1 de septiembre de 2026 5:00 hs

En los últimos once años, Gastón Pauls habló frente a, más o menos, un millón de personas. El número es estimado, pero no exagerado: el actor argentino cuenta alrededor de 900 charlas en esta "década larga" en la que abrazó la recuperación de su adicción a las drogas y sumó a su carrera en el espectáculo una pata de concientización frente a ellas: esa que intenta promover cada vez que se sube a un escenario.

Esa es la faceta que traerá nuevamente al protagonista de Nueve Reinas y Todos contra Juan a este lado del Río de la Plata, con dos charlas enmarcadas en el ciclo Sobre la marcha, y cuyos encuentros él tituló Espejos.

¿Quiénes somos cuando estamos solos? ¿Quiénes somos cuando nos miramos a los ojos en un espejo? ¿Quiénes somos cuando no tenemos que fingir? ¿Quiénes somos cuando no tenemos que actuar? ¿Quiénes somos cuando no nos disfrazamos? ¿Quiénes somos cuando nos animamos a mirarnos honesta y genuinamente a los ojos? ¿Quiénes somos para nosotros y quiénes somos para el mundo? ¿Nos animamos, o nos animaremos alguna vez, a ser lo que realmente somos y compartir eso con el resto del mundo?

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En esas preguntas pensó Pauls para darle forma e impulso a este encuentro sin guion, y que tendrán lugar el 10 y 12 de setiembre en el Teatro Metro de Montevideo y el Life Cinemas de Punta del Este, respectivamente. Las entradas para la primera están disponibles en RedTickets, y para la segunda en la boletería y la web del cine.

Sobre cómo se para frente al público para dar su testimonio, lo que implica haber pasado once años hablando de su historia y los coletazos que ve que el consumo genera hoy en los jóvenes, Pauls habló con El Observador. A continuación, un resumen de esa charla.

La charla que vas a dar tiene por título Espejos. ¿Qué tanto te costó mirarte a vos en el espejo para empezar a hablar del tema de las adicciones y demás?

Me costó un montón mirarme genuinamente a los ojos y de hecho todavía me cuesta. A veces me miro al espejo, pero me veo los pies, o cómo me queda el saco, la corbata, si está bien hecho el nudo, pero no tanto a los ojos, esquivo mi mirada. Así como también a veces le esquivo la mirada a alguien. Todavía me cuesta aceptarme como soy y a veces hasta me miento: no estoy bien, pero me miro al espejo, me peino y digo listo, a salir a la calle, que hay que enfrentar el mundo. Es un trabajo diario, hay momentos donde lo logro, hay momentos donde no puedo y ese es el gran desafío. Porque si por lo menos cuando esté ahí arriba del escenario durante una hora y media puedo ser genuino y no estar en personaje, que para un actor es un lugar sagrado, genial. Porque podría subirme al escenario y actuar, decir hola, ¿cómo les va? Tengo todo resuelto. Pero no, me interesa que en el escenario se puedan ver mis dudas y mis flaquezas, mis debilidades y algunos puntos que he encontrado sobre mí mismo.

Imagino que hubo un aprendizaje para subir al escenario sin la "armadura" del actor. Siendo, simplemente, una persona que tiene algo que decir.

Sí, hay algo interesante ahí. De alguna manera yo ya viví los dos lugares. En la primera etapa de mi vida fue el lugar del actor, haciendo teatro o delante de una cámara, actuando un personaje con esa "armadura" que te da. Que son también las máscaras del teatro: una que sonríe y una que llora. Ahora, lo atractivo es que la palabra persona también viene de máscara. Y acá además voy a hablar específicamente de eso, ¿no? De la verdad y la mentira, de la ficción en la realidad, en un mundo donde eso está todo el tiempo muy presente, donde ya de hecho no sabemos qué es lo real. Es un momento muy crítico para encarar ese tema, y arriba del escenario no le voy a esquivar el bulto.

Hablando de qué es real y qué no, hay una certeza: en estas instancias el encuentro con el otro sigue siendo real. ¿Cómo lo vivís?

Yo he dado cerca de 900 charlas en estos once años, y ese número da un promedio, más arriba o más abajo, de un millón de personas. Esas personas estuvieron ahí de verdad, no fueron un avatar, no fue la IA, todavía estos encuentros son eso, precisamente: encuentros. Con todo lo que eso significa, con todo el agradecimiento que yo tengo también para esa gente que salió de su casa y que se sienta sin saber bien qué es lo que le voy a decir. Porque eso es el encuentro, ¿no? La incertidumbre, el vértigo, y sobre todo me parece importante en estos momentos de tanta manipulación. Acá en Argentina hay una cerveza, la número uno del país, que tiene un eslogan que dice “el sabor del encuentro”, y de alguna manera te hacen creer a través de una publicidad que uno se encuentra consigo mismo o con otro a través de la cerveza. Yo creo que a esta altura no queda nada más que la mirada, ese es el vínculo real. Y si no tenés la suerte de tener vista, es el tacto, el olfato, el encuentro son esos sentidos que muchas veces están adormecidos. Por eso en una sala teatral hay algo del orden de los sentidos, lo espiritual y sentimental que se hace presente.

En los últimos años este tipo de encuentros con el público han estado relacionados con tu testimonio sobre las adicciones y en torno a la prevención del consumo de drogas. ¿En algún momento sentiste que ese foco desplazó tu faceta como actor? ¿Te cansaste de estar en ese lugar?

Es algo que yo elegí en un determinado momento de mi vida, y sabía los pros y los contras que tiene. A ver, cuando yo recibo, como recibí hoy, un mensaje de una persona que me dijo que lleva 90 días limpia y que puede abrazar a su hija por primera vez en cuatro años, ese es el aplauso más hermoso de todos, porque qué bueno que, así como alguien me ayudó a mí, pude pasar la antorcha y el mensaje para que otro adicto pueda salir de esa oscuridad que lo dañaba a él y a todo su círculo familiar, y por ende a la sociedad misma. Hay algo ahí que no tiene comparación. Y sí, es cierto que al darle durante un tiempo de mi vida mucha importancia y tiempo a eso, seguramente el otro lado, la otra parte de mi vida, va quedando en segundo plano. Pero fue elegido por mí, no me pone mal y tampoco me cansa. A veces me gusta salir de eso: el otro día fui a un círculo de creativos publicitarios y el 90% de lo que hablé fue sobre mi vida creativa. Lo que pasa que hoy esa vida tiene que ver con los dos mundos, con crear espacios de diálogo, además de con todo el lado de ficción y artístico. Entonces siento que en este espacio Sobre la marcha voy a ir a lo que aparezca. Si se hacen 80 preguntas y las 80 son sobre las adicciones, sobre la recuperación, bienvenido. Si se habla sobre Nueve Reinas, Todos contra Juan o cosas que he hecho en mi carrera, hermoso también. Yo estoy muy abierto y muy libre con eso.

¿Has notado algún cambio, en el curso de estas charlas, en torno a la relación de los jóvenes con las adicciones? Hoy, además, el mundo del consumo parece acompasar la hiperconexión y la ansiedad que genera la dependencia digital, entre otras cosas.

Cuando voy a un colegio a veces hablo frente a quinientos o mil chicos, y a veces doy charlas, como hace poco en Concordia, frente cinco mil chicos de todo Entre Ríos. Yo me sentía Mick Jagger pero, ¿cómo hago para que estos pibes de entre 13 y 18 años me escuchen? Sin embargo, no hubo un sonido en toda la hora y media que duró la charla, y me pasó lo mismo en Montevideo y en otras tantas. Creo que hay mucha necesidad de escuchar, de hablar sobre temas que tienen que ver con la a-dicción, con lo no dicho. Y cuando a esa a-dicción le pones dicción, estamos cortando una especie de inercia, porque hoy todo te invita a que consumas: redes sociales, vapeo, apuestas, porno, comida, ropa, operaciones estéticas, pastillitas para comer, para dormir, para tener relaciones, para no deprimirte, para deprimirte, tenés oferta para todo. Y creo que lo que está ocurriendo es que, lamentablemente, muchos pibes y pibas jóvenes están cayendo en esa porque no tienen otra versión de los hechos. En el Mundial el 99% de las publicidades eran sobre casas de apuestas, y las que no eran de eso eran de cervezas. Esas publicidades están hechas por adultos recontra irresponsables. ¿No tenés algo mejor para vender, no podés promocionar otro tipo de vida, de verdad? ¿Tan adictos al dinero y al poder somos los adultos que necesitamos transmitir e inocular toda esa mierda a los jóvenes? Creo que los pibes y pibas jóvenes están muy necesitados. Las devoluciones en las charlas eran loco, gracias, qué bueno, necesitaba esto, tengo un amigo que consume, mi vieja consume, mi padre consume, yo probé y tengo miedo y no sabía cómo hablar. Hay mucha necesidad, y cuando aparece esa oferta, ese espacio de encuentro, el alivio es grande.

¿Qué lugar ha tenido la ficción en los últimos años para vos? Lo último que vimos, por ejemplo, fue la serie Barrabrava.

Hoy elijo hacer muy poca ficción. Lo último que hice en serie fue Barrabrava, sí, ahí en Uruguay, que fue un enorme placer y el resultado es buenísimo, estoy muy orgulloso. Pero me pasa que no tengo ganas de hacer cualquier cosa. Me ofrecen trabajos y digo, no gracias, y no por exquisito, sino porque tengo ganas de hacer cosas que me expresen y que yo sienta que algo más están dejando, que no sean solo una diversión pasajera, livianita. La ficción ocupa un rol muy sagrado para mí, porque muchas veces a través de ella podemos decir cosas que tristemente no se están pudiendo decir en el mundo real. La ficción es el amplificador de las voces que no se están escuchando. Y ocurrió durante las guerras, los gobiernos militares, con las desapariciones. Aun así, y es una decisión personal que ojalá me acompañe el poder superior, tengo ganas de volver a hacer algunas cosas. Estoy empezando a trabajar en un libro mío, escribiendo una película que quiero dirigir, y tengo dos proyectos cinematográficos, y una obra de teatro además. Así que estoy ahí, en movimiento.

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