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Antes del examen oral leían los apuntes. Cada minuto servía para practicar. Los profesores que integraban el tribunal se sentaron junto a la directora de Secundaria, Celsa Puente, y el consejero Javier Landoni. “Comienza la defensa. Vayan pasando en grupos”, dijo la profesora de arte, Flabia Fuentes.

Unos 20 presos del Comcar se sentaron en bancos del galpón de Comunidad Educativa de ese centro de reclusión y fueron pasando de a cuatro o cinco para la defensa de su último trabajo del año: Pres y Diario, una publicación anual que realizan con la materia de arte y filosofía. Ante las autoridades, y en defensa de su trabajo, uno de los reclusos indicó que la idea de la publicación es mostrar la forma en la que viven. “Mostrar cómo se trabaja de forma inhumana acá adentro y con promesas. Porque nos dicen que si hacemos horas extra nos pueden reducir la pena, pero el juez nunca lo tiene en cuenta”, dijo uno de los reclusos ante las autoridades, según presenció El Observador.

Los reclamos y reproches fueron escritos y pintados por ellos mismos. Un mural a la entrada del sector de educación de la cárcel muestra un gallinero, que según los presos los representa a ellos, y manos, ojos y caras de dolor que pintaron en negro “por el drama de la situación”. Pero también le agregaron algo de celeste, para que no todo sea gris, explicó uno de los presos a los profesores. A ese mural le llamaron El Guernica del Comcar.

Intentar terminar el liceo es uno de los objetivos de Daniel, un recluso que hace dos años que está allí y al que todavía le quedan seis. La defensa de ayer fue su último examen para terminar primero de liceo. “Si cuando salís de acá no querés seguir delinquiendo, estudiar es una oportunidad. Para que te tomen en un trabajo tenés que estudiar. Y mientras estás acá adentro, que se vive el día a día, esto te sirve”, dijo a El Observador.

Comer gracias a la familia

A pesar de que los reclusos reconocen que la comida ha mejorado con el paso de los años, “el rancho”, como le llaman al menú del día, no conforma. Falta de higiene en ollas que quedan 24 horas sin lavar, mala calidad nutricional que deriva en enfermedades gastrointestinales y comida que no llega a las celdas son algunas de las denuncias que escribieron en el último número de Pres y Diario.

“El día que comemos mejor es cuando la familia nos trae algo”, contó Juan Carlos, otro de los reclusos, a El Observador. Las visitas se cortaron de cuatro a dos días por semana. La comida que entra de afuera llega en uno de esos dos días. Si llega.


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Comcar Educación

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