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Ambos países compartimos una visión y vocación de apertura al comercio internacional. Somos países pequeños que requerimos de mercados internacionales y de la inversión extranjera para ampliar nuestra frontera productiva e impulsar el crecimiento y desarrollo económico. En Chile y Uruguay el sector externo representa alrededor del 60% de nuestras economías, por ello para ambos es fundamental que existan normas y reglas comerciales justas que den certidumbre y alienten el comercio y la inversión. El TLC firmado en octubre de 2016 entre ambos países es una oportunidad para desarrollar esas normas e incorporar nuevas temáticas con un sello progresista del comercio y sus beneficios para todos.

Hoy el multilateralismo en el mundo no avanza todo lo que debería y las negociaciones bilaterales han tejido una red complejísima de acuerdos comerciales que hacen que los países ganan competitividad abriendo mercados. Muchos de nuestros competidores gozan de privilegiadas condiciones de acceso en los mercados de exportación.

Quienes no negocian pierden posiciones relativas. Para "nivelar la cancha" con nuestro competidores en el mercado de China, EEUU o la UE, hay que pactar y negociar de manera inteligente y pragmática. Chile lo ha hecho por años, su comercio exterior ha crecido significativamente y el dinamismo de sus exportaciones e inversiones mutuas con sus socios con acuerdos comerciales ha sido mayor al resto.

En este contexto, este sábado 5 de mayo el plenario del Frente Amplio tiene una interesante oportunidad para debatir sobre la "Inserción Comercial Internacional del Uruguay" y el TLC firmado con Chile, sus beneficios y desafíos para un buen aprovechamiento de las oportunidades de este Acuerdo. Este TLC es un primer paso para profundizar esta política en el Uruguay y para el inicio de las adecuaciones en sus normativas internas con un país complementario y con una vasta experiencia además en negociaciones de tratados comerciales.

¿Qué contienen los capítulos más relevantes de este acuerdo con Chile?
Sobre el acuerdo en sí mismo, si se analiza lo negociado en materia de comercio de bienes y normas de origen (capítulo 2), el acuerdo no hace más que consolidar la libre circulación de mercancías ya alcanzada en el marco del ACE N° 35. Hoy ya el comercio bilateral –US$ 300 millones– en su totalidad goza de arancel 0% por lo que este TLC no implica rebajas adicionales de aranceles a ninguno de los países.

Además, el TLC incorpora nuevos compromisos para la eliminación de subsidios que ambos países no promovemos, ni aplicamos y que tanto distorsionan el comercio y lo mercados de nuestros productos agrícolas de exportación.

Establece una institucionalidad transparente como es el comité de comercio de bienes, que tendrá como función fomentar el comercio bilateral y abordar cualquier obstáculo al comercio que pueda surgir entre ambos países.

La sección sobre facilitación del comercio (capítulo 3), la cual tiene como objetivo agilizar y reducir el costo del comercio bilateral, es un aspecto nuevo que presenta este acuerdo en relación al ACE N° 35. Por tanto, el hecho de que este acuerdo sí lo incorpore e implemente, genera grandes beneficios para disminuir los tramites burocráticos de las empresas de ambos países.

Por otra parte, Uruguay y Chile también se comprometen a la eliminación de los obstáculos técnicos innecesarios al comercio, cooperación regulatoria y transparencia (capítulo 6). Adicionalmente, este capítulo incorpora la figura de un Comité de Obstáculos Técnicos al Comercio que tendrá como fin trabajar en la resolución y prevención de materias que puedas obstaculizar el comercio bilateral, complementando con ello las normas y disposiciones contenidas en el ACE N° 35.

En relación al comercio de servicios (capítulo 7), este acuerdo otorga importantes garantías a los proveedores de servicios ambos países ya que les asegura el derecho a un trato no discriminatorio, a la no imposición de cuotas que restrinjan su acceso a ese mercado, a regulaciones transparentes, objetivas y razonables, y a que no se condicione su exportación a establecerse en el territorio chileno.

En relación a la propiedad intelectual (capítulo 10) esta acuerdo no hace más que plantear un tratamiento equilibrado entre los derechos de los innovadores sobre sus creaciones y el componente social de utilización de los conocimientos en beneficio de los ciudadanos, reafirmando el compromiso de ambos países con el sistema internacional de Propiedad Intelectual, particularmente el Acuerdo sobre los Derechos de Propiedad Intelectual y el Comercio (Adpic) de la Organización Mundial de Comercio (OMC).

El capítulo 11, sobre asuntos laborales incluye compromisos de la legislación laboral y la aplicación y promoción de las normas fundamentales de trabajo reconocidas internacionalmente como: la libertad de asociación y libertad sindical, el derecho a la negociación colectiva y a la no discriminación en materia de empleo y ocupación y la abolición del trabajo forzado y del trabajo infantil.

Podríamos seguir enumerando los beneficios que reviste este acuerdo a través de capítulos como el de Pymes, Medio Ambiente, de Cooperación, o el de Género y Comercio siendo este último capítulo uno de los primeros acuerdos en el mundo en considerarlo. Este capítulo reafirma el compromiso de ambos países por implementar efectivamente su legislación, políticas y buenas prácticas relativas a equidad e igualdad de género, reconociéndose el comercio internacional como motor de desarrollo y en el que las partes reconocen la importancia de la incorporación de la perspectiva de género en la promoción de un crecimiento económico inclusivo.

¿Por qué es políticamente relevante ratificar este acuerdo?
A Uruguay le resulta muy importante ratificar este acuerdo para dar una señal de apertura que surge de la mano de un país hermano con el que ya se tiene un histórico relacionamiento económico, comercial y político.

Esta negociación no surgió de un día para otro. La misma se inició en febrero de 2016 y llevo cuatro rondas de conversaciones más la revisión legal de los textos. Fue por este trabajo dedicado y profesional que alcanzó un buen acuerdo, balanceado y beneficioso para ambos países. Por tanto ratificar el acuerdo es también un reconocimiento a este esfuerzo técnico-político de ambas partes.

Finalmente, este acuerdo es una enorme oportunidad para compartir experiencias. Chile tiene más de dos décadas negociando estos acuerdos hoy tiene una red de 26 acuerdos con 67 socios. Esta apertura fue compleja en los noventa pero hoy es un tema de consenso en Chile y ha sido fundamental para su crecimiento económico los últimos años.

Los acuerdos comerciales son solo instrumentos, un país se hace más competitivo con buenas instituciones, políticas públicas y por cierto mercados abiertos para nuestras exportaciones. Por ello, ratificando este acuerdo, Uruguay no solo se beneficiaría con el contenido del mismo, sino aprovechar esta política para hacerse más competitivo.

Andrés Rebolledo (@AndresReboll), Viceministro de Relaciones Económicas Internacionales de Chile durante gobierno de la Presidenta Michelle Bachelet.
Nicolás Albertoni (@N_Albertoni), Coordinador del Programa sobre Política Comercial del Centro de Seguridad y Política Económica de la Universidad del Sur de California (USC)

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