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El 9 de junio de 2014 los combatientes de una organización denominada Estado Islámico en Irak y el Levante comenzaban a avanzar por Medio Oriente conquistando territorios. Al día siguiente –hace hoy un año– estos extremistas se hacían de la ciudad de Mosul, segunda más importante de Irak y desde entonces bastión del que se convertiría en el grupo terrorista más importante del mundo. Hoy Irak es tierra arrasada y las posibilidades de que haya una salida al conflicto se alejan del horizonte.

Rebautizado "Estado Islámico", el grupo yihadista proclamó en menos de un mes un "califato" en los extensos territorios que controla en zonas de Siria e Irak. Desde entonces, los yihadistas se han distinguido sobre todo por sus atrocidades, decapitando, crucificando, ejecutando en masa o sometiendo a esclavitud sexual a centenares de mujeres yazidíes, una minoría religiosa del noroeste de Irak.

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Estados Unidos invocó estos horrores, calificados de tentativa de "genocidio" por la ONU, para justificar sus bombardeos aéreos contra el grupo yihadista.

Una coalición internacional integrada por una treintena de países se desplazó sobre el terreno, extendió sus operaciones antiyihadistas a Siria y envió consejeros militares a Irak. Eso fue en setiembre y los resultados aún no se notan demasiado.

No alcanza Según la coalición hubo unos 4.000 bombardeos y se abatió a unos 10.000 yihadistas. También hubo algunos combates terrestres dirigidos por los extranjeros pero ejecutados por las fuerzas armadas de la región kurda iraquí, milicias chiitas y tribus sunitas. Pero el EI no parece estar muy debilitado.

El grupo incluso ha avanzado en Siria, con la excepción notable de su fracaso ante la ciudad kurda de Kobane.

En Irak, los yihadistas continúan avanzando ante las fuerzas gubernamentales. Así quedó demostrado recientemente en mayo con la toma de Ramadi, capital de la provincia de Al Anbar, que había resistido durante más de un año. Pero en Ramadi ocurrió lo mismo que en Mosul: las fuerzas oficiales se retiraron con gran desorden, dejando tras de sí centenares de millones de dólares en equipos, armamento y vehículos blindados.

Este botín de guerra contribuyó a reforzar las capacidades del grupo extremista sunita, que continúa, por otro lado, atrayendo a combatientes extranjeros. Según el último informe independiente, ya serían 20.000, y de estos hay unos 4.000 europeos.

Por otro lado, el EI aprovechó el resentimiento acumulado contra el poder chiita de Bagdad para avanzar por los territorios sunitas con el consentimiento de los habitantes.

Los desplazamientos masivos de población han modificado el equilibrio demográfico del país. Entre los tres millones de desplazados, numerosos árabes sunitas han llegado a regiones chiitas y kurdas, lo que podría convertirse en una fuente de tensiones confesionales.

El país está devastado y las arcas vacías, por lo que el gobierno no puede financiar las obras de reconstrucción necesarias para apaciguar la ira de la población.

Además, el EI ha destruido sitios arqueológicos de renombre como Nimrod y Hatra, y ha recurrido al saqueo de antigüedades para financiar sus operaciones.
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