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Emprender a golpes es el nombre del blog de Miguel Arias, probablemente porque es lo que lleva haciendo desde hace quince años. En uno de sus últimos post reconoce que "hasta hace pocos meses no hablaba ni leía, ni sabía, demasiado sobre innovación corporativa, ni abierta ni cerrada".
Desde noviembre, Miguel Arias es el director global de Telefónica Open Future, un paréntesis en su trayectoria de emprendedor que justifica así: "Después de llevar toda mi carrera trabajando en compañías en las que la estructura corporativa se ha construido de manera informal a mi alrededor, desde cero, tenía muchísima curiosidad por trabajar en un entorno ya establecido, con otras dinámicas y estructura".

Arias no es el primero, ni el último emprendedor en dar el paso a la gran empresa.

Lo confirman otros ejemplos como el de Joaquín Ayuso, fundador de Kuapay, fichado hace cuatro años por BBVA; y Derek White, creador del primer banco de Internet del mundo (Wingspan Bank), que hace poco se ha incorporado a dicha entidad tras liderar la iniciativa del banca digital de Barclays en Estados Unidos.

Lindsey Argalas, responsable de tecnología digital e innovación de Santander desde hace un año, aunque no ha fundado su propia compañía, ha respirado el espíritu emprendedor de Intuit, firma a la que estuvo ligada desde el año 2008 hasta su incorporación al banco.

Entre los españoles, Sergio Álvarez, cofundador de Carto, es uno de los últimos emprendedores que forma parte de la plantilla de Inditex: el pasado mes de febrero se trasladó a Arteixo (A Coruña) para desempeñar su puesto de product/tech en zara.com. Y esto es solo el principio de algo habitual en Estados Unidos y que empieza a calar en España.

José del Barrio, socio fundador de Samaipata Venture Capital y uno de los artífices de La Nevera Roja -adquirida por Just Eat en 2010-, cree que ya es una tendencia en ese país porque el ecosistema español se ha multiplicado por cinco.

Asegura que las empresas buscan en los emprendedores la agilidad que demanda la transformación y añade que, para los que han dedicado parte de su vida a crear nuevos negocios, incorporarse a una organización supone un desafío: dar la vuelta a algo de gran tamaño que carece de agilidad.
"Son conscientes de que cualquier pequeño cambio tiene un efecto apalancador enorme. En una start up haces cosas que tienen un impacto a corto plazo. En las grandes corporaciones como hay tanto apalancamiento operativo, el impacto es mucho mayor", explica Del Barrio.

Emprendedores a su pesar
François Derbaix, cofundador de Indexa Capital, también destaca el imán que poseen los emprendedores para captar la atención de las empresas: "Las que quieren innovar tienen interés en reclutar a alguien que haya estado en la cantera, por innovación y por agilidad".
Sin embargo, tiene sus dudas en cuanto al encaje y permanencia de estos perfiles en las organizaciones.
Menciona el caso de Carlos de Otto, fundador de Rockola.fm -primera radio online en España-, contratado por Telefónica como CEO thinking things, puesto que abandonó después de dos años para volver a poner en marcha nuevos negocios.

Diego Ballesteros, fundador y CEO de Bewe.io, coincide en que la adaptación a una manera distinta de hacer las cosas es complicada.

"Los emprendedores somos muy nerviosos e impacientes, no tenemos aversión al riesgo sino predisposición. Las grandes empresas tienden al orden, las start up al caos; en la toma de decisiones todo se madura y es más lento, mientras que en nuestro caso todo se basa en la prueba y el error... Al estar acostumbrados a este método de trabajo, tienen que hacer un gran esfuerzo para encajar. Un emprendedor de éxito no siempre triunfa en una gran empresa", argumenta.

Una rareza

Elena Gómez del Pozuelo, cofundadora y CEO de Bebedeparis, es inversora en start up. Pese a todo, sigue viendo como una rareza que un emprendedor se vaya a una multinacional: "La burocracia choca con la rapidez y la metodología prueba y error. Los verdaderos emprendedores no soportan mucho tiempo esa forma de trabajar".

Por eso los emprendedores que son tentados por una oferta se lo piensan antes de dar el sí.
Iñaki Arrola, fundador de coches.com y socio del fondo Vitamina K, dice que demandan retos, capacidad de hacer cosas, de transformar el entorno y de demostrar una nueva manera de trabajar. "Las organizaciones tienen que aprender a trabajar de otra manera, más ágil y conectada con el mundo exterior y acostumbrarse a perfiles que lo cuestionan todo y... claro que hay empresas que están preparadas para ello", comenta.

El movimiento en esa dirección es un hecho que ya empiezan a vivir en primera persona las firmas de selección y los cazatalentos, que ya no se sorprenden cuando alguno de sus clientes solicita que haya algún emprendedor en la terna de candidatos a un puesto.

Para que se entienda el mensaje de cambio

Plácido Fajardo, socio de LeaderLand, comenta que "fichar a algún emprendedor relevante ayuda a transmitir el mensaje de cambio y a que se entienda mejor, especialmente si el incorporado es capaz de ubicarse en el entorno y de influirlo positivamente, demostrando actitudes y comportamientos diferentes". Pero reconoce que no basta. Para alcanzar ese objetivo hay que hacer otras cosas al mismo tiempo: "La más importante es cambiar las políticas y los procedimientos internos, que tienden a ser rígidos y a fomentar el control y reforzar la jerarquía. Esos son los verdaderos muros contra los que se estrellan las mejores intenciones". Aunque confiesa que los candidatos de este tipo aún llegan con cuentagotas, y estima que para consolidar su contribución a la empresa son necesarios entre tres y cinco años, una permanencia que pocos alcanzan.
Los expertos en selección coinciden en que las empresas tienen que realizar un esfuerzo importante en cambiar procedimientos si quieren fidelizar a un emprendedor y sacar partido a todo su potencial.


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