8 de junio de 2014 22:34 hs

Cuando Óscar Washington Tabárez asumió en 2006 su segundo ciclo al frente de la selección uruguaya dijo tajantemente que sus equipos jugarían con un esquema fijo: el tradicional 4-3-3.

Sin embargo, un duro revés sufrido en el debut de la Copa América de Venezuela 2007 (0-3 ante Perú) determinó que de ahí en adelante, sus ideas tácticas se volvieran mucho más flexibles.

Y también que la disposición numérica de los jugadores en la cancha respondiera más a una forma de sentir el juego –entrega solidaria, tenacidad defensiva, individualidades capaces de desequilibrar en los momentos precisos– que a un estilo que privilegiera la estética del juego o que se alineara con las tendencias en boga del fútbol ofensivo.

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Porque Uruguay no es un equipo que haga culto de la tenencia del balón. No tiene la capacidad para manejar la pelota ni de realizar un juego de posesión atacando masivamente o defendiéndose de sus rivales robándoles el balón.

Es poco imaginativo a la hora de ofrecer propuestas. Pero es de los equipos más duros del mundo a la hora de forjar respuestas.

Y ahí emergen sus fortalezas. Es firme en defensa con un Diego Godín que está entre los mejores zagueros del mundo. Es tenaz en la marca en la zona media con la presencia del Cacha Arévalo Ríos. Ha encontrado en Walter Gargano un fino pasador relegando el enorme despliegue del Ruso Pérez al banco. Es letal en los contragolpes ya que sus principales figuras juegan en ofensiva. Su estilo vertical y punzante lo hacen peligroso para cualquier rival, sobre todo por las bandas, ya que el equipo desechó el uso de la figura del enganche tras el debut mundialista en Sudáfrica 2010, luego de enfrentar a Francia (0-0).

Tabárez suele armar sus equipos en base a las fortalezas del rival de modo tal de debilitarlas para después intentar plasmar en el campo el potencial de su equipo.

Después de la lesión de Luis Suárez y los amistosos ante Irlanda del Norte (1-0) y Eslovenia (2-0), al DT aún le queda una duda: jugar con un 4-2-2-2 con Gastón Ramírez y Cristian Rodríguez como creadores o un 4-2-3-1 con Cristhian Stuani en lugar de Ramírez, Forlán retrasándose para generar juego y Cavani como centrodelantero.

Será clave para el andamiaje de una u otra estructura que funcionen las microsociedades de juego por las bandas que puedan abastecer la voracidad goleadora de Cavani. También será determinante en el devenir del torneo la recuperación de Suárez, el jugador más influyente del equipo.

Pero Uruguay ya está listo para plantar su bandera. Y dejarle grabado a sus rivales el sello de sus poderosas respuestas.

Para leer los perfiles de todos los equipos ir a la sección Los 32

Este artículo forma parte de la serie que El Observador irá publicando a lo largo de este mes del mundial, producto de la alianza con el diario inglés Guardian. El Observador y otros 31 medios de primer nivel de todos los paises que juegan en Brasil 2014 desarrollaron estos análisis que ahora seran publicados en todos los países de la red generada por Guardian.

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