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Un fracaso disimulado: la izquierda y sus políticas sociales

El debate reduce el tema social a sus consecuencias, cuando ya arde a puro balazo

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11 de mayo de 2018 a las 05:00

Dentro del gobierno puede haber quien se haga el distraído, pero ya la situación parece tan delicada y evidente que hay quienes optaron por hablar: las políticas sociales de la izquierda, que en algún momento tuvieron carácter de "emergencia" y luego se apagaron en el radar, están haciendo agua por todos lados.

"El enfoque de las políticas sociales que hizo bajar la pobreza de 40% a 9% fue el correcto, pero ahora pasamos de pantalla. Cuando pasás de pantalla tenés que cambiar", dijo el sociólogo Gustavo Leal, asesor del Ministerio del Interior, en una entrevista con El Observador.

A su vez, el presidente del Frente Amplio, Javier Miranda, dijo en radio Sarandí: "Tenemos una fractura social y socioterritorial. Y no hemos logrado quebrar esa fractura social y eso no es aceptable luego de 13 años de gobierno (...) Ahí soy absolutamente crítico con mi gobierno, con mi partido y conmigo mismo".

Las madres adolescentes siguen estando 10 veces más presentes en barrios de la periferia que en la costa y los miles encajonados en una cifra que los muestra saliendo de la pobreza, siguen viviendo, con algún peso más, en las mismas zonas, con los mismos servicios, con sus jóvenes inactivos, en barrios donde manda el narco.

Pero eso no hace ruido. Por esa razón una de las áreas donde esta pauperización de la vida y ausencia de movilidad social se expresa con más evidencia es en la seguridad pública. Esa sí hace ruido. Y está atronando.

Por tanto, el escaso debate sobre asuntos en los que impacta el deterioro social se da en torno a si Bonomi debe renunciar, si tiene que hacer un cambio radical en sus políticas policiales, si hay que sacar los militares a la calle. Todos temas centrales, si se toma como tema la seguridad pública.
Pero en el universo que comprende las políticas sociales, el de la seguridad es un tema más. El escaso debate sobre políticas sociales se está dando en torno a un ministerio que llega a los temas sociales cuando estos están incendiados.

La actual generación de policías, muchos de ellos instruidos y con experiencia en el exterior, se queja de que están vaciando una bañera con un dedal, mientras el agua sigue saliendo de la canilla.
¿Qué tiene que ver la Policía con los nini, o con la brutal deserción estudiantil, o con la ausencia de familias en las casas, o con la violencia doméstica ejercida sobre niños?

Medimos los delitos y es noticia. No tenemos recursos para medir el tamaño del cerebro de los niños que nacen en la periferia para constatar si se está dando lo que la evidencia mostró en otras naciones: después de los tres años es muy difícil revertir los daños provocados a un ser humano que cuando crezca tendrá altas chances de que nos enteremos de su existencia en las páginas policiales.

Se reclama un cambio radical en las políticas de seguridad. La necesidad de un cambio similar en las políticas sociales no hace tanto ruido.

Cualquier opositor sabe más o menos cuántas rapiñas hay por año. ¿Cuántos saben qué pasó con el llamado Plan Siete Zonas, que mejoró los servicios en zonas deprimidas y la construcción de plazas de convivencia, entre otras medidas?

Por si no lo saben: Leal informó que "se transfirieron US$ 35 millones para en esta administración trabajar a gran escala y cuando se fue a discutir el presupuesto no había recursos".

Gobernar es poner prioridades. ¿Cuántos temas son tan importantes y de fondo como este de las siete zonas?

Así como muchos invocan al alcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani (dicho sea de paso, sus asesores, traídos por Edgardo Novick, elogiaron el nivel de tecnología que usa el gobierno en el combate a la delincuencia), pero también se podría mencionar el ejemplo de algunas ciudades de Colombia que pasaron de ser las más violentas del mundo a caer a mitad de tabla luego de políticas que enfatizaban más en instalar un teatro que una comisaría móvil en algunos barrios.
No se puede ser iluso. La mano en el margen se pudrió lo suficiente como para que cualquier política fracase, teniendo en cuenta la habitual falta de persistencia en la aplicación de políticas que no son mágicas.

Cincuenta años de decadencia, ¿en cuánto se revierten? ¿Qué plazo es lógico para empezar a tener resultados?

Quien dé el primer paso a fondo, no va a cosechar los resultados. Lo saben todos, y eso los interpela más a los gobernantes y a los que aspiran a gobernar.

Solo salimos de esta con generosidad política y social, algo bien distinto a la guerra a la que estamos asistiendo, cada vez más impávidos, por modernos que sean los equipos policiales.

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