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A riesgo de aburrir soberanamente a los lectores, no habrá más remedio que escribir, una vez más, sobre el Partido Nacional y su ya archiconocida tendencia a transitar los procesos internos dejando lastimaduras a diestra y siniestra, y aireando las heridas para que no quede nadie sin enterarse.

Esta vez el partido volvió a ser noticia porque la convención del sábado 28, en la que Álvaro Delgado (Aire Fresco) fue electo presidente del directorio blanco, no terminó de la mejor manera –se escucharon algunos abucheos- y las horas posteriores no hicieron más que reafirmar que las relaciones internas no son las mejores en el partido liderado por Luis Lacalle Pou.

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Lo que se viene será una permanente búsqueda de equilibrio en un Partido Nacional que quedó dividido entre quienes quieren llevar adelante una oposición “responsable”, y aquellos que pretenden más firmeza con el gobierno del Frente Amplio.

Entre esas orillas, los blancos ya pusieron proa temprana hacia las elecciones de 2029, aleccionados por el expresidente Lacalle Pou quien pretende volver al poder dentro de cinco años. Para eso necesita, entre otras cosas, que sus correligionarios no le compliquen la vida y generen un clima de unidad que todavía les es esquivo. “Se trata de un partido hormonal”, justificó el senador Sebastián Da Silva.

Delgado ganó por un margen acotado de 202 votos contra 184 de Javier García (Alianza País), 45 de Luis Alberto Heber (Herrerismo) y 33 del intendente de Florida, Carlos Enciso.

El sector del excandidato presidencial tendrá cinco representantes en el organismo, Alianza País seis, De Centro dos, uno el Herrerismo y otro lugar lo ocupará Enciso.

A nadie escapa que, además de los abucheos y la retirada de convencionales tras su proclamación, Delgado debió afrontar otras señales en su contra. Por ejemplo, el intendente de Rocha, Alejo Umpiérrez, no concurrió al evento del sábado y le pidió a sus convencionales que tampoco lo hicieran. En tanto, el senador, excandidato a intendente por Montevideo e importante referente de Aire Fresco, Martín Lema –quien estaba de viaje por el extranjero– no celebró la victoria, al menos públicamente, y se limitó a tuitear el discurso de Lacalle Pou.

Es más, el semanario Búsqueda informó que el propio expresidente le sugirió a Delgado que no batallara por la conducción del directorio, pero no fue escuchado.

A Delgado hay quienes lo señalan como uno de los principales responsables de la derrota de los blancos en las pasadas elecciones debido a la designación de Valeria Ripoll como compañera de fórmula, y de otros supuestos errores y falencias personales.

Mayormente, desde la Alianza País de Javier García se considera a Delgado como un “tibio” cuyas mejores horas ya quedaron atrás, y creen que debería haber hecho su propia autocrítica, dando un paso al costado y dejando que otro de sus compañeros, sin un pasado de “perdedor”, presidiera el directorio partidario.

Delgado es consciente de que su presidencia será colectiva porque “nadie tiene mayoría”, pero para algunos blancos no basta con la buena disposición del excandidato presidencial.

El senador Da Silva (Alianza País) dijo estar “un poquito cansado de no poder hablar de lo que pasó en la elección” ya que, sostuvo, hay una especie de “cancelación unitaria” que está pateando para adelante la autocrítica de lo sucedido en octubre y noviembre. Por supuesto que las ganas de autocrítica de Da Silva -quien explicó las diferencias en su partido por su carácter "hormonal"- están emparentadas con su deseo, sobre todo, de descargarse acerca de las responsabilidades de Delgado en aquella derrota

A su vez, el senador Sergio Botana, también de Alianza País, protestó porque Delgado necesitó de una “colectora” de votos para ganar –en alusión a que sumó voluntades con el sector D Centro- y no acató el mandato histórico de que “el que gana, gana”.

Espero que no caigan en desuso los acuerdos de honor de una época”, lanzó.

Como ya fue dicho, todo esto conspira contra la posibilidad de exhibir un partido lo más presentable posible para el retorno de Lacalle Pou a quien las partes enfrentadas no dudaron en saludar al grito de “¡presidente!”, cuando en la tan meneada convención le pidió a los suyos que no se olvidaran de que lo más importante para el Partido Nacional se juega en las elecciones de 2029, y no en estos escarceos previos.

“Después del 28 (día de la Convención) viene el 29. Y después viene el 29”, dijo señalando con su dedo la lejanía. Estos dichos representen tal vez el primer error político de Lacalle Pou desde que está en el llano. Su temprana mención a las lejanas elecciones mostró un apuro que fue aprovechado desde el Frente Amplio y hasta criticado dentro del Partido Nacional.

“Lo que tenemos que cuidar todos es que no vivamos en una permanente campaña. Creo que el país no soporta que estemos siempre en ese clima”, le respondió el presidente Yamandú Orsi.

Incluso el intendente nacionalista de Paysandú, Nicolás Olivera, criticó el apuro de Lacalle Pou y advirtió que el partido “no puede estar todos los días prendiéndole velas” al expresidente “para que llegue sano y salvo a la próxima elección”. “Me preocupa porque ganó por muy poco margen hace cinco años”, dijo el jefe comunal a Arriba Gente en una de las primeras críticas directas de un blanco contra el, hasta ahora, intocable líder blanco.

En la izquierda, los que esperaban que tras la elección del directorio los nacionalistas calmaran sus bríos opositores, quizás deban aguardar sentados. Los partidarios de la oposición “responsable” y los “combativos” tienen una presencia similar en el organismo y las futuras líneas de acción de los blancos no están nada claras.

La síntesis dependerá de la capacidad de Delgado y García para moderar sus expectativas. Y también, por supuesto, de lo que quiera Lacalle Pou y del estado de ánimo de un partido en el que, muchas veces, las vísceras le ganan la partida al cerebro.

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