Soberbio en el hábitat donde más cómodo se siente, la Copa Davis, insolente en el trato con los jueces, prepotente a la hora de enfrentar a los medios y auténtico para hablar mal de algún rival que no le cae en gracia. Simplemente volcánico. Desde que irrumpió en el circuito, en el año 2000, eso fue el tenista argentino David Nalbandian, además de un jugador talentoso y pasional. Pero con lo que hizo el domingo en la final de Queen’s superó un límite. El de la locura. Pasando directamente a la agresión física.
Un rey fuera de control
Historias de histeria de David Nalbandian en el circuito: insultos, desprecio, soberbia y ahora una patada a un árbitro