9 de abril 2026 - 18:04hs

El ausentismo en la escuela secundaria argentina no solo creció: se concentró. Un informe publicado en marzo de 2026 por Argentinos por la Educación, organización dedicada al monitoreo de políticas educativas, reveló que el 51% de los estudiantes del último año de secundaria acumuló 15 o más inasistencias hasta el 24 de octubre de 2024, contra el 44% que registraba el mismo indicador dos años antes. Pero el dato más significativo no es ese porcentaje global, sino lo que ocurre debajo: el sistema educativo está partiendo a sus alumnos en dos grupos cada vez más distantes entre sí, y esa fractura no responde a una sola causa ni tiene una solución sencilla.

El informe, elaborado por Bruno Videla, docente de nivel secundario, y por Martín Nistal y Eugenia Orlicki, investigadores de Argentinos por la Educación, se basa en los cuestionarios complementarios del operativo Aprender 2024, la prueba nacional que evalúa a los alumnos del último año de secundaria en Lengua y Matemática. También incorpora datos de las pruebas PISA 2022 para una perspectiva comparada internacional.

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Este número crítico del 51% tiende a leerse como si todos los alumnos faltaran un poco más. Pero la realidad que muestran los datos es otra: entre 2022 y 2024, el grupo de estudiantes con más de 20 inasistencias pasó del 26% al 30%, y el de quienes acumularon entre 15 y 19 faltas subió del 18% al 21%. En simultáneo, el grupo intermedio —alumnos con entre 5 y 14 inasistencias— se redujo del 41% al 34%. Los estudiantes con muy pocas faltas, en cambio, permanecieron estables.

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El patrón es claro: no hubo un deterioro generalizado de la asistencia, sino un desplazamiento de un sector del alumnado hacia niveles de ausentismo más severos. Quienes ya faltaban bastante ahora faltan mucho más. Quienes asistían regularmente siguen haciéndolo. La escuela secundaria no está fallando de manera pareja: está perdiendo, de manera progresiva y acelerada, a un grupo específico de estudiantes.

Los propios autores del informe describen este fenómeno como una "polarización" en los niveles de asistencia. Las consecuencias de esa fractura no son menores: investigaciones internacionales citadas en el trabajo asocian el ausentismo crónico con mayores tasas de repetición, abandono escolar y, a largo plazo, con menores ingresos y mayor desempleo en la edad adulta.

El "no tenía ganas" como señal

Entre los motivos que declaran los estudiantes para justificar sus faltas, el informe registra una jerarquía que merece atención. El principal es problemas de salud propios, señalado por el 62% de los alumnos como uno de sus tres motivos principales. Pero en segundo lugar, con el 39%, aparece una respuesta que incomoda: "no tenía ganas de ir a la escuela".

Esa cifra no es homogénea. En las escuelas de gestión privada, el porcentaje de alumnos que eligió esa opción trepa al 49%, contra el 34% de las estatales. El dato contradice la hipótesis más extendida sobre el ausentismo —que es, ante todo, un problema de pobreza o de falta de recursos— y abre una dimensión diferente: la del vínculo entre los adolescentes y la institución escolar, independientemente del nivel socioeconómico.

Sandra Ziegler, investigadora del área de Educación de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso) Argentina, interpretó ese dato en términos precisos: "La relevancia del 'no tenía ganas de ir' no es anecdótica, sino que expresa un problema de sentido que conecta con la experiencia escolar y evidencia que está en juego la capacidad del sistema para articular bienestar, sostener pertenencia y construir condiciones efectivas para aprender."

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La distribución geográfica del ausentismo agrega otra capa al problema. Buenos Aires es la provincia con mayor proporción de alumnos con 15 o más inasistencias, con el 66%, seguida por la Ciudad de Buenos Aires (59%), Tierra del Fuego (55%) y La Pampa (54%). En el otro extremo, Santiago del Estero registra el 28%, San Juan el 29% y Jujuy el 30%. La brecha entre la provincia más afectada y la menos afectada supera los 38 puntos porcentuales, una diferencia que el informe constata pero no termina de explicar. Una hipótesis posible, que los datos no permiten confirmar ni descartar, es que en las provincias del norte la escuela conserva un peso simbólico y una promesa de movilidad social que en el conurbano bonaerense hace tiempo se erosionaron.

Lo que los datos no pueden decir

Hay una limitación estructural en este informe que sus propios autores reconocen con honestidad: toda la información sobre inasistencias proviene de los propios estudiantes, que respondieron un cuestionario en el marco de la prueba Aprender. Argentina no cuenta con un sistema público de registros nominales de asistencia que sea completo, abierto y comparable entre provincias. Algunas jurisdicciones avanzaron en el desarrollo de esos sistemas, pero no existe un registro consolidado a nivel nacional.

Eso tiene consecuencias metodológicas concretas. Los autorreportes pueden estar sesgados en cualquier dirección: un alumno puede minimizar sus faltas por vergüenza o sobreestimarlas por descuido. Sin embargo, dado que el instrumento y las fechas de medición fueron prácticamente idénticos en 2022 y 2024 —el operativo Aprender se realizó el 19 de octubre de 2022 y el 24 de octubre de 2024—, la tendencia que muestra la comparación entre ambos años es metodológicamente sólida, aunque el número exacto del 51% deba tomarse como una aproximación.

La ausencia de datos administrativos confiables también tiene una dimensión política: sin registros precisos, cualquier política de reducción del ausentismo opera a ciegas. No se puede saber qué perfiles de estudiantes están en riesgo, en qué escuelas se concentra el problema ni en qué momento del año se disparan las inasistencias. El Ministerio de Capital Humano publicó en noviembre de 2025 un primer análisis basado en registros nominales diarios del Sistema de Gestión Escolar, pero su cobertura es aún parcial y no representativa de todo el país.

Videla, el docente coautor del informe, señaló con precisión el límite de las respuestas administrativas al problema: "Declarar la obligatoriedad sin que nadie deba pagar un costo por incumplir dicha obligación trae como consecuencia que esta se transforme en una simple declaración de intenciones. En este marco, medidas tales como sumar días de clase al calendario escolar son como querer atrapar el aire con las manos."

En perspectiva internacional, Argentina no está en una situación excepcional pero tampoco tranquilizadora. Según datos de PISA 2022, el 47% de los directores argentinos considera que el ausentismo estudiantil limita el aprendizaje en sus escuelas, lo que ubica al país en el puesto 26 entre los 81 sistemas educativos que participaron de esa evaluación. Los países donde el problema es más grave son Costa Rica (67%), Polonia (61%) y Marruecos (60%). En el extremo opuesto, Hong Kong (5%), Singapur (7%) y Japón (11%) muestran niveles casi marginales de preocupación directiva por este indicador.

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