia y Tecnología (Conicyt)  y la Universidad de la República ayudan a los poderes públicos a generar políticas sobre estos temas.

No fue todo. En el primer gobierno de Tabaré Vázquez, la ciencia y tecnología la coordinaba el Ministerio de Educación y Cultura, pero participaban otros ministerios en lo que se llamaba el gabinete interministerial de la innovación. En el último gobierno del Frente Amplio se transformó en otro gabinete (llamado de la transformación productiva y la competitividad). Pero como los temas eran muchos, y cada ministerio tenía su problema, a la ciencia le costaba meterse en la discusión para que se generen más y mejores políticas sobre este tema.

Dadas estas condiciones, la Academia de Ciencias pidió crear un ministerio. Al final se terminó conformando una Secretaría Nacional de Ciencia y Tecnología en 2015, que depende de Presidencia, y tardó mucho tiempo en instrumentarse y hasta ahora ha tenido poca trayectoria. Es un rango inferior a un ministerio. En este período, logró que en una de las leyes presupuestales se incluyera un artículo para que se tomen más en cuenta estos temas. Decía que cuando se discutiera en el Consejo de Ministros temas de ciencia y tecnología el secretario de este organismo pudiera asistir.

En este período empezaron a operar varios organismos. En 2006 empezó a funcionar el Instituto Pasteur, que había sido formalizado en 2004 gracias a un acuerdo del gobierno de Jorge Batlle y el de Francia. Hubo un empuje muy grande como la Universidad Tecnológica, creada con el apoyo de todos los partidos, el Centro Uruguayo de Imagenología Molecular y la instalación de laboratorios de investigación en el interior como en Salto y Paysandú. Lo mismo pasó con el  Centro Universitario Regional del Este (Cure), cuya creación aprobada en 2007, permitió desarrollar áreas de investigación vinculadas a la oceanografía y el medio ambiente que antes no existían. Allí también hubo avances: en sus primeros 10 años pasaron de 700 alumnos a más de 1.400.

Migración y científicos "solo" de la academia

La base institucional fue creada y existen investigadores y científicos. Por ejemplo, la cantidad de egresos de maestrías y doctorados se triplicaron en ocho años, según datos de los anuarios de educación del Ministerio de Educación y Cultura.  El problema es que la mayoría de ellos se vuelcan al sector académico.

Hoy, el 81% de los investigadores en Uruguay se dedican a temas académicos. En organizaciones privadas sin fines de lucro son solo el 3% y en la administración pública el 15%. En empresas privadas solo trabaja el 1% de los investigadores.

El sector privado los incorpora poco mientras el sector académico siguió siendo el que pudo darle cabida a los muchos que se formaron.

Rafael Radi, presidente de la Academia Nacional de Ciencias, cree que existe un problema cultural, impregnado en todas las sociedades latinas, causante de estas cifras. “Pasa en Portugal, Grecia, Italia, España. Hay una desconexión entre la formación del recurso altamente capacitado y el aprovechamiento de ese recurso”, comentó

A eso hay que sumarle que ha habido una migración calificada de científicos e investigadores. Según el Primer Censo de Doctores en el país, divulgado en 2018, el 74% reside en el país y el 26% en el extranjero.

Los que se forman en Uruguay y tienen alta calificación están queriendo irse. “En el último tiempo ha habido una migración constante, pero no masiva”, indicó Radi.

Desde la Academia Nacional de Ciencias dijeron a El Observador que no hay un programa de repatriación de científicos. Y muchas veces pasa que reciben más formación en otros países, pero no deciden retornar en el país. No obstante, se han intentado hacer alianzas con algunos investigadores para que colaboren en algunos proyectos puntuales.

Inversión afectada

Esto tiene como consecuencia una pobre participación de la ciencia y la tecnología en el Producto Interno Bruto (PIB). El crecimiento más significativo se produjo más en el primer gobierno de Vázquez: la inversión entre 2007 y 2011 creció a un ritmo de 20% por año. En el de José Mujica disminuyó su ritmo y pasó a un 5% anual.

La inversión ha sido estable, algo que la comunidad científica ha reclamado en más de una oportunidad. En 2007 empezó en 0,42% y la administración culmina no llegando al 0,5%. Los aumentos han sido marginales. Es una situación de estancamiento. En 2014, por ejemplo, habían logrado que los candidatos presidenciales de todos los partidos políticos de entonces firmaran un documento en el que se comprometían a tender al 1%. No se cumplió. Sin embargo, en 2019 no se firmó nada.

Vale la pena dar un contexto. Entre los países de América Latina, Uruguay se ubica en el tercer puesto por detrás de Brasil (1,6%) y Argentina (0,6%). Claro, si se compara con países desarrollados Uruguay está lejos. Rusia, España, Portugal y Canadá superan el 1%. El promedio europeo es de 2,0% del PIB y Estados Unidos 2,8%.

Este problema es de buena parte de los países de América del Sur que han basado su modelo económico en la exportación de productos primarios con escaso aporte de conocimiento. Y, para lograr que el país empiece a ser desarrollado, debe haber una decisión política que lo haga y un cambio cultural que probablemente lleve toda una década.

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