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Víctima del humor

Cada tanto aparecen noticias de las que solían formar parte de la popular sección "Créalo o no".

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01 de agosto de 2017 a las 04:55

Cada tanto aparecen noticias de las que solían formar parte de la popular y regular sección de los diarios de antes llamada "Créalo o no". Este tipo de noticia genera un inusitado interés colectivo, porque exalta algún aspecto inexplicable de la condición humana.

La semana pasada, una de esas que son realmente difíciles de creer dio la vuelta al mundo, y su interés recobrará vigencia cuando se conozcan más detalles sobre lo ocurrido. Kenneth Ray Manzanares, de 39 años de edad, era un marido perfecto y para celebrar el aniversario de bodas viajó con su esposa en un crucero por Alaska. El matrimonio tiene tres hijas, que estaban haciendo el viaje con sus padres, y vivía en Utah, uno de los estados menos violentos de la Unión Americana

En el gigantesco barco viajaban otros 3.400 pasajeros, los cuales eran servidos por una tripulación de 1.100 personas. Dos días después de iniciado el 'idílico' viaje, una noche luego de la cena, el martes pasado a las nueve, Manzanares mató a su esposa, Kristy, también de 39 años, con la cual hacía 18 años que estaba casado.

Quiso borrar los rastros, pero fue atrapado a poco de ocurrido el crimen. Cuando la seguridad del crucero le estaba poniendo las esposas confesó que había matado a su mujer "porque no paraba de reírse de mí". Ni el mejor chiste del mundo podría crear un escenario tan sangriento como ese.

Tan sorprendidos como la policía, que todavía no puede entender lo sucedido, los vecinos dijeron que Manzanares parecía ser el marido perfecto y que era un tipo tranquilo; quienes la conocían pensaban que era la familia americana perfecta, con muy buenos ingresos, pues los dos implicados tenían trabajos de alta remuneración.

Nadie nunca notó signos de violencia familiar. Entonces, ¿qué mal de fondo había? ¿O fue un acto de locura instantánea?

El cine, en películas hoy clásicas, como Terciopelo azul y Belleza americana, centradas en la clase media que vive en los suburbios, ha invitado a sospechar de las apariencias de armonía perfecta, pues detrás de puertas cerradas las familias 'normales' pueden vivir un martirio cuya infernal condición no consiguen aplacar ni siquiera los más bellos paisajes que en las postales representan la felicidad.

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