21 de julio 2025 - 18:11hs

La sensación de que algo no cierra es inevitable cuando se analiza el cierre de listas para las elecciones en provincia de Buenos Aires. Intendentes que dicen ir de candidatos a concejales "para impulsar la boleta desde abajo" y vicegobernadoras que permanecen en sus cargos configuran un panorama extraño.

Diego Valenzuela, Guillermo Montenegro y Mayra Mendoza ya dijeron públicamente que no van a ser testimoniales. Verónica Magario parece ser la única que falta por definir, aunque resultaría inexplicable que una vicegobernadora renuncie a su cargo para ser diputada provincial.

La lista de intendentes que van como candidatos a concejales en sus distritos se extiende: Mussi en Berazategui, Secco en Ensenada, Cagliardi en Berisso, Watson en Florencio Varela. Todos repiten el mismo argumento sobre "impulsar la boleta desde abajo". Algunos ya ni dudaron en decir que serán testimoniales.

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Esta estrategia revela una realidad cruda: ninguno cuenta con dirigentes reconocidos por los vecinos. Es el reconocimiento tácito de la ausencia de cuadros políticos con peso propio en las boletas.

Nombres sin respaldo partidario

Los espacios partidarios tradicionales muestran su desgaste. A diferencia de La Libertad Avanza —que por ser nuevo conserva cierto magnetismo de marca—, el resto presenta nombres de pila sin trayectoria reconocible. La situación del PJ es particularmente crítica: su lista no garantiza votos ni siquiera en el Conurbano. Tienen que jugar los dirigentes instalados.

Paradójicamente, hasta La Libertad Avanza enfrenta inconvenientes. Los nombres que emergen tienen pasados vinculados al peronismo o a Juntos por el Cambio. El caso paradigmático es Maxi Bondarenko, candidato en la tercera sección (La Matanza, Quilmes, Avellaneda, Lomas), ex comisario que fue concejal en Florencio Varela por Juntos por el Cambio, del lado del PRO.

Bondarenko representa un perfil interesante: su experiencia en seguridad —tema sensible en la provincia— combinada con un estilo comunicacional llamativo lo posicionaba como figura emergente. Sin embargo, tras la derrota de Juntos por el Cambio en 2019 y su ruptura con el PRO, permaneció en el ostracismo hasta reaparecer ahora de la mano de Milei.

La jugada de último momento

El ingreso tardío de Mayra Mendoza a las listas ilustra las tensiones internas del peronismo. Su nombre surgió sobre el cierre, sugiriendo una intervención directa de Cristina Kirchner con un especie de ultimátum: "O va Mayra o se rompe todo".

Mendoza representaba la candidata preferida de La Cámpora para la tercera sección. Las semanas previas estuvieron marcadas por enfrentamientos entre los equipos de Kicillof, Máximo Kirchner y Massa, con niveles de desconfianza que hacían dudar de la posibilidad de acuerdo.

La resolución final otorgó a Kicillof los primeros lugares en Conurbano, primera y tercera sección, pero La Cámpora logró posiciones estratégicas. Facundo Tignanelli (alfil de Máximo) ocupa el segundo lugar, seguido por Mayra Mendoza. La rodearon a Magario con cuadros camporistas.

El enigma de la supervivencia electoral

La persistencia electoral de intendentes en distritos con evidentes problemas de gestión plantea interrogantes sobre el comportamiento del electorado. Mariano Cascallares de Almirante Brown, que va en cuarto lugar, es otro caso testigo de esta dinámica.

La explicación reside en las demandas diferenciadas según el sector social. Para los sectores más vulnerables, el intendente que "ayuda a comer" mantiene legitimidad. Para sectores medios, pequeñas obras de infraestructura (asfalto, plazas) generan reconocimiento suficiente.

Los intendentes conservan imágenes positivas en sus distritos pese a las carencias evidentes del Conurbano. Esta aparente contradicción se explica por el temor al cambio y la percepción de que "los otros también incumplieron promesas".

Elección inédita en la Provincia

La elección de septiembre presenta características inéditas en provincia de Buenos Aires. Por primera vez se desdobla de esta manera, configurando ocho elecciones separadas con boletas específicas por sección.

Esta fragmentación plantea la incógnita central: ¿prevalecerá la lógica nacional ("Milei o kirchnerismo") o el peso local de intendentes conocidos? La respuesta definirá si asistimos a una nacionalización del voto —como ocurrió en Ciudad de Buenos Aires— o si persisten las lealtades territoriales tradicionales.

La ausencia de precedentes convierte cualquier pronóstico en especulación. Lo único certero es que septiembre ofrecerá lecciones políticas inéditas sobre el comportamiento electoral bonaerense.

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