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Reparar celulares: un oficio que crece cada vez más en Uruguay

Aumenta la cantidad de personas que decide estudiar cómo hacerlo para montar su negocio; la mayoría de los cursos no tienen requisitos de ingreso ni piden conocimientos previos más que las ganas de aprender 

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26 de enero de 2021 a las 05:00

Gonzalo Martínez - Especial para Cromo

En Uruguay hay más celulares que personas. Y el oficio de repararlos es un mundo que muchos deciden explorar cada vez más.

La ecuación es sencilla: si crece la cantidad de teléfonos, también lo hace la demanda de personas que necesitan que un profesional los auxilie cuando su dispositivo sufre un accidente o deja de funcionar por alguna falla.

No es un rubro para improvisaciones, y quienes buscan aprender cómo refaccionar un aparato de estas características tienen academias, varios particulares e incluso una tienda de servicio técnico que ofrecen clases y cursos.

“Apenas lanzamos el curso el año pasado, la respuesta que tuvimos fue impresionante”, aseguró Santiago Lencina a Cromo, uno de los docentes del taller que ofrece la empresa de reparación de celulares, GSM.

En 2020 se anotaron 50 alumnos, y para este año ya completaron los cupos de los talleres intensivos que darán en enero y febrero.

Julio Brites, docente en la escuela Ma-Pa, trabaja hace siete años dando clase, y cree que en el último tiempo la cantidad de personas inscriptas a sus talleres se ha incrementado en el entorno del 50%. “Es un crecimiento exponencial”, afirmó.

Antes tenía dos cursos los sábados, pero el año pasado llegó a darle clases a grupos de entre 15 y 20 alumnos, cuatro o cinco veces por semana.

El perfil de los interesados es variado. En los cursos se puede encontrar a un joven con escasos conocimientos para leer y escribir, o a un adulto de 50 años con estudios previos en electrónica. Una mujer pastelera, o un hombre recién recibido de contador. De Montevideo, pero también del interior. Muchachos, algunos menores de edad, o gente mayor. Liceales o jubilados.

La mayoría de los cursos no tienen requisitos de ingreso ni piden conocimientos previos más que las ganas de aprender. Eso es una buena oportunidad para muchos jóvenes ávidos de incursionar en el mundo de la tecnología.

Algunos buscan “algo para hacer”, otros pretenden “un ingreso extra” para complementar el salario, y otros, sencillamente, quieren encontrar su "medio de vida".

Adrián Pais (30), por ejemplo, decidió estudiar cómo reparar celulares porque está convencido que "esto es el futuro" y el trabajo "es permanente". En diálogo con Cromo, dijo que lo más importante que adquirió en el curso que hizo fue "aprender a pensar cómo orientarse" ante un desperfecto técnico. "Cuando te traen un equipo te genera esa curiosidad: ¿lo podré reparar?", contó.

Pais vive en Maldonado y antes vendía celulares. Tercerizaba el servicio técnico, pero como se dio cuenta que eso era un gasto importante, decidió hacerse camino para expandir el negocio.

Es un caso parecido al de Marcelo Baldivia (45), que trabaja en una casa de informática en San José y vio que en la reparación de teléfonos había un nicho con el que podía explotar en la empresa. "Arranqué por ahí y hoy tenemos un funcionamiento notable", contó.

Las características de los cursos varían según la oferta que se elija. Algunos hacen más hincapié en la parte práctica, mientras otros hacen énfasis en la importancia de los conocimientos teóricos. Hay opciones semestrales o intensivos de cuatro semanas. Algunos solo son presenciales, pero también hay posibilidades para hacerlos a distancia.

El crecimiento del rubro y la salida laboral

El 88,5% de los mayores de 14 años tienen al menos un celular, según datos de 2018 del Ministerio de Desarrollo Social, y a junio del año pasado había 5.338.883 servicios móviles, informó la Ursec. Las cifras dan un promedio de 1,5 equipos por persona.

Por si los números no fueran lo suficientemente alentadores para el sector, también es un hecho que los equipos están cada vez más incorporados a las actividades diarias.

En otras palabras, además de haber más teléfonos, cada vez son más necesarios. Como aumenta el uso, también crece la posibilidad de que se rompan. "La gente ve eso como una oportunidad, y aprovecha que es un mercado que está expandiéndose", explicó Lencina.

Además, el oficio en sí ofrece "algunas ventajas".

"Es un laburo que vos podés mezclar con otras cosas. Te podés dedicar 100% o como complemento", opinó Brites, que además de dar clases tiene su propio taller donde repara celulares. "A mí este rubro me cambió la vida. Yo estaba en un trabajo que no me gustaba y que la plata no me daba para nada, y formarme en esto me dio posibilidades, además de confianza en mí mismo ", agregó.

A su vez, el docente de escuelas Ma-Pa dijo que con la pandemia también hubo un salto en el interés en el rubro. No solo porque se usaron más los teléfonos, sino porque hay gente que perdió el trabajo y eso generó que "muchos empiecen a buscar otra salida laboral".

Pais, por su parte, comentó que es un rubro que te permite emprender y tener cierta "libertad horaria y económica". "Si hacés un buen trabajo y lográs un par de servicios al día podés sacar mucho más que el sueldo mínimo", aseguró.

A muchos les permite abrir sus propios negocios o al menos ofrecer un servicio a través de Mercado Libre. Otros buscan potenciar algo que ya hacen. Las empresas piden recomendaciones a las academias, y en ese caso se abre una puerta para el trabajo tercerizado. 

En GSM, por ejemplo, los cursos son una especie de "semillero", contó Lencina: "Cuando necesitemos más gente, obvio que vamos a llamar a quienes hicieron el curso con nosotros".

La buena demanda de este tipo de servicios favorecen no solo a quienes se forman en el oficio, sino a las empresas que se dedican a la venta específica de insumos, que cada vez son más.

A futuro, más crecimiento

"Estás sin el celular y te desesperás. Hay gente que nos llama para preguntarnos cómo va el arreglo y nos dice que lo necesita para laburar. Es un bien básico", expresó a Cromo el director de Mobidoc, Federico Sterenstein, que desde la experiencia de una empresa establecida hace algunos años agregó que la tendencia de crecimiento del rubro recién está empezando.

Sus colegas opinan lo mismo. Muchos creen que este nuevo oficio llegó para quedarse. "La gente puede prescindir de muchas cosas, pero del celular no", dijo Brites. Lencina expresó que "el smartphone está sustituyendo a la computadora" y que por ahí es que la gente "se está enganchando y preguntando para aprender".

Sin embargo, los cambios en los materiales que se usan y en la producción misma de los dispositivos hacen que recibir un curso y quedarse quieto no sea una opción. Al menos si se pretende seguir a la vanguardia y ofrecer un servicio de buena calidad. En este contexto, la formación permanente juega un papel fundamental.

"La tecnología avanza, entonces también debe avanzar el conocimiento", opinó Sterenstein. Pais se expresó en el mismo sentido y dijo que lo técnico debe ser "cada vez más especializado", por lo que si uno se sigue formando es "muy viable que pueda crecer".

La diferencia más importante puede hacerse, explicaron los expertos, en lo que uno aprenda y profundice en temas como electrónica y microelectrónica. "Cambiar piezas, se aprende, lo difícil es cuando empezás a trabajar en la placa madre de los celulares, con los problemas de circuitos, etc.", explicó Sterenstein.

Para el CEO de Mobidoc "está bueno que el mercado crezca porque la competencia te hace mejorar" e indicó que hacia adelante hay "sin duda muchos desafíos".

Sin embargo, también hay que tener en cuenta que la tendencia positiva en el mercado puede ofrecer una contracara. Baldivia comentó que conoce "algunos casos de gente que hacen o inician un curso, se creen grandes técnicos y después hacen cualquier macana". Añadió que eso salpica a los que trabajan bien, porque la gente puede generalizar y creer, por ejemplo, que "los que reparan teléfonos son unos chantas".

En todo caso, coinciden los profesionales, lo fundamental es ser prolijos con el trabajo y ofrecer "confianza" a los clientes.

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