Pero como el estudiante que va entendiendo cómo manejarse con los exámenes a medida que avanza su carrera, Drexler reconoce que con el paso de los discos, la cancha que tiene encima es otra. Y los nervios nunca se van, pero la motivación le gana. Sobre todo, como le pasa en el caso de la presentación de su cuarto disco solista, Caminar, cuando hay desafíos como volver a presentarse en solitario en un teatro por primera vez desde la pandemia, o cuando hay una apuesta diferente por la puesta en escena y el vestuario que derivan de que el show será filmado y editado posteriormente.
Antes de ese momento donde todo se pondrá sobre la mesa (el 12 de setiembre en la Sala Magnolio, entradas en Redtickets), Drexler conversó con El Observador sobre este disco que presentará en cuestión de días, sobre la importancia de darle a cada trabajo el tiempo que merece, y el nuevo acercamiento a su etapa con la banda Cursi.
Todas las noches salgo a caminar con mi perro, que me reclama esa salida nocturna. Escucho música en esas caminatas, es un momento de tranquilidad para pensar ideas.
¿Aparecen canciones en esas caminatas?
Muchísimas, muchísimas. Hay una que se llama Deriva nocturna, que es una colaboración con un artista de Brasil, con el que hicimos dos canciones. Esa habla de las caminatas nocturnas por la ciudad en otoño, con la vereda que es como un mantel color ocre, y ahí voy con mi perro, te invaden las musas, es todo un viaje. Así que muchas ideas siguen caminando.
Imagino que también es un momento para vos, tranquilo, donde estás contigo mismo de alguna manera.
Son modos de meditación que te ayudan a ordenar los pensamientos. Te permiten hasta ser más eficiente, porque es como que ponés en fase tu sistema neuronal, de alguna manera. Y lo hago mucho. Me doy cuenta que necesito momentos en el día para esas cosas. También nado bastante. Entrás como en un trance.
En tu carrera coexisten el cantautor con el artista más pop-rock, y Caminar es un disco en el que las dos facetas están representadas. ¿En algún momento se hizo difícil la coexistencia entre las dos vetas?
No, a mí no se me hace difícil, creo que se le hace más difícil al público, porque hay como una necesidad de encasillar o de ponerte en un casillero: esto es de raíz, esto es pop, esto es urbano y esto es de canción de autor. Me muevo naturalmente en esos puntos, o sea, yo agarro la guitarra y compongo y estoy en un contexto de canción de autor, de cantautores. Me muevo como un pez en el agua ahí, pero a la vez, mi primer instrumento fue el bajo eléctrico. Y desde ese instrumento pensás las canciones de una forma totalmente diferente, además de que es un instrumento que te lleva a tocar en banda. Entonces puedo moverme entre los dos mundos.
¿En qué se traduce la diferencia entre componer desde el bajo o desde la guitarra?
En Caminar hay un tema que se llama El dilema del nadador, que nace de un riff. Es el que define la canción, y sobre eso pasa la columna vertebral. Con el bajo diseñar las canciones a partir de riffs, que es un camino diferente al de diseñarla a partir de una melodía o de un texto. Son todas entradas diferentes al acto creativo, y según desde donde entres es como se definen las canciones. Son diferentes colores en el espectro, formas distintas de decir algo.
El año pasado grabaste de nuevo con tu excompañero en Cursi, Fabián Krut, en una colaboración con Agustín Ruete, y se han juntado a tocar de nuevo, por lo que contaste. ¿Estás en un proceso de reencuentro con Cursi?
Si, y es natural también. La banda nunca dejó de tocar formalmente, nunca paramos, fue más como un proceso de adormecimiento, que tuvo que ver con distintas cuestiones. Ahora nos volvimos a acercar con Fabián, volvieron también las ganas de componer, y se está dando ese acercamiento.
En este plan de mirar lo hecho hasta ahora, anunciaste la salida de un compilado con tus cuatro discos editados hasta ahora, ¿apareció la intención de reunir todo en una lógica de obra completa?
Si, y de valorar el elemento físico. En un momento en el que estamos en lo intangible está buenísimo eso también. Está buenísimo que tu disco salga y esté disponible en una plataforma para todo el mundo, pero también está muy bueno el objeto físico, y es como un poco retro. Yo soy diseñador gráfico, entonces disfruté muchísimo el adaptar los diseños para el formato físico, con sus fichas técnicas, con su información. Cada disco además tiene códigos QR con más datos, son como interfaces a más información que están ahí, hay muchos secretitos y regalitos en cada disco. Y la posibilidad de tener también un objeto que reúna y le dé una dimensión a tantos años de trabajo que a veces no la tenés si no la ves directamente. Me di cuenta que produzco mucho, compongo y grabo mucho, y a veces no le di el tiempo a la gente para poder digerirlo y verlo. Y no está mal a veces decirle “mirá que está esto, toda esta serie de discos”. Es muy del artista grabar algo y decir “ya me cansé de estas canciones”. ¡Pero si la gente ni las conoce! Uno tiene que ser responsable con su producto, y en eso también tiene que tener oficio. Decir: “bueno, sacaste este disco, ahora tenés que defenderlo”. No podés decir “ya no quiero más nada, ahora quiero otras canciones”, porque la gente no te puede seguir la cabeza. Tenés que reafirmarlo, presentarlo, compartirlo.
Respetar los tiempos.
Claro, elaborar los ciclos y darle a cada trabajo el lugar que merece. Un disco se merece su presentación, no ser encajonado. Tenés que tocarlo. Si no te estás autoboicoteando. Tenés que enfrentar la pereza y los miedos, porque cuando te tirás a hacer algo también te estás exponiendo. Y a veces te encontrás con gente que dice “yo prefiero tocar en festivales”. Está bárbaro, porque ahí está la gente, yo también lo hago. Pero si solo tocás en festivales o en fechas con otros artistas, no estás encarando lo que realmente te da miedo, que es exponerte a tocar y que vaya la gente que lo quiere ver, porque es lo que hay, lo que ves ahí. Quieren verte a vos y tus canciones. Y eso, a la larga, el público lo valora.
Me decías antes que venís de un contexto de cantautores, de una familia donde esa faceta está muy presente. ¿Cómo es el vínculo entre ustedes? ¿Se muestran canciones, se ayudan a destrabar esa composición que se frenó?
Si, todo el tiempo. Es constante ese círculo. Tengo todas las maquetas de temas de Jorge que no se pueden mostrar. Pero por ejemplo cuando compuso Desastres fabulosos con Mateo Sujatovich, Conociendo Rusia, nos juntábamos todo el día, me mostraba lo que había pensado, charlábamos. Y todo el tiempo nos mostramos lo que estamos haciendo y nos hacemos devoluciones, con la honestidad que te permite ser hermano. Con Daniel, que además fue mi primer profesor de guitarra, también. Tuve una canción, Yo confío en el dolor, que él me ayudó a destrabarla. Y nos cruzamos recomendaciones también, todo el tiempo.