En los últimos meses, se registraron hechos alarmantes en la Argentina que ponen en evidencia los riesgos que corren los menores al interactuar con las redes sociales. En Mendoza, dos casos relacionados con los desafíos virales en plataformas como TikTok conmocionaron a la sociedad: la muerte de un niño de 11 años y un abuso sexual en una escuela. Sin embargo, detrás de estas tragedias hay una realidad más compleja que involucra la influencia de las redes sociales en la construcción de la subjetividad de los adolescentes.
El caso del niño fallecido conmocionó a Mendoza cuando se descubrió que el menor intentó realizar el "blackout challenge", un reto viral en el que los participantes se provocan asfixia para grabarse y compartir el video. A pesar de los esfuerzos de los médicos, el niño no sobrevivió. Este es solo uno de los muchos casos en los que adolescentes se ven atraídos por estos retos sin comprender los riesgos letales que implican. Según Lucía Fainboim, especialista en ciudadanía digital, estos retos no son simples juegos, sino que están diseñados para aumentar la permanencia de los usuarios en las plataformas, un objetivo que las redes sociales persiguen de forma constante.
La especialista explica que las plataformas digitales están diseñadas para captar nuestra atención, utilizando estrategias que explotan la neurociencia y la psicología humana. "Estas plataformas están optimizadas para mantener a los usuarios pegados a la pantalla", señala. Lo más alarmante es que, en el caso de los menores, sus cerebros están en pleno desarrollo, lo que los hace especialmente vulnerables a estos estímulos. La constante gratificación instantánea y la exposición a contenidos potencialmente peligrosos configuran una realidad distorsionada que influye en su percepción del mundo y en sus decisiones.
También resalta que, aunque el uso de redes sociales está permitido solo para mayores de 14 años, un 80% de los niños entre 9 y 11 años ya las usan a diario. Esto, advierte, no debería naturalizarse. "Nada de lo que proponen las redes sociales es significativo o nutritivo para un niño o adolescente menor de 14 años", subraya la especialista.
La normalización de la violencia digital: el abuso escolar en Mendoza
El segundo caso ocurrido en Mendoza involucra a tres adolescentes acusados de abusar sexualmente de un compañero en pleno horario escolar. Los agresores justificaron su conducta como un "juego" basado en un desafío visto en redes sociales, específicamente en TikTok. Este hecho pone de relieve una realidad aún más preocupante: los niños y adolescentes, al igual que el caso del niño fallecido, a menudo no tienen las herramientas cognitivas para comprender la gravedad de los comportamientos que adoptan a partir de los contenidos digitales.
Fainboim subraya que los menores, al no contar con una mirada crítica, tienden a tomar literalmente lo que ven en las redes. "Pensamos que las habilidades operativas de los niños para usar las plataformas se traducen en habilidades reflexivas, pero no es así", explica la especialista. Este vacío de reflexión sobre los contenidos digitales hace que los niños y adolescentes no distingan entre lo que es un juego y lo que es una acción peligrosa o inapropiada.
Este fenómeno no solo es una preocupación para las familias, sino también para las escuelas. La normalización de comportamientos riesgosos, como los que involucran abuso o violencia, es un reflejo de la falta de control en el consumo de contenidos y el poder que tienen los "influencers" en los jóvenes. "Estamos ante un escenario en el que los adolescentes ven a los influencers como modelos a seguir, pero estos también están motivados por aumentar su número de seguidores, lo que a veces los lleva a proponer retos peligrosos", agrega.
Sobre el uso de redes sociales en la escuela, considera que no deberían estar permitidas, ya que su lógica distrae y compite deslealmente con las actividades escolares. "Las redes sociales están diseñadas para captar la atención, lo que genera una constante ansiedad por perderse algo, lo que va en contra de la rutina educativa", explica. Propone que las redes sociales solo deberían ser un objeto de estudio dentro de un contexto pedagógico, pero no ser utilizadas como una herramienta en el aula.
Neuquén: una medida radical contra el uso desmedido de redes
Frente a estos casos, algunas provincias empezaron a tomar medidas más drásticas para limitar el impacto de las redes sociales en el ámbito escolar. En Neuquén, el Ministerio de Educación decidió bloquear el acceso a plataformas como TikTok, Facebook e Instagram en todas las escuelas públicas de la provincia. El objetivo principal de esta medida es reducir las distracciones y centrarse en el aprendizaje, pero también responde a la preocupación por la exposición a contenidos inapropiados o peligrosos.
Si bien esta medida fue aplaudida por algunos, otros cuestionan si es suficiente para abordar el problema de fondo. Fainboim, por su parte, señala que estas restricciones pueden ser útiles en el corto plazo, pero no resuelven el problema estructural de fondo: la falta de una educación crítica sobre el uso de la tecnología. "Es necesario enseñar a los niños y adolescentes a comprender cómo funcionan estas plataformas y cómo se diseñan para atraparlos", dice la experta. Para ella, las restricciones por sí solas no son la solución definitiva.
La profesional recalca la importancia de la educación digital, destacando que el control parental es solo una herramienta dentro de un enfoque más amplio. "Lo fundamental es estar presentes, compartir momentos de pantalla con los niños, problematizar lo que ven y mantener un diálogo constante", señala. Para ella, la clave está en "no dejar a los niños solos en Internet, al igual que no los dejamos solos en otros espacios fuera de casa".
El camino hacia una crianza digital responsable
Frente a estos desafíos, se enfatiza la necesidad de un enfoque integral que combine el control parental, la educación digital y la construcción de habilidades reflexivas en los jóvenes. "Los padres deben estar alertas ante cualquier cambio de conducta y no descartar la influencia de lo digital", advierte Fainboim. La clave está en dialogar con los adolescentes sobre el funcionamiento de las plataformas, los intereses detrás de los retos virales y cómo estos pueden poner en riesgo su bienestar.
Además, es fundamental ofrecer alternativas de ocio y diversión que no dependan de la sobreestimulación digital. Como señala Fainboim, actividades como el juego con amigos o la lectura, aunque menos estimulantes, son cruciales para el desarrollo saludable de los menores. "El objetivo es crear un equilibrio, para que los niños y adolescentes no se pierdan en la búsqueda constante de la gratificación inmediata que ofrecen las redes sociales", concluye.