ver más

La uruguaya Paloma Lorenzo y la brasileña Bruna Vasconcelos se conocieron hace dos años puertas adentro de un local gastronómico. En ese recorrido, que las fue llevando en conjunto por diferentes locales, descubrieron que tenían mucho más en común de lo que imaginaban. Las dos estudiaron Relaciones Internacionales, llegaron a la gastronomía casi por accidente y se enamoraron del servicio. Y las dos, reconocen también en diálogo con Café y Negocios, se “pelearon” más de una vez con la gastronomía, con ciertas lógicas naturalizadas del rubro y con la violencia que todavía persiste puertas adentro.

Pero además, entre charlas y una amistad que se fue construyendo, descubrieron que no solo compartían incomodidades, sino también una idea bastante clara de lo que sí querían, un proyecto propio, con otras reglas, otra energía y otra forma de habitar la gastronomía.

Y aunque la materialización de esa idea es reciente y surgió de forma inesperada cuando se enteraron de que el lugar en el que trabajaban iba a cerrarse, para las emprendedoras Micela no empezó ahí. El proyecto, cuyo nombre remite al entramado subterráneo de los hongos, una red invisible que conecta, nutre y hace crecer, comenzó a gestarse mucho antes, en ese primer encuentro dos años atrás.

Un cierre y $ 300.000

WhatsApp Image 2026-04-24 at 10.56.02 AM (1)

Lorenzo y Vasconcelos trabajaban en la cafetería Las Cabras, que meses atrás decidió cerrar sus puertas y poner su local en alquiler.

“Sabíamos que Las Cabras iba a cerrar y nos preguntábamos qué iba a pasar con el local. Le teníamos cariño, conocíamos el espacio, a los vecinos, el barrio”, cuenta Vasconcelos.

Fue así que, en una charla con el dueño del local en el que trabajaban, le plantearon la posibilidad de alquilárselo.

Con ese sí, en diciembre empezó la carrera para tener pronto el lugar y el primer paso fue un acondicionamiento del local comercial.

“Queríamos un cambio de cara, para nosotras era muy importante cortar con lo que había sido Las Cabras, porque nosotras también habíamos sido parte y nos dejaba en un lugar medio raro. Tenía que quedar clarísimo que era una propuesta completamente distinta, porque va a ser el mismo espacio, nuestras mismas caras y la misma gente del barrio”, sostuvo Lorenzo.

Así, y de la mano de dos amigos que trabajan en el rubro, cambiaron la identidad y el diseño del local, que tiene dos espacios divididos en dos pisos. Mientras tanto, ellas se reunían con emprendedores locales para incorporar sus productos a la propuesta, una parte fundamental del proyecto.

“Nosotras jodemos con que rompimos un récord, nadie abrió nunca un local con tan poca plata”, sostienen las emprendedoras, en referencia a los $300.000 que destinaron en total a la puesta a punto del espacio y los materiales necesarios para la apertura.

En este camino sostuvieron que el rol de sus amigos fue fundamental, los de Montevideo y los de Recife (de donde es originaria Vasconcelos).

“Aparecieron amigos inversores, amigos constructores, amigos que pintaron, amigos que consiguieron piques de algún proveedor que nos faltaba. Nuestros amigos se juntaron e hicieron una colecta para regalarnos $25.000 para llegar con los que nos faltaban. Una nos prestó una tarjeta de crédito para comprar los parlantes que era lo último que nos quedaba. Esto es nuestro y es de todos”, resumieron sobre el trabajo de los últimos meses.

La propuesta: de after office a alacena de productos nacionales

Captura de pantalla 2026-04-24 140117

Micela, ubicado en Carlos Quijano 1256, esquina Soriano, abrirá de lunes a viernes de 16 a 22 horas a partir del 27 de abril, y su propuesta se basa en el momento de after office.

“No es una cafetería de merienda que está repleto en todo Montevideo, tampoco es un restorán. La idea es que las personas puedan hacer de este espacio lo que quieran después de la jornada. Es bastante un reflejo de lo que nos gustaría como consumidoras y treintañeras, lo que buscamos cuando salimos”, resumieron.

En cuanto a la propuesta gastronómica, se trata de un concepto de picoteo que tiene que ver con el horario y con la diversidad de lo que se consume en ese momento del día, desde café hasta vino, desde alfajores hasta picadas, quesos y ensaladitas.

En cuanto a los productos, otro de los diferenciales, señalaron, es que trabajarán con emprendimientos pequeños y locales, lo que se relaciona con su propuesta de alacena.

“Un problema que teníamos siempre en gastronomía era el contacto con los proveedores, no sabías con quién estabas trabajando. Y ese fue nuestro filtro para ver con quién íbamos a trabajar. Además, queremos ser una plataforma en la que las personas puedan probar los productos y asociarlo con marcas que quieran también hacer ese juego”, contaron.

De esa manera el formato consiste en utilizar productos seleccionados en la elaboración de la propuesta gastronómica, que los clientes luego se pueden llevar a partir de un espacio de exposición que hay en el local.

“Vamos a tener información para compartirles sobre cada proyecto porque la idea es que Micelia sea una plataforma que acerque a la gente a estos productos que se encuentran menos”, sostuvieron.

A modo de ejemplo, empezarán trabajando con Domingo vermut, Nakkal vinos, Ofelia mermeladas y Bendita infusiones, pero la idea es que los proyectos vayan mutando, en función de las alianzas que van a ir generando con distintos emprendimientos.

“Queremos que las marcas puedan usar el espacio para hacer eventos, tener una cartelera de emprendimientos del barrio, hablar con los chicos del cine universitario para hacer alguna movida, construir comunidad. No hay idea de expandirnos, abrir nuevos locales, la expansión es desde acá, desde este pequeño tamaño”, cerraron las emprendedoras sobre cómo se imaginan el futuro del proyecto.

Temas:

cafetería gastronómica historia emprendimiento

Seguí leyendo