Borrón y cuenta nueva. Si Nacional pretendía comenzar exitosamente su camino hacia la fase de grupos de la Copa Libertadores, tenía que dejar atrás las dos duras derrotas clásicas que sufrió la semana pasada con Peñarol. Mejorar en defensa, definir una idea de juego y ser eficaz en ofensiva. Y así lo hizo. Tal vez mucho mejor de lo que hubiera esperado hasta el más optimista de sus hinchas.
El tricolor le ganó a Chapecoense 1 a 0 como visitante y así puso un pie y medio en la tercera y última fase previa a los grupos del máximo torneo continental.
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NACIONAL
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El entrenador Alexander Medina envió esas señales de cambio desde la conformación del equipo.
Volvió Jorge Fucile a la titularidad en el lateral derecho –se recuperó de una tendinitis–, bajó a Diego Arismendi a la zaga, le confió la titularidad al juvenil Christian Oliva en el medio mandando a Luis Aguiar al banco y paró un 4-2-3-1 que dotó de consistencia al mediocampo, amplitud al juego y mayor intensidad para someterse al reto del ritmo internacional.
La movida fue exitosa. Con el constante paso al frente de Santiago Romero desde la posición de doble 5, Nacional fue un bloque decidido para salir a presionar al rival en campo enemigo. No allá sobre el área rival –lo que se denomina presión alta– pero sí cuando la defensa pretendió hilar líneas de pases con los volantes.
Eso forzó a Chapecoense al pelotazo largo. Y ahí apareció también otra versión de Nacional con respecto a la que mostró la semana pasada en los dos clásicos contra Peñarol. La seguridad defensiva.
Diego Arismendi jugó un gran partido y fue uno de los puntos altos del equipo. Se mostró muy firme en el juego por elevación bancando al centrodelantero Wellington Paulista y llegó siempre a tiempo cuando tuvo que salir a la descubierta, sobre todo ante alguna subida inquietante de Apodí.
Oliva fue una rueda de auxilio atenta y eficaz para la disputa de la segunda pelota y también para ofrecer circulación rápida.
El tricolor transmitió siempre una sensación de aplomo. Como si los golpes recibidos en los clásicos fueran parte de un pasado lejano.
Se defendió lejos de su arco, permitió pocos espacios para que la zaga no fuera permeable en ningún tramo del partido y formó un entramado de piernas en el mediocampo en el cual si bien cedió la posesión de la pelota nunca dio a cambio el control del partido.
Posesión y control son términos que no siempre están en relación directa para definir el trámite del juego.
Y Nacional lo demostró. Con menos tenencia fue mucho más profundo cada vez que pasó de defensa a ataque, vertical y voraz.
Lo dejó en claro al minuto de juego cuando una rápida combinación por izquierda Tabaré Viudez –una vez más el hacedor de juego del equipo, la cuota de talento y de desequilibrio– y un buen centro en el que Sebastián Fernández cabeceó apenas fuera.
A los 27' volvió a desbordar Viudez para desnudar falencias del fondo de Chapecoense. El mediapunta sacó un centro que Matías Zunino terminó conectando de zurda, apenas alto.
Jugando como carrilero por derecha, Zunino dejó el lateral en el que jugó ante Peñarol y le dio más profundidad al equipo, no solo con el ida y vuelta por la banda sino también con diagonales sostenidas por su muy buen manejo de pelota.
Fue apenas vulnerable Nacional, pero solo por un breve lapso del primer tiempo, por derecha.
Por ahí se filtró el habilidoso Nadson en una acción aislada a los 12', pero terminó definiendo sin fuerza ante un solvente Esteban Conde que una vez más en el ruedo internacional respondió con seguridad transmitiendo confianza en forma permanente y siendo figura determinante cuando el partido se lo pidió.
No varió el trámite para el complemento. Nacional disfrazó con cautela sus pretensiones ofensivas y Chapecoense fue por 90 minutos una tibia expresión futbolística.
Con la confianza de tener el cero atrás bien seguro, el equipo se soltó a los 73' tras notable anticipo defensivo de Arismendi y una acción combinada y profunda. De Pena a Gonzalo Bergessio –que había entrado por Viudez, exhausto por el desgaste de jugar pero también colaborar en la marca–, diagonal de Zunino y asistencia al Colo Romero que estampó el 1-0 para recordarle al hincha de Nacional que está hecho para goles importantes.
Hubo un breve vendaval sobre el final para sostener el triunfo. Espino se fue expulsado en una acción exagerada de Patricio Loustau que en el primer tiempo no le había sacado ni amarilla por una plancha mucho más fea. El juez argentino luego echó a dos jugadores del local en decisiones que también revelaron cierta exageración, sobre todo la segunda roja.
Conde dejó un rebote largo en el que Apodí falló solo y luego metió una atajada monumental ante otra bomba de afuera del área en la que la diosa fortuna se disfrazó de travesaño.
Nacional ganó y espera la revancha. Con la confianza redoblada. Y ya mira de reojo la tercera ronda donde espera Banfield o Independiente del Valle (en la ida, en Argentina, empataron 1 a 1).