El director técnico de la selección uruguaya, Marcelo Bielsa, brinda su primera conferencia de prensa en lo que es su presentación como flamante DT de la celeste. pasado el mediodía de este miércoles.
El director técnico de la selección uruguaya, Marcelo Bielsa, brinda su primera conferencia de prensa en lo que es su presentación como flamante DT de la celeste. pasado el mediodía de este miércoles.
Cientos de periodistas, incluyendo varios de otros países, realizarán las 25 preguntas que están estipuladas de antemano.
Bielsa aborda los distintos temas que el periodismo quiere saber y Referí lo expresa desde aquí.
A la hora 12.47 apareció el nuevo entrenador para ser consultado por los periodistas y hubo aplausos y alguno, hasta se puso de pie.
Enseguida, habló el presidente de la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF) y habló del "orgullo" de tener a Bielsa como entrenador.
A su vez, Alonso le entregó una camiseta celeste con el nombre de Bielsa en su espalda, y también un cuadro un óleo del Estadio Centenario "que es un templo de todos los uruguayos y que ojalá que sea un marco de buenas jornadas para todos los uruguayos".
La pregunta es muy amplia. No tuvieron que convencerme, casi diría que todo lo contrario. Mi deseo de pertenecer a este proyecto tiene dos extremos muy convincentes para mí: uno es los jugadores que posee Uruguay, me gusta el grupo de jugadores que han representado a Uruguay en los últimos años y el otro es el destinatario que es el ciudadano de a pie. En ese sentido me tocó vivir una experiencia casual que tuvo un peso posteriormente decisivo en la toma de decisiones en lo que tiene que ver conmigo. A los jugadores no me resulta difícil calificarlos porque es mi oficio en 40 años. En cuanto a la gente, vine a pasar un fin de semana a Montevideo con mi esposa, nos fuimos quedando y nos quedamos dos meses. Un día le dije a mi esposa: 'Vamos a Carrasco a pasar el día y volvemos en el transporte público'. El viaje duró 45 minutos y se produjeron un montón de episodios que pusieron a prueba la civilidad de quienes iban arriba del micro. Nuestras conclusiones fueron la generosidad de la gente por cómo actuó en ese viaje en el que iban amontonados, para colmo, entró una mujer a tickear los boletos y no se podía mover y pensé "se termina la civilidad" e hizo todo como debía hacerlo en su trabajo sin problema. Esos dos elementos fueron de mucho peso.
No me acuerdo si nunca dirigí. Hay un concepto mundial de lo que es jugar bien. Hay matices en los que predomina la creación, la contundencia, la recuperación y en ese sentido, Uruguay ofrece versiones satisfactorias en todos los niveles.
No he hablado con cada uno de ellos. Creo que sí, que corresponde hablar, escuchar, ser escuchado y luego la inevitable tarea de decidir si es que es necesario hacerlo. No tengo una posición previa establecida y en el caso de los jugadores claramente identificados por su edad, hablar sin haber hablado con ellos no sería prudente.
Todos vamos a elegir ganar y no la vanidad del éxito. Todos los seres humanos pasamos por ese proceso. Algunos desarrollamos tareas más públicas y que muy equivocadamente se toman como referenciales.
No tengo previsto ningún viaje por el momento en cuanto a los jugadores uruguayos. En estos meses he generado tres o cuatro jugadores por posición y dentro de ese grupo de 33 o 40 jugadores, en esta primera experiencia, elegiré aquellos que menos conozca. Para terminar de conocer a un jugador es necesario un ciclo de entrenamientos. Utilizaré los 9 días de junio para familiarizarme con los que menos conozco, o menos he visto.
Los partidos por fecha FIFA están marcados por muchos condicionamientos y estos que se avecinan, no escapan a la posibilidad de describirlos según un montón de miradas. Si se pueden preparar o no, en qué momento del año suceden, muchísimos matices. Es una oportunidad de convivir durante nueve días con 10 jugadores en un escenario que no permite ese recurso con frecuencia, así que para mí es muy valioso.
Una cosa es la ilusión, otra la toma de conciencia. Hay países que si toman conciencia de su poderío y potencial, tienen menos chances de construir. Hay otros que la toma de conciencia puede llevarlo a la realidad, y hay otros que mezclan las dos cosas. Uruguay puede fantasear y tiene con qué alimentar esa fantasía.
Imponer un estilo o una forma de jugar es la combinación del entrenador, de los jugadores y un tiempo necesario de desarrollo para que la conjugación de esos elementos cristalice. Eso es muy difícil de medirlo, por lo cual, los entrenadores si hay algo que no pueden hacer, es actuar diferenciándose de lo que piensan y de lo que sienten, porque tienen la necesidad de convencer. Si me dice si voy a actuar en cuanto a lo que pienso y siento, la respuesta es sí. El procedimiento para aplicarlo, presenta dificultades. El día que Uruguay juegue ante Chile, el equipo se reúne el martes y juega el jueves. No le puedo decir que en esos dos días vamos a mostrar un estilo. Me permito creer que no será una tarea muy dificultosa la de consolidar un estilo. A veces, los entrenadores hablamos mucho más de la cuenta y las cosas suceden rápidamente y allí se desmitifica la.importancia que nos atribuyen. Ojalá que en este caso, pase eso.
Usted conoce a Tabárez mucho más que yo. Siempre he tenido respeto por su procedimiento y por lo que construyó estructuralmente en el fútbol uruguayo y luego la estructura traducida en resultados. Lo admiro, aunque la palabra admiración habría que usarla menos porque suena exagerada, aunque en este caso corresponde.
Ha jugado de lateral porque Xavi lo ha imaginado como el antídoto más efectivo para marcar al extremo más importante del mundo y no se equivocó porque Vinícius ha dicho que fue el rival que mejor lo marcó. Lo ha neutralizado y la respuesta ya está. El lugar en el que naturalmente lo usan y donde más cómodo se siente es como central. Es un jugador que se utiliza para las cosas más difíciles que hay que resolver.
'Iguales pero distintos', leí una vez sobre Uruguay y Argentina. Después usted me hace una pregunta que sabe la respuesta. En fútbol y siendo extranjero o connacional, la aceptación tiene un solo nombre que es victoria, triunfo. Después habrá más o menos paciencia, según que el que la protagoniza la merezca según el sentir popular o no. Por supuesto el rechazo a lo extranjero es legítimo, consolida la identificación de lo propio. Y eso es legítimo en un país que está futbolizado y que tiene jugadores y entrenadores prestigiosos en todo sentido. Después, también la interacción de las personas está vinculada a hacer lo que está bien y evitar hacer lo que está mal. Si usted a un hijo le dice 'portate bien', o le dice 'no te portes mal', sabe lo que tiene que hacer.
Hace muchos años que no dirijo selecciones, pero el fútbol, los recursos y el mundo del fútbol han cambiado. Siempre trato de incorporar lo nuevo y para eso necesito convencerme de que lo nuevo sustituye lo anterior con una nueva versión. Para eso hay que dominar lo nuevo. Estuve más de un año sin entrenar y mucho de ese tiempo, lo utilicé para conocer cosas nuevas y siempre trabajo con gente con 20 o 30 años menos que yo que ayudan con ideas nuevas. Si hay algo de lo actual que rechazo porque no conozco, le diría que no. Algunas cosas las rechazo porque las considero que no suman.
Vine a ver el Mundialito, había una canción que no me animo a cantarla que la pasaban por los altoparlantes. Era estudiante de educación física y me acuerdo de (Waldemar) Victorino y sus goles. Vinimos de ciruja, sin entrada, sin plata y vimos todos los partidos sin cometer delitos y ya me enamoré no de Uruguay, estaba enamorado del fútbol. También cuando uno es recibido en un país que no es el propio, hay que ser muy cuidadoso de lo que se dice para que no se confunda con demagogia, pero voy a correr el riesgo. Le comentaba a Ignacio Alonso y a sus compañeros lo que pienso. Tengo una dimensión como entrenador y el fútbol uruguayo ha construido mucho en los últimos 15 años. Si hay una desproporción entre la entidad que me contrata y el profesional que yo soy, claramente lo que ha pasado en los últimos 15 años, ha habido una expresión muy superior a lo que yo hice como entrenador. La expectativa por mí es desproporcionada y exagerada. Si dijera que el fútbol uruguayo es Obdulio Varela, es verdad, pero hoy no es Obdulio Varela.
El fútbol es la gente y los jugadores, y después estamos los que mediamos entre ambos, los entrenadores, los periodistas y los dirigentes. Creo que estos tres, somos lo peor del fútbol, claramente, y eso es verificable. El fútbol cada vez tiene más adeptos y cada vez se parece menos a lo que permite que un hincha se enamore del juego. Porque los resúmenes de 3 minutos no son el fútbol sino muchísimo menos. Es como si uno viviera con la esposa solo los sábados de noche. Si pasara eso, ningún matrimonio fracasaría. Para que el fútbol mantenga vigencia, hay que evitar destruirlo y los entrenadores, los dirigentes y los periodistas, hacemos lo imposible para que el fútbol sea peor y lo estamos consiguiendo. ¿Por qué? Porque cada vez hay menos jugadores que valga la pena ver. Y ni aún los poderosos como la liga inglesa pueden mantener la tradición y no dejarse absorber por la moda. Hay dos formas de definir el fútbol uruguayo: por los jugadores que están en el exterior y los que juegan en la liga local. Los mejores se van a Europa, los del medio se van a América del Norte, y los buenos, a los países de Sudamérica menos desarrollados. ¿De quién es la culpa? De nadie. Del mercado.
En el fútbol hay 20 grandes equipos y tampoco me los ofrecieron. Eso responde a cómo puedo ser uno de los grandes entrenadores del mundo, entonces no soy uno de los mejores del mundo y esta regla lo verifica. Los seres humanos lo que queremos es ser queridos, y en el fútbol, el afecto se consigue con una única manera: ganando.
No dije eso ni lo contrario. Simplemente dije que cualquier decisión que involucre a algún jugador uruguayo con antecedentes históricos, no puede ser tratada sin escucharlos. Soy muy respetuoso de los ídolos porque son patrimonio de la gente, el ídolo es un metal precioso para los más pobres. Jamás haría conscientemente algo que pudiera dañar a un ídolo.
Los procesos generacionales son naturales y se producen un poco más tarde o más temprano. Me cuesta mucho aventurar cómo puede darse un ciclo que no comienza y en el que no he tomado ninguna medida que pueda influir. Creo que está bien que actúe de ese modo.
Hay compañeros con los que trabajo hace muchos años que van a seguir cercanos a mí y hay algunos que prefiero que sean nacionales, uruguayos, porque me van a ayudar a conectar con mayor ayuda. Sí he hablado con Diego Alonso.
La palabra fracaso es muy diferente. Un jugador de básquetbol de la NBA (Giannis Antetokounmpo) recientemente la explicó notablemente. Yo no podría decirla. Sugiero esa respuesta. Fracaso y éxito significa que lo va a definir el orden con que termine en la tabla cada equipo y esa es una medida muy contundente, muy representativa, pero para algunos no es la única. Es un tema que los que perdemos con más frecuencia, estamos muy dispuestos a discutirlo y yo ya estoy un poco cansado de esas discusiones sobre lo que significa ser exitoso. Me asumo vinculado mucho más con el fracaso que con el éxito.
Nadie hace mejor a un jugador que no esté en condiciones de serlo. La primera conclusión es que es mucho más importante la materia prima que constituye un jugador de elite que el entrenador que contribuye a potenciarla. El entrenamiento es el recurso más efectivo, no el único. Después está poder incidir en lo que el jugador piensa y luego la imagen, el error, el acierto, la copia que es muy importante. Hoy es lo más importante de todos. La palabra copiar que parece despectiva, en el fútbol es indispensable. En Uruguay el joven jugador idolatra al jugador que quiere ser y entonces lo copia. De niño, iba a Montero, el pueblo de mi abuela en el que vivían 10 mil personas y había uno que jugaba bien. Le decían La Josefa, lo miraba. Al otro día daba dos horas la vuelta manzana en bicicleta para verlo salir. Eso es la idolatría. Si no hay referencia a quién copiar, es muy difícil. Es un elemento clave y necesita de la idolatría. Lo triste es cuando uno se enamora de Cristiano o Messi y no puede enamorarse del propio.
El legado de Tabárez no se puede competir ni reproducir. Yo haré lo que pueda, pero intentaré lo máximo. Después, veremos.
Soy argentino, estoy orgulloso de ser argentino, me gusta ser argentino. Segundo, amo al fútbol de mi país como no puede ser de otro modo. Tercero, más allá de que yo soy hincha del fútbol y el otro día escuchaba una frase de (Gerardo) Martino que decía que cuando va a ver a Newell's, si juega bien o juega mal, no le importa. Yo quería que Argentina saliera campeón del mundo de cualquier manera y después analizaríamos. Por supuesto que la recompensa que Messi obtuvo, es mucho más vinculada a su obstinación, paciencia y aguante, que a sus recursos que son extraordinarios. Hay dos cosas que me encantaron de la final. Antes del partido, hice una comparación y puse cada jugador francés comparado con cada jugador argentino en su puesto. Mi conclusión es que había nueve jugadores franceses mejores que nueve argentinos. Y dije, 'puta, qué partido difícil'. Y Argentina no solo mereció el triunfo, sino que dominó 80 minutos de 90. Para mí ese fue el mejor elogio de todos, que demostraron ser mucho mejor que los rivales cuando el análisis previo, indicaba lo contrario. Por primera vez noté que el público iba a acompañar al equipo aunque no ganara y eso no es propio del exitismo argentino. Se produjo la reunión de tres cosas: jugadores que le ganaron a superiores, lo segundo, un jugador como Messi con una gran estado mental, y tercero, un público que se mimetizó con el equipo a través de un amor sin condiciones. Esto fue algo que será inolvidable para todos los argentinos.
De los entrenadores uruguayos, seguí el tema. Se puso mucho énfasis en (Martín) Lasarte, para mí es un caballero. Para mí no dijo nada imprudente. Un día, dirigía a Real Sociedad y no sé si yo tenía una posibilidad de sucederlo no a corto plazo, y fui a ver un partido a San Sebastián y después siempre me reproché esa conducta, y él nunca me la reclamó. Siempre me pareció un tipo correctísimo, no tengo ningún reproche, como tampoco lo que dijeron otros técnicos uruguayos. Como también me parece legítimo que un técnico extranjero dirija fuera de su país. ¿Cuántos técnicos uruguayos hay alrededor del mundo? Sobre los juveniles, vi todo el Sudamericano sub 20 y la gran diferencia entre Uruguay y los demás, fue la consistencia colectiva, agregado a las individualidades, aglutinadas dentro de una idea colectiva muy bien desarrollada.
Las diferencias son muy grandes. En un club es una intervención constante y en una selección hay que reunir individualidades de gran nivel. Lo que estudié mucho es que los clubes que me podrían contratar en estos momentos, no tenían los jugadores que tiene Uruguay en este presente.