El Ministro de Economía sorprendió a todos con el tono de su exposición en el último almuerzo de ADM. Allí, calificó en forma reiterada como temerarias las opiniones de quienes han sido críticos con el gobierno por la incorporación de algunas propuestas del mal llamado Diálogo Social. Su enojo fue manifiesto en las palabras, pero mas aún en la gestualidad admonitoria para quienes advirtieron sobre los riesgos para la economía nacional de ir por ese camino.
La alarma fue clara: agentes económicos, políticos, consultores, analistas de bancos de inversión, entre otros, reaccionaron ante las eventuales consecuencias financieras y el impacto sobre las cuentas públicas, y hasta los riesgos de estabilidad institucional y crediticio.
Gabriel Oddone no señaló en particular a nadie, pero parecía que fuera contra todos los que dudaran que el fuera capaz de “rifarse la sostenibilidad fiscal”. Menos contra si mismo.
En términos sicológicos el patrón de atribuirle las fallas que son propias a los demás se denomina proyección defensiva, de la que tempranamente el propio Freud escribió. Mas coloquialmente algunos hablan de la víctima victimaria. Y eso parece calzar bien con la actuación del Ministro.
Porque resulta claro que todo surge a partir de su propia impotencia para evitar que el PIT- CNT y los radicales de izquierda impusieran su agenda al gobierno en los temas de seguridad social y aumento del gasto público.
Pero ¿porqué estas opiniones pueden generar tanta inquietud? Allí es donde mas le cae la responsabilidad. Porque si existe tanta sensibilidad a flor de piel es por el estado de cosas generado por la conducción económica.
Hace menos de un año lo señalábamos en la discusión del presupuesto. Era insostenible seguir por el camino de aumentar el gasto, los impuestos y la deuda pública. Si no era satisfactoria la situación del déficit, había que actuar. Pero se optó por el camino de resignar el esfuerzo, apostando a la ilusión mágica del crecimiento de una economía nacional que ya estaba estancada y a la también improbable capacidad de la DGI de disminuir la brecha fiscal con mas eficiencia. Quedaron grabadas a fuego aquellas excusas de que no había mandato en un gobierno de izquierda para adecuar el gasto, o la resignación a que esta país sería siempre caro. La realidad hizo evidente el error.
El gobierno tiene la oportunidad, casi única, de actuar este año. El tiempo corre y se agota. Se sabe que las administraciones tienen poca capacidad de realización si no se imprime un ritmo de ejecución en el primer año de un gobierno, menos si se demoran otro año mas, y que decir cuando hay que revertir un rumbo equivocado.
En las próximas semanas se verá la capacidad de dar señales mas firmes y claras. Será cuestión de plantear correcciones en el anunciado proyecto de ley de desregulaciones y desempapelamiento, el proyecto de Rendición de Cuentas. Y especialmente en la gestión de gobierno y de las empresas públicas, donde no se depende tanto de la negociación parlamentaria, sino de la decisión propia. Abandonar el camino de comprar estancias, producir portland, seguir creciendo el numero de empleados públicos. No crear mas burocracias y organismos. Dejar de derrochar energía en desarmar lo hecho y en vez, abocarse a construir. Y no cometer imprudencias. Alejandro Sánchez acaba de declarar, ante el desplome del apoyo ciudadano al gobierno de Orsi que muestran las encuestas, que el rumbo es correcto, que hay que apretar el acelerador, y llevar adelante lo aprobado en el Presupuesto. O sea agarrar impulso para una fuerte colisión con la realidad. La incapacidad para ver, o la necedad de no querer hacerlo. Eso si sería temerario. Agravado por un escenario mundial que ya no es incierto, sino con las certezas de la dificultad.
Llegó la hora de hacerse cargo de los errores propios, la hora de la asumir firmeza frente a la insensatez. Eso será un mejor bálsamo para la irascibilidad que increpar urbi et orbi a todos los demás. Así quizás -el año que viene- los comensales saldrán menos escaldados.