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El síndrome del “banco vacío” aqueja a las escuelas uruguayas. En el último año —ya sin emergencia sanitaria por covid-19— los escolares tuvieron la chance de asistir a clase 180 días. Pero, en promedio, los niños faltaron al menos un mes entero.

La última edición del Monitor de Educación Inicial y Primaria, que las autoridades presentaron este jueves, evidencia que el ausentismo sigue siendo el “talón de Aquiles” en la edad escolar. Incluso el problema se agravó y está en guarismos aún peores que antes de la pandemia.

Porque si el promedio es magro, lo es aún más el extremo que se pierde entre la masa. Dos de cada diez alumnos tuvieron una asistencia insuficiente, como le dicen los técnicos a aquellos que solo dicen “presente” entre 71 y 140 días en un año lectivo entero. Para visualizarlo mejor: imagine un ómnibus de línea que va repleto de escolares con sus túnicas. Ahora imagine una fila de 1379 de esos ómnibus con escolares, uno atrás del otro. Le doy una ayuda para facilitarle la imaginación, sería una cola que va desde la escollera Sarandí hasta Carrasco por la rambla. Toda esa cantidad de niños (48.243) no fue a clase lo mínimo indispensable.

¿Cuál es el problema? Los niños no están aprendiendo lo suficiente o, como se decía antaño, “pierden la lección”. Las pruebas de Unesco evidencian que los alumnos de tercero de escuela que se ausentaron al menos dos veces en el último mes, obtienen 20 puntos menos en lectura y 19 puntos menos en matemáticas.

Pero ese sería el peor de los males: las pruebas uruguayas Aristas demuestran que “los estudiantes que declaran no haber faltado a clase en las últimas dos semanas obtienen, en promedio, valores más altos en motivación y autorregulación del aprendizaje, habilidades intrapersonales e interpersonales que aquellos que faltaron más de dos veces”. 

Eso tampoco lo es todo: dicen que la escuela es el mejor antídoto contra el fracaso escolar futuro, también es una protección para el niño (las maestras pueden notar a aquellos que son maltratados en sus hogares, es un control de higiene y sanitario), es un “anticonceptivo” para prevenir el embarazo no deseado en adolescentes, y es, a fin de cuentas, un tiempo para que el niño sea niño. Un derecho.

¿Y cuál es la consecuencia aparejada? Como sucede con casi todos los indicadores educativos, a los más pobres les va peor. Y eso, poco a poco, va agrandando la inequidad en la sociedad uruguaya.

Cuanto más rico es el contexto, mayor es la cantidad de días de asistencia a clase. Esa misma lógica ocurre con los grados escolares: a más edad, más concurrencia. De hecho, en educación inicial casi la mitad de los alumnos (45%) tuvo una asistencia inferior a los 140 días.

La educación inicial no es preescolares, porque su función no es preparar para la escuela. La educación inicial no es una guardería, porque no se trata de que los niños pasen allí un rato mientras sus padres trabajan. La educación inicial es, como dice su nombre, educación. Pero esa mentalidad aún no ha permeado a buena parte de la sociedad y ahí está parte de la génesis del problema. Así lo indica un estudio de Unicef hecho hace una década y que venía demostrando que, aunque los niños más pequeños se enferman más, la inasistencia es una cuestión cultural. Que Juancito se despertó cansado, que Laurita se quedó a dormir en lo de la abuela, que está lloviendo, que hace mucho calor…

¿Por qué faltan los que faltan?

Cuando las actuales autoridades de la educación elaboraron el primer borrador que motivaba la transformación curricular, justificaron que la desmotivación de los estudiantes era una de las principales causantes del ausentismo y abandono estudiantil. La consulta —a modo de encuesta— realizada a los docentes arrojaba lo mismo: la desmotivación es el principal desafío que el sistema tiene que afrontar.

Esta conclusión puede que tenga peso entre los adolescentes —o en niños grandes—, ¿pero en los escolares más chicos?

En el último año los escolares faltaron más que en 2009, cuando la epidemia de la gripe A vació buena parte de las aulas durante unas semanas. Las enfermedades explican parte, pero no todo. En el último año los escolares también se ausentaron más que en el conflictivo 2015, cuando el entonces presidente Tabaré Vázquez decretó la esencialidad de la enseñanza obligatoria. Así que los paros tampoco son la justificación. Ni las advertencias meteorológicas o los duelos.

Los estudios internacionales aplicados a Uruguay apuntan a lo mismo: hay un cúmulo de faltas por diversas causas, y hay muchas faltas que se explican porque la escuela no parece ser tan importante para algunas familias. Y esa cultura no la pudo revertir la premiación del “niño cero faltas”, ni la comida incluida en la escuela, ni la extensión del tiempo pedagógico, ni más idiomas, o deporte, o…

Existe un núcleo más duro, cercano a 2.040 niños, que asistieron tan poco a clase (menos de 70 días) que los técnicos los definen como abandono intermitente. Entre ellos figuran esos escolares que se quedaron sin familia y estuvieron muchos meses deambulando entre instituciones sin que el Estado les dé una solución inmediata.

El nuevo reglamento de pasaje de grado eliminó la repetición escolar en primero, tercero y quinto año, por lo cual el abandono por sí solo no es motivo para que un niño tenga que recursar.

El Monitor Educativo que presentaron este jueves insiste en que la repetición viene a la baja (está en valores históricamente bajos como narró esta nota de El Observador), pero siguen repitiendo más los más chicos y ese problema se arrastra en la trayectoria educativa de los niños.

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Déficit en aprendizajes Monitor educativo

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