El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas realizó este viernes en Nueva York una segunda votación indicativa para medir el respaldo a los ocho aspirantes que buscan suceder a António Guterres al frente del organismo, y el resultado dejó al director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), el argentino Rafael Grossi, entre los tres candidatos con mayores chances de llegar a la etapa final del proceso.
La consulta, realizada a puertas cerradas y de manera confidencial, arrojó los siguientes resultados: la exministra de Relaciones Exteriores de Guyana, Carolyn Rodrigues-Birkett, obtuvo ocho votos de apoyo (“encouraged”), tres de rechazo (“discouraged”) y cuatro de “sin opinión”; la actual secretaria general de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (Unctad) y exvicepresidenta de Costa Rica, Rebeca Grynspan, sumó siete apoyos, cuatro rechazos y cuatro abstenciones; y Grossi obtuvo también siete apoyos, pero seis rechazos y solo dos abstenciones.
Los 15 miembros del Consejo —los cinco permanentes con poder de veto (Estados Unidos, China, Rusia, Francia y Reino Unido) y los diez rotativos— votaron con una boleta del mismo color, por lo que todavía no puede determinarse si alguna de las grandes potencias está dispuesta a bloquear a algún postulante. Ese dato será clave recién en la próxima instancia, prevista para mediados de septiembre, cuando los cinco permanentes utilicen una papeleta distinta para expresar sus posiciones: un rechazo de cualquiera de ellos equivale, en la práctica, a un veto y puede dejar fuera de competencia a un candidato.
Un tablero que se reordena
La comparación con la primera ronda, celebrada el 30 de julio, muestra un dato relevante para la candidatura argentina: mientras Grynspan retrocedió de diez a siete apoyos y Rodrigues-Birkett bajó de nueve a ocho, Grossi se mantuvo estable en siete votos favorables. Diplomáticos consultados por distintos medios interpretaron esa estabilidad como una señal de fortaleza relativa, en un proceso donde las adhesiones tienden a fragmentarse a medida que avanzan las rondas.
Carolyn Rodrigues-Birkett
Para obtener la recomendación formal del Consejo de Seguridad, un candidato necesita reunir al menos nueve votos y no recibir el veto de ninguno de los cinco miembros permanentes. Ninguno de los tres punteros alcanzó todavía ese número, lo que anticipa varias semanas de negociación antes de una definición. Una vez que el Consejo recomiende un nombre, este deberá ser elevado a la Asamblea General, que en la práctica suele ratificar al candidato propuesto.
La embajadora de Dinamarca ante la ONU, Christina Lassen, cuyo país ejerce este mes la presidencia rotativa del Consejo, evitó dar precisiones sobre los pasos siguientes: "Los candidatos serán informados de los resultados a través de los respectivos representantes permanentes de los Estados miembros que los nominaron", señaló, y agregó que todavía no hay fecha para la próxima votación indicativa. En sintonía, el embajador de la República Democrática del Congo, Zenon Ngay Mukongo, advirtió tras la reunión que "es demasiado pronto para lograr un consenso".
También surgió la posibilidad de que aparezcan nuevos nombres en la carrera. El representante permanente de Rusia ante el organismo, Vassili Nebenzia, planteó ese escenario un día antes de la votación: "Si, por ejemplo —y ahora estoy especulando—, se produce un estancamiento en torno a los candidatos que ya conocemos, si ninguno logra despegar, entonces creo que podríamos ver aparecer otras figuras". Antes de la consulta, el analista Daniel Forti, del centro de estudios International Crisis Group, había anticipado que las cinco potencias con poder de veto podrían reservar sus preferencias reales para una etapa más avanzada del proceso.
El peso de Grossi y sus rivales
Grossi, de 65 años, está al frente de la agencia nuclear de la ONU desde 2019 y ganó protagonismo internacional durante la guerra en Ucrania, por sus gestiones para evitar un accidente en la central nuclear de Zaporiyia, y más recientemente por su rol en las negociaciones vinculadas al programa nuclear de Irán. Ese perfil técnico y su exposición mediática constante son señalados por analistas como activos relevantes frente a un Consejo de Seguridad que buscará un perfil capaz de dialogar con las principales potencias.
Rodrigues-Birkett, de 52 años, y Grynspan, de 70, completan el podio de esta segunda ronda. Según el medio guyanés NEWS ROOM, que citó un documento no publicado con los resultados de la votación, la diplomática guyanesa se impuso en esta instancia informal. El resto de los candidatos —la expresidenta chilena Michelle Bachelet, de 74 años; la excanciller ecuatoriana María Fernanda Espinosa, de 61; la diplomática ecuatoriana Ivonne A-Baki, de 75; el diplomático ugandés Olara Otunnu, de 75, y el expresidente senegalés Macky Sall, de 64— quedaron con un respaldo mucho más acotado y sus postulaciones son consideradas, por ahora, casi testimoniales.
La carrera también está atravesada por una fuerte presión de género y geográfica: nunca en los 80 años de historia de la ONU una mujer ocupó la Secretaría General, y a la vez existe el reclamo de que, según la tradición de rotación regional, le corresponda el cargo a América Latina y el Caribe, lo que explica la abundancia de candidatos latinoamericanos en esta edición.
Un proceso condicionado por la política de las grandes potencias
La definición se da en un momento particularmente complejo para Naciones Unidas, marcado por el debilitamiento del multilateralismo, las divisiones dentro del Consejo de Seguridad y serias dificultades financieras. El gobierno del presidente estadounidense Donald Trump cuestiona con frecuencia el papel y el financiamiento del organismo, mientras los recortes presupuestarios afectan las operaciones humanitarias y de mantenimiento de la paz. En ese contexto, se espera que la decisión final dependa en gran medida de un acuerdo entre Estados Unidos, China y Rusia, con la opinión adicional del Reino Unido y Francia.
El actual secretario general, el portugués António Guterres, de 77 años, concluirá su segundo mandato de cinco años el 31 de diciembre de 2026, por lo que la ONU deberá contar con un nuevo jefe a partir de 2027. Aunque la votación de este viernes no tiene carácter vinculante, funciona como un termómetro del clima diplomático y confirma que, por ahora, la disputa real quedó reducida a tres nombres: Rodrigues-Birkett, Grynspan y Grossi. La instancia decisiva llegará en septiembre, cuando los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad utilicen por primera vez una boleta propia, con capacidad de veto, para definir el rumbo del proceso.