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Quién es Katie Bouman, la primera en fotografiar un agujero negro

Gracias a un algoritmo desarrollado por la experta en ciencias de la computación, se logró capturar por primera vez un fenómeno especial para probar su existencia 

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11 de abril de 2019 a las 18:31

En 1952 se obtenía la primera fotografía de aquello que era lo suficientemente pequeño como para ser imaginado. La química y cristalógrafa inglesa Rosalind Franklin logró evidenciar, mediante una fotografía que hacía uso de rayos X, la existencia de la molécula que contiene toda la información necesaria para hacer posible nuestra propia existencia: la molécula de ADN. Fue a partir de esta imagen, la cual no mostraba más que un manchón oscuro en forma de "X", que los biólogos James Watson y Francis Crick construyeron el modelo en tres dimensiones de dos hebras entrelazadas que hoy es parte del imaginario colectivo de la humanidad.

Más de medio siglo después, el pasado miércoles 10 de abril de 2019, se obtuvo otra foto que quedará grabada en la historia, esta vez referente a aquello que es lo suficientemente grande como para ser imaginado. Gracias a un algoritmo ideado por la estadounidense Katie Bouman (29 años) y al arduo trabajo de otros 199 científicos de todo el mundo, se logró obtener la primera fotografía de un agujero negro.

Ya Albert Einstein había anticipado la existencia de un cuerpo lo suficientemente denso como para generar una fuerza gravitacional de la cual ni siquiera la luz podría escapar, pero el físico más importante y popular del siglo XX murió sin poder confirmar su teoría.

Bouman comenzó hace tres años a desarrollar el programa con el que se logró obtener el registro de este fenómeno icono de las historias de ciencia ficción. En aquel momento la investigadora era estudiante de posgrado del Instituto de Tecnología de Massachusets (MIT), y nunca se hubiese imaginado que por su ingenio sería comparada con Margaret Hamilton, la científica computacional e ingeniera de sistemas que desarrolló el software de navegación que permitió a Neil Armstrong llegar a la Luna.

Aunque los elogios cayeron sobre su persona en un impresionante aluvión a través de las redes sociales, Bouman asegura que nada hubiese sido posible sin la ayuda de todo un equipo multidisciplinario y multicultural.

El objeto fotografiado es 6.500 millones de veces más grande que el Sol situado en la galaxia Messier 87 (M87) y está a 55 millones de años luz de distancia. En realidad, el "agujero negro" no es hueco, no está vacío, sino que al ser un cuerpo tan masivo y con un campo gravitacional tan potente, la velocidad de la luz no es suficiente para que los fotones que la componen superen tal fuerza y puedan salirse del campo para llegar hasta el telescopio que debe captarlos para obtener la imagen. Es por esto que vemos al objeto oscuro con un halo de luz brillante alrededor, luz correspondiente a los polvos y gases que son calentados a millones de grados al ser atraídos. Además, a través de la imagen obtenida los científicos pudieron deducir que el agujero negro se encuentra en rotación en sentido horario, ya que la parte luminosa más brillante corresponde a los gases que se mueven hacia el observador, mientras que la luz más tenue corresponde a aquellos gases que se alejan del mismo.

Cuanto más lejano o pequeño es un objeto, mayor debe de ser el telescopio necesario para observarlo, y esto sumado a que se eligió detectar las longitudes de onda de una luz entre el infrarrojo y las microondas obligó a los investigadores a utilizar un telescopio del "tamaño de la Tierra". Como esto claramente es imposible actualmente, se decidió emplear ocho telescopios posicionados alrededor del globo terrestre que recabaron datos durante cinco días a principios de 2017. Estos datos sumaban 4 millones de gigabytes en total, por lo que era imposible usar Internet para su transporte, y debieron enviarse físicamente en discos duros para ser procesados. La imagen que copó las redes sociales fue construida gracias al procesamiento de toda esta información utilizando el algoritmo de Katie Bouman, y, como la imagen obtenida Rosalind Franklin, es un esbozo de una existencia que cambia la realidad científica para siempre.

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