Uruguaya a la que un misil destruyó su apartamento en Tel Aviv se salvó por un mal presentimiento: "El sock de entender lo que había pasado"
Amy Beitler relató como fue estar a una cuadra del impacto de misil de Irán que causó veinte heridos y costó la vida a una trabajadora; su padre dice que "está en su casa" porque "es su lugar en el mundo. ¿Para qué quiero que vuelva?”
Apartamento de la uruguaya Amy Beitler tras el impacto de un misil en Tel Aviv
Cedida a El Observador
Cuando estalló la guerra con Irán, Amy Beitler tuvo un mal presentimiento. En los tres años y medio que lleva en Israel ya había escuchado alarmas tanto por misiles disparados por Hamas como por la pesada artillería iraní durante la llamada “Guerra de los 12 días” en junio del 2025. Pero esta vez decidió armar una mochila con sus documentos, plata, comida y agua.
Sus amigas, una argentina y una brasilera con quienes comparte apartamento en el centro de Tel Aviv, le dijeron que estaba exagerando. En este tipo de conflictos, las sirenas son cosa de todos los días. Suenan y a los pocos minutos la vida sigue como si nada. Difícil que algo se le escape al poderoso sistema antimisiles de Israel.
“No, chicas, tengo algo en la panza de que va a pasar algo”, anticipó Beitler. Sus amigas, “por suerte”, le siguieron la corriente.
La noche del 28 de febrero las sirenas sonaron al menos siete veces en todos los celulares y altoparlantes de Tel Aviv. Dos veces bajaron al refugio de su edificio, hasta que a la tercera, desconfiadas del mal estado de ese cuarto, se apuraron a conseguir un buen lugar en un refugio público a dos cuadras de allí.
Ahí estaban, dos pisos bajo tierra, cuando la alarma de las 22 horas ya no fue una alerta pasajera.
El impacto directo en el medio de Tel Aviv recorrió el mundo. Los misiles antibalísticos de Israel no lograron interceptarlo y la explosión reventó apartamentos de varios edificios a la redonda. Hubo 20 heridos entre los escombros y perdió la vida una mujer filipina que cuidaba a una señora. El portavoz de las Fuerzas de Defensa de Israel, Roni Kaplan, acudió al sitio al día siguiente para denunciar que “los iraníes están lanzando misiles balísticos a zonas civiles del país”, “mientras que Israel actúa de forma quirúrgica” para atacar objetivos militares.
Las puertas de emergencia del refugio público a dos cuadras se abrieron tras el gran “bum” de la explosión y el espacio se llenó de polvo. “Era muy difícil respirar. Fue el shock de entender que algo había pasado cerca”.
Frente a lo que vino después, a Beitler se le apagaron los pensamientos. Había autos que ardían en la calle y gritos de ayuda. En su apartamento, como el de todos los vecinos, la explosión barrió ventanas, camas, mamparas de baño, pedazos de techo, inodoros, puertas y hasta heladeras. Entendió en el momento que tenían que irse de ahí.
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Ella rescató lo que pudo del armario caído entre los vidrios rotos. En el desconcierto ni siquiera agarró ropa interior o cepillo de dientes. “Del estrés agarré cualquier cosa, un pijama, unos bikinis, no tenía sentido lo que guardé”. Los artículos de primera necesidad se los arrimaron en el correr de las horas los jóvenes voluntarios que se acercaron a atender a los afectados.
Al auto de su amiga se le había caído encima la ventana de algún edificio, pero igual se subieron para abandonar el lugar. “Fue muy triste. Nunca me imaginé que esto me iba a pasar a mí. Estoy acá hace tres años y medio y es triste ver cómo tu vida se derrumba”.
El país “seguro”
Las autoridades pretenden que los vecinos vuelvan a instalarse en sus apartamentos dentro de dos semanas. El principal edificio dañado, conocido en la cuadra por su estilo Bauhaus, fue demolido y en la zona hay máquinas, obreros y voluntarios por doquier que trabajan en reordenar el caos.
A Beitler el Estado le financia un hotel y las comidas, mientras que la municipalidad revisa las casas dañadas para afrontar las reparaciones. Ella tiene fotos de cada destrozo causado en el apartamento, porque con ellas puede solicitar el apoyo del Estado para recuperarlas.
Los voluntarios –que durante el día abundan en la plaza en la que Beitler solía tomar cada mañana el café del ahora destrozado comercio que queda sobre la esquina– ayudan a limpiar los vidrios y a trasladar las pertenencias a un lugar seguro.
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“Son niños que están terminando el liceo y que en poco van a entrar al Ejército (el servicio militar en Israel es obligatorio). Me ayudaron a poner náilon en las ventanas, a limpiar todo el piso. Vienen en medio de las alarmas y me ayudaron a mover cajas de un lado a otro, porque no podía dejar nada en mi casa por miedo a que entraran a robarme, porque la puerta se rompió. Tuve que guardar toda mi vida de tres años y medio en cajas en una hora y media”, relata Beitler.
Volver a su Uruguay natal, del que emigró una vez que culminó sus estudios de Diseño Gráfico en la Universidad ORT, no es siquiera una opción. A sus padres, que están en Montevideo, no se les pasa por la cabeza. Tampoco temen por su otro hijo, que quedó varado en Israel ante el cierre del espacio aéreo luego de haber viajado para una pasantía. “No tenemos miedo”, dice el padre desde el otro lado de la línea. “Es un país muy seguro y se toma las cosas en serio”.
“Ella (Amy) gracias a Dios no tuvo ningún rasguño. Por suerte son solamente daños materiales. Ella está bien, tiene mucha fuerza, un coraje inmenso, una resiliencia”. Al padre le preguntaron estos días si quería que su hija regresara a casa. “Ella ya volvió. Está en su casa. Es su lugar en el mundo. ¿Para qué quiero que vuelva?”.
La guerra en Medio Oriente continúa, pero ahora Israel se prepara para flexibilizar las directrices del Comando del Frente Interno a partir del jueves y hasta el sábado, aunque las clases y las playas permanecen cerradas.
En el Estado judío ya van 12 muertos por impacto de misil, al tiempo que Irán denuncia por encima de mil decesos. Las dos partes se acusan mutuamente de estar causando muertes civiles.
Las alarmas tampoco ceden, a tal punto que se pide a los medios de comunicación que no divulguen la ubicación exacta de las explosiones para no afinar la puntería iraní.