Cuando el pasado domingo 10 de septiembre la tormenta Daniel se desató sobre varias zonas del este de Libia, la presión del diluvio hizo que la presa Abu Mansur, situada a 13 kilómetros de Derna y con una capacidad de 22,5 millones de metros cúbicos de agua, cediera y dejara paso a un caudal que hizo colapsar a la otra, Al Bilad, situada a sólo un kilómetro de la ciudad costera y con una capacidad de 1,5 millones de metros cúbicos. En minutos, el torrente llegó a Derna con la misma furia que un tsunami, según relataron los testigos.
La noche del pasado viernes, en medio de la investigación que abrió para dilucidar las circunstancias de la catástrofe, el fiscal general libio Al Seddik al-Sour señaló que las dos presas, construidas en los años 1970 por una empresa yugoslava, “no estaban diseñadas exclusivamente para recoger agua sino para proteger a Derna de las inundaciones”, que la habían afectado en 1941, 1959 y 1968.
El fiscal Al-Sour informó que la dirección de las presas en Libia ya había informado de grietas en las dos infraestructuras en 1998 y que las autoridades habían encargado en 2000 a una oficina de diseño italiana que evaluara los daños. Según el informe recibido, se recomendaba la construcción de una tercera presa para proteger la ciudad.
La investigación de la fiscalía detalla que, en 2007, el por entonces presidente libio Muamar Gadafi le encargó los trabajos de reparación de las dos represas a una compañía turca, pero las tareas no comenzaron hasta octubre de 2010 por falta de pago. Cinco meses después, la revolución de 2011 que derrocó y asesinó a Gadafi puso fin al contrato con la empresa. Y las represas siguieron igual.
Si bien a partir de 2011, cada presupuesto anual asignaba un porcentaje para la reparación, ninguno de los sucesivos gobiernos llevó a cabo los trabajos, y en 2021, el Tribunal de Cuentas libio denunció la postergación del ministerio competente en la reanudación de las obras. Y aunque un año después, en noviembre de 2022, el ingeniero y académico libio Abdel Wanis Ashur advirtió que se estaba “al borde de una catástrofe en Derna” si las autoridades no cumplían con el mantenimiento de ambas represas, los trabajos siguieron sin comenzar.
El informe de la fiscalía libia coincide con la afirmación de Petteri Taalas, jefe de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), una agencia de las Naciones Unidas (ONU): “La mayoría de las víctimas podrían haberse evitado”.
Derna es una ciudad de 100.000 habitantes ubicada en el este de Libia y es cruzada a lo largo por el río Uadi, que sólo tiene un curso considerable de agua durante la temporada de lluvias. Las dos represas que colapsaron, eran las encargadas de controlar cualquier desborde. Pero, según indican los partes informativos, edificios enteros fueron arrastrados por el agua, otros están medio derribados y se ven coches destruidos por todas partes.
En la madrugada de este sábado, el ministro de Sanidad libio Othman Abdeljalil dijo que el número de muertos era de 3.166. Pocas horas después, un comunicado de la Organización Mundial de la Salud (OMS) afirmó que se habían “encontrado e identificado los cuerpos de 3.958 personas, y que más de 9.000 siguen desaparecidas”, aunque no se precisaba la fuente de los datos. La controversia motivó que Abdeljalil dijera en conferencia de prensa que sólo su ministerio está autorizado para establecer el número de víctimas.
Manoelle Carton, coordinadora médica de un equipo de Médicos sin Fronteras (MSF) que llegó hace dos días a Derna, describió la situación como “caótica”, y aseguró que “impide la realización adecuada del censo e identificación de las víctimas”.
Pero ocurrida la catástrofe, la ayuda internacional para Derna comenzó a llegar este sábado, seis días después de las inundaciones, al mismo tiempo que se diluían las esperanzas de encontrar sobrevivientes entre los miles de desaparecidos. En el aeropuerto Benina, en Bengasi, una importante ciudad del este, un avión emiratí y un avión iraní descargaron toneladas de ayuda en camiones, para luego ser transportados a la zona del desastre, 300 kilómetros más al este.
Por su parte, la embajada de Italia anunció la llegada de un barco frente a la costa de Derna con tiendas y mantas, así como dos helicópteros y excavadoras para tareas de rescate. Arabia Saudita y Kuwait hicieron llegar suministros médicos, y el embajador francés en Libia, Mostafá Mihraje, dijo que “dos aviones franceses aterrizaron para desplegar un hospital de campaña lo más cerca posible de las poblaciones afectadas en Derna”.
La OMS envió 29 toneladas de equipos médicos desde su centro logístico global en Dubái. Su representante en Libia, Ahmed Zouiten, dijo que eran “suficientes como para ayudar a casi 250.000 personas, ya que esto es una catástrofe de proporciones épicas”.
Las organizaciones humanitarias Islamic Relief y MSF advirtieron sobre los riesgos de propagación de enfermedades, vinculadas a la posible contaminación del agua.
Mientras tanto, el trabajo de los equipos de rescate y búsqueda se ve obstaculizado por el caos político que impera en el país norteafricano desde la muerte de Gadafi. Desde entonces hay dos gobiernos rivales, uno en Trípoli (oeste), reconocido por la ONU y encabezado por el primer ministro Abdelhamid Dbeibah, y el otro en el este, afiliado al poderoso mariscal Khalifa Haftar. En el desconcierto, el jefe ejecutivo en el este de Libia, Osama Hamad, dijo que “sólo los equipos de búsqueda e investigadores libios y extranjeros” tendrán acceso a Derna desde este sábado.