29 de octubre 2025 - 11:50hs

La definición de “clase media” se basa en criterios combinados de nivel de ingreso (generalmente entre 50% y 150% del ingreso medio per cápita o superior a cuatro veces la línea de pobreza, pero inferior al percentil 90-95 de distribución de ingresos) y acceso a bienes y servicios básicos (vivienda propia o adecuada, educación secundaria completa o superior, cobertura sanitaria formal, y capacidad para gastos no esenciales como transporte o recreación).

La clase media es fundamental para sostener el consumo, la inversión en educación y la cohesión social. Cuando se debilita, se resiente el tejido productivo y se profundizan las tensiones distributivas. Además, una clase media frustrada tiende a perder confianza en las instituciones y en la política económica, lo que genera un círculo vicioso de desconfianza y volatilidad.

La clase media argentina ha sido históricamente el motor social y económico del país, pero en los últimos cuarenta años ha sufrido un deterioro sostenido. Lo que antes era sinónimo de estabilidad, educación y movilidad social, hoy está atravesado por una sensación constante de fragilidad. Desde la década del 80, la inflación crónica, los vaivenes del tipo de cambio y las crisis recurrentes fueron erosionando el poder adquisitivo y la capacidad de ahorro de los hogares medios.

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Dentro de los principales factores que generaron este retroceso hay causas estructurales y coyunturales. Por un lado, la economía argentina no logró consolidar un modelo de crecimiento estable: cada período de expansión estuvo seguido por crisis de endeudamiento o de inflación. Esto afectó directamente al ingreso real y al empleo formal.

Por otro lado, la pérdida de valor del peso y la dolarización parcial de los precios de bienes durables —como vivienda o autos— expulsaron a buena parte de la clase media del mercado de activos, limitando su posibilidad de acumular patrimonio.

Para revertir este ciclo lo importante es recuperar la estabilidad macroeconómica: sin inflación baja y previsible, no hay posibilidad de reconstruir la clase media. Pero también hace falta una agenda de crecimiento basada en productividad, empleo formal y educación de calidad. El desafío no es solo económico, sino también cultural: hay que devolverle a la clase media la expectativa de progreso que perdió hace décadas.

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