Infografía economía chilena
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AFP
Asimismo, están en juego 155 nuevos diputados y la mitad del Senado, en unas votaciones que inauguran un nuevo sistema electoral proporcional.
"Vamos a transformar a
Chile en ocho años en un país desarrollado", dijo el favorito Piñera, un millonario de 67 años –dueño de una fortuna de US$ 2.700 millones, según la revista Forbes– en la presentación de su programa de gobierno que seduce a los empresarios y a unos mercados que dan por un hecho su victoria, tras cuatro años de gobierno socialista.
El oficialista Guillier, de 64 años, un senador que es conocido por su anterior trayectoria como periodista de televisión, que defiende la gestión del conglomerado Nueva Mayoría, tiene esperanzas de que haya una segunda vuelta, el 17 de diciembre, y que reciba el apoyo de todas las fuerzas de izquierda para derrotar a Piñera.
"Vamos a ir a la primera vuelta como una especie de primarias del mundo progresista, pero creo que la inmensa mayoría de los ciudadanos vamos a concurrir a reagruparnos para la segunda vuelta y ahí vamos a entrar a una clara competencia con la derecha", dijo.
Guillier, que pese a ser
candidato del oficialismo no recibió apoyo explícito de Bachelet, enfrenta una interna delicada de la izquierda que es probable que se agrave si pierda en la urnas.
Fragmentación
Hace por lo menos siete meses que Bachelet percibía una caída electoral de la izquierda chilena si se deshacía la unidad que llevó al poder a Salvador Allende y que con su actual administración completa 24 años de gobierno de la era pos-Pinochet.
"En un período que exige cambios de fondo, y al mismo tiempo certidumbres en la sociedad y sustentabilidad en los avances, es imprescindible reafirmar un criterio político clave: no hay cambios sustentables sin grandes mayorías que compartan su sentido y lo apoyen", afirmó el pasado 27 de abril en la inauguración de un seminario internacional que reunió a partidos progresistas de Europa y América Latina.
"No hay progreso –dijo– sin una sólida alianza entre el centro y la izquierda" e hizo referencia a los entendimientos políticos "entre el humanismo social cristiano y el humanismo socialista" en la historia reciente de su país.
Desde entonces, la izquierda chilena comenzó un proceso de fracturas internas que se tradujo en múltiples candidaturas que la debilitaron en la carrera electoral que este domingo 19 completa la primera etapa.
Es la primera vez que dos candidatos representan a la izquierda gobernante que había logrado cierta unidad para llegar al poder. "La fragmentación de la izquierda se ha evidenciado en seis candidatos que no pudieron consolidar ideas comunes o coaliciones", dijo a
El Observador Pedro Piedrahita, doctor en ciencia política, un estudioso de la realidad chilena.
¿Por qué está tan dividida la izquierda chilena? "Puede explicarse por dos vías: la primera, por lo que se denomina el cálculo electoral, que en muchas ocasiones no permite generar alianzas y terminan compitiendo entre ellos mismos.
La segunda, por un fenómeno de inconformidad mundial con la política", según el académico.
Los postulantes tratan de atraer votantes muy críticos con la idoneidad de los políticos, del Estado, incluso del propio sistema capitalista, para prestar servicios básicos como salud, seguridad y educación, y la falta de capacidad para hacer frente a los desafíos de la economía.
Pero hay una inconsistencia en que seis de ocho candidatos presidenciales representen una variada gama de izquierdas, cuando en Chile solo 16% de los ciudadanos declara alguna afinidad con esta ideología.
Las dificultades de convivencia entre los diferentes partidos que integran la coalición Nueva Mayoría, un conjunto ideológicamente variopinto –desde la Democracia Cristiana al Partido Comunista–, heredera de la antigua Concertación, también han sido ramalazos para preservar la unidad de la izquierda y ello se reflejó en los cambios en los gabinetes de una desconfiada Bachelet.
La presidenta también tiene una cuota de responsabilidad en la caída electoral del oficialismo que se expresa en el descontento popular sobre su gestión –un respaldo de 23% de los electores, según sondeos, cuando en su gestión anterior había llegado a 80%–.
"Hay un descontento con Bachelet que se refleja en su transición de una línea de centroizquierda o izquierda moderada, a una línea un poco radical en temas de impuestos que ha sido resistida por los empresarios", explicó Piedrahita.
Hay quienes responsabilizan a las políticas "retroexcavadoras" de Bachelet por el bajo desempeño de la economía trasandina, que apenas creció alrededor de 1,8% durante su mandato.
Otros creen que el gobierno socialista fue muy torpe en la comunicación de su ambicioso plan de reformas para modernizar la institucionalidad del país.
Las reformas también generaron escepticismo en la clase media, que no percibe aún ningún beneficio palpable en la vida cotidiana. El paquete reformista "más que fracasar, aún no ha mostrado resultados concretos" en el electorado, aseguró el cientista político.
En 2015, a un año de haber tomado por segunda vez las riendas del gobierno, la presidenta se vio perjudicada por un escándalo de
corrupción de su hijo mayor y de su nuera, que desde entonces afectó su popularidad.
"Afectó mi imagen, porque hubo mucha desinformación. Pasó y está bien. Entiendo que pasó y que, por supuesto, me afectó", reconoció la mandataria en una entrevista con BBC Mundo sobre un asunto que terminó reforzando una sensación generalizada de los chilenos de que hubo un aumento de casos de malversación de fondos públicos.
Para Piedrahita, la fractura de la izquierda, una enrevesada situación económica y el malestar general de los ciudadanos con la política, fortalecen una candidatura como la de Piñera.
"El cálculo de los ciudadanos es que tal vez un empresario puede resolver de manera directa sus exigencias constantes", según el politólogo. Es que Piñera "es visto hoy como el candidato que puede conducir a Chile al fortalecimiento económico", agregó.
Por todo ello es muy probable que el expresidente sea el nuevo inquilino del Palacio de la Moneda, y fortifique el arco de derecha o de centro derecha que gobierna en Argentina, Brasil y Perú.
Y ya se lo puede imaginar sonriente no solo porque acaricia la victoria sino porque el próximo jefe de Estado, que asumirá el 11 de marzo, recibirá una economía en alza por factores externos y las expectativas que genera un cambio de signo del gobierno.
Las reformas
La actual presidenta socialista, Michelle Bachelet, consiguió ejecutar un ambicioso plan de reformas, entre ellas la educativa, que instaló un sistema progresivo de gratuidad en la educación superior.
Aprobó la unión civil, que beneficia a las parejas homosexuales, y el aborto terapéutico.
También aprobó una reforma laboral y otra tributaria, que fueron cuestionadas por los empresarios, y envió al Parlamento un controvertido proyecto que modifica el sistema de pensiones, que también fue blanco de numerosas críticas.
1,5%
Es la estimación de crecimiento en 2017
US$ 23.950
Es la renta anual per cápita que tiene Chile
23%
Es el respaldo que tiene Michelle Bachelet