El economista Leopoldo Tornarolli, investigador del CEDLAS (UNLP) y director del Proyecto SEDLAC, compartió en una serie de posteos en su cuenta personal de la red social X un análisis estadístico que arroja luz sobre la participación de los jóvenes de entre 20 y 26 años en el sistema educativo terciario y universitario de Argentina. Utilizando datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) correspondientes al último trimestre de 2023 y al primero de 2024, Tornarolli expuso las profundas desigualdades que existen entre los diferentes quintiles de ingresos en cuanto al acceso y finalización de estudios universitarios y terciarios.
Uno de los datos más impactantes de Tornarolli es que la mayoría de los jóvenes provenientes de los sectores más pobres nunca accedieron a la educación terciaria o universitaria. En el gráfico que muestra la distribución por quintiles de ingreso, se observa que en el quintil más bajo (Q1), un 75.3% de los jóvenes de entre 20 y 26 años nunca asistieron a una institución terciaria o universitaria, cifra que se reduce al 66% en el siguiente quintil (Q2), al 57.4% en el tercer quintil (Q3), y al 31.9% en el quintil más alto (Q5).
Esta tendencia ilustra claramente cómo los sectores más pobres quedan excluidos del sistema educativo superior, mientras que los jóvenes de los sectores más ricos tienen un acceso mucho mayor, aunque aún una parte considerable (31.9%) no ha ingresado a estos niveles educativos.
La asistencia actual y los logros educativos
Entre aquellos que actualmente asisten a instituciones terciarias o universitarias, la diferencia entre quintiles también es notable. Según Tornarolli, en el quintil más bajo, solo el 14% de los jóvenes asisten a universidades públicas, mientras que en los quintiles más ricos esta cifra asciende al 27% o más. Además, es importante destacar que la asistencia a universidades privadas está muy concentrada en los quintiles más altos: en el quintil 5, un 8.9% de los jóvenes asisten a universidades privadas, mientras que en el quintil más bajo apenas un 1.4% lo hace.
Este patrón sugiere que las universidades públicas absorben la mayoría de los estudiantes de sectores más bajos, mientras que las instituciones privadas son prácticamente inaccesibles para ellos debido a su coste, concentrándose en las clases medias y altas.
Otro dato revelador del análisis de Tornarolli es el de los jóvenes que, habiendo asistido a una institución terciaria o universitaria, no lograron finalizar sus estudios. Esta situación es más común entre los jóvenes de los quintiles más altos. En el quintil más rico (Q5), por ejemplo, un 13.8% de los jóvenes ya completó una carrera universitaria, mientras que un 5.9% terminó una carrera terciaria. En los quintiles más bajos, estos porcentajes son considerablemente menores: en el Q1, solo el 0.6% ha completado una carrera universitaria, y un porcentaje similar lo ha hecho en el nivel terciario.
La composición de los asistentes
Tornarolli también destaca que, a nivel agregado, los jóvenes de ingresos bajos representan una mayor proporción de estudiantes en las instituciones públicas en comparación con las privadas. El gráfico sobre la distribución de los asistentes muestra que los jóvenes de los quintiles más bajos (Q1 y Q2) son predominantes en los sistemas públicos, tanto terciarios como universitarios, mientras que los quintiles más altos (Q4 y Q5) tienen una mayor presencia en las universidades privadas.
El análisis de Tornarolli deja en evidencia las barreras de ingreso y permanencia en el sistema universitario para los jóvenes de menores recursos. Mientras que las universidades públicas juegan un rol clave en absorber a los sectores más vulnerables, las disparidades siguen siendo profundas, con una menor proporción de jóvenes pobres finalizando estudios terciarios o universitarios.
Esta situación plantea la necesidad de implementar políticas públicas que fomenten una mayor inclusión en los niveles superiores de educación, no solo en términos de acceso, sino también de permanencia y finalización, asegurando que las oportunidades de desarrollo profesional no estén determinadas por la situación económica de origen.