Aníbal Troilo, "Pichuco", fue mucho más que un virtuoso del bandoneón. Nacido el 11 de julio de 1914 en pleno barrio del Abasto, se convirtió en una de las figuras más influyentes de la historia del tango, dejando un legado que perdura hasta nuestros días. Su historia es la de un hombre que transformó para siempre el sonido del género que más amó, fusionando fuerza y melancolía en una síntesis musical única que lo consagró como el "Bandoneón Mayor de Buenos Aires".
Hijo de Aníbal Troilo y Felisa Bagnoli, creció en un ambiente familiar humilde pero lleno de música. Desde muy pequeño, Troilo mostró una pasión innata por la música popular de Buenos Aires. A los 10 años, con el apoyo incondicional de su madre, adquirió su primer bandoneón por 150 pesos, una suma considerable para la familia en aquella época.
Embed - Tigre viejo - Elvino Vardaro con A.Troilo - 1934
El punto de inflexión llegó el 1° de julio de 1937, cuando Troilo fundó su propia orquesta y debutó en el cabaret Marabú. Acompañado por músicos como Orlando Goñi, Enrique Kicho Díaz y Francisco Fiorentino, la formación rápidamente ganó popularidad tanto en los salones de tango como en las radios, un medio fundamental para la difusión musical de la época. La orquesta realizó sus primeras grabaciones para el sello Víctor, iniciando una discografía que abarcaría décadas.
La orquesta de Troilo no solo se destacó por su virtuosismo técnico, sino por desarrollar un sonido distintivo que combinaba la expresión emocional con el ritmo característico del tango. Pichuco no se limitó a ser intérprete: también fue arreglista y compositor prolífico, creando más de 60 obras a lo largo de su carrera. Entre sus composiciones más emblemáticas se encuentran "Sur", "Che bandoneón", "La última curda", "Barrio de tango" y "María", muchas de ellas en colaboración con grandes poetas como Homero Manzi, José María Contursi y Enrique Cadícamo.
Una síntesis musical revolucionaria
Para comprender la importancia de Troilo en la evolución del tango, es fundamental entender el contexto histórico del bandoneón en este género. Según el estudioso Eugenio Monjeau, experto en la obra de Troilo, "cuando se empezó a usar el bandoneón en el tango, el instrumento sonaba un poco como música de circo". Sin embargo, figuras como Pedro Maffia (1899-1967) comenzaron a transformar ese sonido, aportando un estilo "aterciopelado e intimista" que contribuyó a que el tango se volviera más sentimental.
Pedro Laurenz (1902-1972), por su parte, desarrolló un estilo completamente diferente: "brillante y frenético", en contraste con el intimismo de Maffia. A estos dos grandes nombres se sumó Ciríaco Ortiz, completando el trío de titanes que precedió a Troilo.
La genialidad de Pichuco, según Monjeau, radica en que "ya desde las primeras grabaciones de Troilo se aprecia su rasgo más distintivo, una conjunción única de 'polenta' y melancolía, el resultado de haber reunido los estilos de los tres titanes que lo precedieron". Esta síntesis no era solo evidente en sus interpretaciones como bandoneonista, sino que definía el sonido completo de su orquesta.
La influencia de esta fusión estilística se puede apreciar desde sus primeras grabaciones, como "Comme il faut" de 1938. Monjeau destaca que "al empuje de Laurenz, Troilo le suma una infinita melancolía, un intimismo que ciertamente viene de Maffia pero está muy exacerbado". Esta melancolía "por momentos alcanza una cualidad casi metafísica; parece como si el tiempo se detuviera".
Embed - Anibal Troilo - 1938 - Comme il faut
El propio Troilo describía esta experiencia trascendental con palabras hipnóticas: "Cuando el fuego empieza a sonar como me gusta, ya no me veo yo. Me voy o soy otro. Ni siquiera uno que vuelve porque lo vi antes. Tampoco el que fui o el que podría haber sido. Seguramente en ese momento —¿será realmente un momento?— soy otro; pero, como no lo reconozco ni después lo recuerdo, me quedo pensando que todo ese tiempo soy nada o todo. ¿Quién vivió ese pedazo de mi vida?"
El legado que trasciende el tiempo
Una de las colaboraciones más innovadoras de Troilo fue con Astor Piazzolla, quien se unió a su orquesta a finales de la década de 1930. Piazzolla, responsable de arreglos complejos y sofisticados como "Inspiración" y "Chiqué", influyó decisivamente en la evolución de la orquesta hacia composiciones más elaboradas. Aunque Piazzolla se alejó de la formación en 1944, su paso por la orquesta de Troilo fue fundamental para su posterior desarrollo como creador del "nuevo tango".
La orquesta de Troilo también fue plataforma para algunos de los más grandes cantores del tango argentino. Francisco Fiorentino, Roberto Goyeneche, Edmundo Rivero y Floreal Ruiz interpretaron sus composiciones más célebres, creando un sonido único que sigue siendo referencia para los músicos actuales. Con Fiorentino grabó algunos de sus temas más populares entre 1937 y 1943, incluyendo versiones definitivas de "Barrio de tango" y "María".
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Troilo también experimentó con formatos más intimistas, como el Cuarteto Troilo-Grela, que formó junto al guitarrista Roberto Grela en la década de 1960. Esta agrupación le permitió explorar nuevas sonoridades y liberarse de las limitaciones de las formaciones más grandes, grabando algunas de sus piezas más experimentales para el sello Polydor.
Su obra más emblemática, "Sur", en colaboración con Homero Manzi, se convirtió en un himno que habla de Buenos Aires, del abandono y la melancolía, siendo versionada innumerables veces por artistas de todo el mundo. La canción, compuesta en 1948, es considerada uno de los tangos más importantes de la historia del género. La muerte de Manzi en 1951 afectó profundamente a Troilo, quien le rindió homenaje con el tango "Responso".
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A pesar de sus luchas personales con el alcohol y las drogas, Troilo continuó creando hasta el final de su vida. Se casó con Zita en 1971, año en que también inauguró la Plaza “Homero Manzi” en Buenos Aires, un tributo a su amigo y colaborador. La ceremonia de inauguración contó con la presencia de numerosas figuras del tango y la cultura argentina.
La muerte de Pichuco el 19 de mayo de 1975, a causa de un derrame cerebral, representó una pérdida irreparable para la música argentina. Su velatorio en el Luna Park congregó a miles de personas que quisieron despedir al maestro. El cortejo fúnebre se extendió por 15 cuadras, desde el estadio hasta el cementerio de La Chacarita, donde descansa junto a otros grandes del tango.
Durante su carrera, Troilo realizó más de 700 grabaciones con su orquesta, incluyendo 78 RPM, long plays y simples. Su discografía abarca desde 1937 hasta 1975, documentando la evolución del tango durante cuatro décadas. Trabajó con sellos discográficos como Víctor, Odeon, Philips y Polydor, siendo uno de los artistas más prolíficos de la industria musical argentina.
Su legado también se extiende a través de los múltiples músicos que formaron parte de su orquesta a lo largo de los años. Más de 200 integrantes pasaron por sus filas, muchos de los cuales se convirtieron en figuras destacadas del tango. Entre ellos se cuentan bandoneonistas como Leopoldo Federico y Rodolfo Mederos, violinistas como Simón Bajour y Elvino Vardaro, y pianistas como Orlando Goñi y Osvaldo Berlingieri.
En 2005, el Congreso Nacional declaró el 11 de julio, día de su nacimiento, como el Día Nacional del Bandoneón, subrayando su contribución invaluable al tango y a la música popular argentina. Esta fecha se celebra anualmente en todo el país con conciertos y homenajes.
Hoy, nuevas generaciones de músicos continúan reivindicando su figura, rindiéndole homenaje con grabaciones y conciertos que mantienen vigente su música. Su particular estilo de ejecución, caracterizado por un sonido suave y casi etéreo, sigue siendo estudiado y emulado por bandoneonistas de todo el mundo. El Conservatorio Nacional de Música y la Universidad Católica Argentina han creado cátedras específicas dedicadas al estudio de su obra, mientras que el Instituto Nacional del Tango mantiene un archivo completo de sus grabaciones y partituras.